Hacia tiempo que no observaba el cielo, y hoy sin avisarme la noche me regaló una estrella fugaz. Fue nada más alzar la mirada, como si estuviera aguardando sorprenderme. Surgió furtivamente escondida tras la luna de Noviembre, y ese segundo me enseñó más que muchos de los libros que he tratado de leer.

En vano seguí rastreando el cielo en busca de su hermana, pero no se presentó a esta breve cita a ciegas. Sería una casualidad, o quizás simplemente una señal. Me trajo a la mente aquellos momentos en los que sentía que estaba por encima del suelo, como si estuviera conectado con algo mayor.

Las estrellas dejaron de aparecer por años. Y llegué a olvidar su lugar y su sentido. La vida nos atrapa engullendo nuestros sueños y haciéndonos creer que estamos cada vez más cerca de ellos, cuando no hemos parado de alejarnos.

Mirar al cielo te hace recordar muchas cosas, como que vivimos en un planeta que gira en medio de la nada, en un sistema solar que simplemente está el brazo de una galaxia, junto a infinidad de galaxias conocidas y rodeada de muchas otras a las cuales nunca podremos adivinar.

La noche también nos enseña que muchos de esos puntos de luz que vemos son ilusiones, son estrellas que han muerto hace ya miles de años y que a esa distancia su luz tarda años en llegar, haciéndonos creer que vemos una estrella real.

¿Cuantas de ellas existirán realmente en el momento de observarlas?

¿Qué es realidad y qué es una ilusión?

¿Y quienes somos y qué importancia tiene todo cuando lo vemos desde esa escala?

Pienso las pequeñeces que me han hecho perder la paciencia estos días y las coloco en esta balanza.

De forma automática se me dibuja una sonrisa mezcla de amargura por caer una y otra vez en la trampa, y de felicidad por esta breve lucidez.

Aún nos aferramos a todo lo que nos rodea, nos perdemos en la experiencia una y otra vez.

Hay pequeños flashes en los que conseguimos escaparnos con la meditación, o bien contemplando la noche. Pero aún son momentos, como esa estrella que arañó el cielo.

Ojalá llegue el día en que se prolonguen esos intervalos y entonces las preocupaciones, estrés y las pequeñeces se coloquen en el lugar que deben.

La experiencia cambia drásticamente cuando la observamos desde la escala adecuada, la real !

Para ello la única solución es controlar el enfoque de la consciencia, tratar de no aferrarme.

Suena fácil, pero es un enorme reto en el cual fracaso una y otra vez. Todo sería más fácil si recordamos que solo somos polvo de estrellas. Pero la mente es débil, y la noche oscura.