comillasSueña como si fueras a vivir siempre. Vive como su fueras a morir hoy.
James Dean

 

Una de las formas de crear la realidad que nos rodea es cambiar el estado mental de cada momento.

Es increíble los efectos que tiene el hecho de reflexionar en la muerte, en la realidad que a todos nos toca tarde o temprano.

El truco es hacerlo desde una perspectiva de observador.

Imagina que no estás más aquí, que no tengas que poner más la alarma, ni desayunar, ni enfrentarte al tráfico de cada mañana, ni a la angustia de lo que te puede pasar en el trabajo.

Todo lo que te pueda ocurrir se convierte en trivial, sin importancia.

Los problemas financieros se convierten en algo irreal, lo mismo con las discusiones con la pareja y las injusticias que nos tocan.

Coloca delante de ti ese espejo. Mira y observa todo lo que te rodea como si ya no fueras el actor principal, como si estuvieras mirando una película en la que las escenas van pasando… y tu ya nos estuvieras ahí. Pregúntate “¿quién soy yo realmente, qué es la realidad?”

Desde esa perspectiva las cosas adquieren una nueva realidad, un color distinto. Una nueva dimensión en la que las quejas, problemas y temores se hacen ridículos, y en el que las pequeñas cosas que de verdad importan se hacen luminosas.

Merece la pena hacer una meditación corta pensando en esta realidad.

Este filtro de color se multiplica si además disfrutamos del camino de cada meta, de cada sueño. Viviendo de forma que damos lo máximo en cada momento -sabiendo que en cada momento tendremos una energía distinta-.

Haz una parada en el día. Deja todo y busca un metro cuadrado de paz.

Da igual el lugar. No hay excusa para encontrar 10 minutos. Respira. Observa. Siente.

Quizás ese filtro de color consigas mantenerlo durante un minuto.

Es posible que la próxima vez sean dos. Repítelo durante treinta días y habrás conquistado el hábito.

Cinco minutos delante de ese espejo son suficientes para cambiar tu realidad de cualquier experiencia que te ocurra durante el día.