No puedes conectar todos los puntos mirando hacia delante, solo los puedes conectar mirando hacia atrás. Solo tienes que confiar en que los puntos se van a conectar de alguna forma en el futuro. Tienes que confiar en algo: tu suerte, tu destino, tu vida, tu karma, lo que sea. Este enfoque nunca de ha abandonado, y es lo que ha hecho toda la diferencia en mi vida. Steve Jobs. Discurso de apertura en Stanford, Junio 2005.

Esta frase resonó fuerte cuando la escuché. Fue la respuesta a una situación constante que me ocurría.

A veces uno escucha frases como ésta y algo cambia.

Muchas de las decisiones que he tomado en un momento dado han sido tras hacerme la pregunta “¿merecerá la pena?” o bien “¿más adelante me aportará algo de verdad?” .

Y siempre he buscado el lado práctico de las cosas centrándome en el aspecto de “la utilidad” por encima del de la entrega a algo con total pasión, independientemente del fin.

De joven quería ser piloto. No uno de los de pacotilla, sino de los que viajan a islas remotas y conocen a mujeres hermosas. No me culpo, en aquel momento era lo apropiado.

Decidí elegir una carrera que me acercara a esa meta de altura, ya que no me podía pagar los estudios de piloto. Elegí ingeniería aeronáutica. Ingenuo de mi, una de las carreras más complicadas que pueden existir. La terminé al completo. Dejé la idea de piloto, no me llenaba. Decidí entonces intentar trabajar en ese tema y al menos lo conseguí. Estuve en Airbus durante años en el extranjero y decidí finalmente abandonar. No me llenaba. Mas adelante volví a la ingeniería en otro (supuestamente) buen trabajo. Tampoco me llenaba. En el camino aprendí lo único interesante: dos idiomas.

Mientras tanto he ido cambiando cosas y dando giros inesperados. Incluso haciendo temas totalmente remotos como convertirme en pintor artístico, a lo que me entregué durante más de 15 años. Nunca he conseguido unir los puntos del trabajo “estandard” y el trabajo de pintor. Fue un quiero-y-no-puedo y una frustración constante.

Decidí abandonar la pintura al ver que no conseguía integrarla con el resto de mi vida. Esto ocurrió no hace mucho.

Me embarqué entonces en el estudio de mi cuarto idioma, lo hice sin metas, por placer. La mejor idea que pude tener. Al cabo de tres años decidí dejarlo.

Más adelante me he embarcado en otros proyectos como negocios online e incluso vender mis propios libros de pintura. También lo he dejado. No he conseguido mantener el impulso inicial y vivir el presente sin expectativas. Así que seguí con mi trabajo “estandard” que hago bien, pero no me llena.

Pero han existido muchas veces en las que, inexplicablemente, las huellas trazadas se han unido. El destino me ha regalado puntos conectados que encajaban de una forma sorprendente.

La vida son esos puntos que vamos dejando en el camino y quizás su huella depende de la energía que invertimos. Hay que confiar que en algún momento se unirán. Mientras tanto parece que lo único que merece la pena es disfrutar el camino incluso aunque no veamos un fin inmediato. Hay que intentar entregarse del todo, no hay otra forma para ser feliz. Así ha sido cada vez que lo he conseguido.