En las últimas semanas he estado haciendo un ejercicio de deshacer, no es sencillo explicarlo pero trataré de dar algunas pinceladas. En general lo que casi siempre hago es justo lo contrario: involucrarme en más actividades, tener más necesidades y meterme en más complicaciones, más quehaceres, buscar más conocimiento, hacer más cursos, más horas de trabajo, acumular por si acaso algún día es necesario, prever para el futuro y planear. El único motivo por el que hago todo eso se debe a la necesidad de controlar y de preservar el más fuerte de los hábitos: el yo, la supervivencia, el ego.

He estado leyendo, re-leyendo cosas que ya sabía y había olvidado, y también tratando de ir a la fuente original en lugar de quedarme en los sucedáneos a los que todos tenemos más fácil acceso.

Es muy sencillo quedarnos con esos productos derivados que llaman tanto la atención porque están azucarados, son sencillos de entender y -quizás más importante- los medios de comunicación nos hacen creer que su popularidad se debe a su calidad y novedad. Cuando los analizamos a fondo llegamos a darnos cuenta que todo eso viene de otro lado, mucho más importante, y mucho más auténtico. No quiero decir que no tengan valor, simplemente afirmo que lo que cuentan no son el origen sino una ‘re-reinterpretación’.

Después de dejar caer multitud de ideas y de dejar de lado sucedáneos (alguno de ellos al menos sirve para apuntar hacia la fuente original) he ido tirando lastre cada vez más y más. En paralelo he tenido que dejar de escribir en la web porque las obligaciones (trabajo) junto con la necesidad de desconectar de casi todo, eran más importantes. Pero no ha sido en balde.

La idea original de esta web se mantiene en este artículo: casi todo está ya escrito, pero es muy difícil acceder a ello y dar además el paso siguiente: aplicarlo en el día a día. La encrucijada entre lo que sabemos (lo que está escrito desde hace siglos) y cómo podemos aplicarlo en el día a día (obligaciones, miserias, alegrías) es lo que más me interesa. Todo lo demás es algo así como un caramelo que se deshace.

Es relativamente fácil mantenernos en un estado de bienestar intenso que ocurre durante la meditación u otra práctica, pero al salir de él y vivir el resto de sucesos, responsabilidades, conflictos, se hace mucho más difícil mantenernos en él. Yo fallo en este intento una y otra vez y al menos creo que he llegado a identificar el único campo de pruebas que me interesa: toda filosofía, creencia o práctica que no pase la prueba del día a día, no sirve.

Me mantengo al igual que muchas personas en un círculo que gira y gira y parece que puede llegar a converger hacia un centro, pero luego se escapa y sigue girando hacia afuera para volver a converger de nuevo temporalmente.

Una y otra vez tirando lastre y buscando he llegado a muchas cosas para las que no tengo adjetivo ni palabras para describir, y porque su efecto no ha hecho nada más que empezar. Todo llegó tras ‘encontrarme’ con Ramana Maharsi, Nisargadatta Maharaj y buscar más allá en la filosofía de hace más de 3000 años de los Vedas y los Upanishads(wiki) -y tras haber leído decenas y decenas de libros-. Todo está escrito, solo cambia la multitud de formas de explicarlo y llevarlo al día a día. Me gustaría algún día traducir al español un texto que resume lo más importante de una de esas formas de interpretar los Upanishads: Advaita Vedanta(wiki), y que es mucho más valioso que una simple introducción. Este texto al que me refiero es un breve ‘panfleto’ escrito hace unos 60 años por Sri Ramana Maharsi llamado ‘¿Quien soy yo?’ y una particular método para dar respuesta a la pregunta más básica. Esta pequeña introducción está brillantemente explicada por David Godman, que vivió in-situ y pasó a texto las enseñanzas de Ramana. Aquí incluyo el enlace a este texto que lo resume todo.