He estado dos semanas intensas de trabajo atravesando medio mundo. Primero en San Francisco y después en Shanghai. Una vez mas he comprobado que no existe mejor método para aprender y conocernos mas a nosotros mismos que viajar para matar prejuicios y rodearnos de personas que tienen otra forma de pensar.

Soy afortunado de haber tenido la suerte de viajar. Algo he ido aprendiendo a lo largo de los años que quiero compartir.

  • Los prejuicios acerca de las personas, incluso de una cultura al completo se desmoronan cuando conocemos cara a cara a aquellos de los que en un día nos formamos una opinión equivocada.

En China he conocido cara a cara a personas con las que ya tenia relación en la distancia por mi trabajo. He aprendido la enorme diferencia que existe entre la imagen que formamos acerca de alguien en nuestra mente y cómo es en la realidad.

  • Nuestra mente es como un director de cine sin control creando películas e imaginando conclusiones equivocadas. Somos máquinas de crear historias, lo necesitamos para justificar nuestra experiencia adquirida, nuestros preceptos aprendidos. Juzgamos y creamos aquello que realmente no conocemos de forma automática.

También nos hacemos daño a nosotros mismos con esas mismas películas.

  • Nos separa el velo que nos trajo la experiencia del país en el que crecimos. Fue una casualidad. Yo nací en España, y de forma contraria a mi voluntad, adquirí una carga de experiencia buena y otra mala de la cultura de mi sociedad. Simplemente por el hecho de estar allí
Somos iguales. Somos distintos
  • Como todos nosotros, cargo la losa de imposiciones, preceptos y creencias con las que nuestra mente ha sido programada en su disco duro. Igualmente, es casualidad. Gran parte de lo que sé y la forma como miro al mundo se debe a lo que he aprendido al estado expuesto a una cultura determinada
Viajar y leer es la única forma de romper esa losa, es la única forma para ser más libres.