Recuerdo a mi padre cuando llegó del trabajo aquella tarde con su traje y corbata. Yo tendría unos siete años y como cualquier niño absorbía y copiaba lo que veía a los mayores, especialmente si eran mis padres. Ese día se me quedó grabado aunque todo parecía habitual. Esta vez entró a casa con una sonrisa especial y con ganas de contarme algo. Consigo cargaba un aparato que nos cambiaría la vida a todos y quizás pesaba quince kilos. Me lo mostró y cacharreamos con él. Me contó que su empresa tenía que venderlo a otras y que con ese aparato no harían falta más cables para hablar por teléfono. Era uno de los primeros teléfonos móviles.

Es uno de los muchos recuerdos que tengo de su trabajo. Permaneció en la misma ocupación durante una década, incluso creo que debió ser en la misma oficina. Recibía una merecida cesta de navidad todos los años y ocurrieron pocos cambios, quizás dos o tres hasta su jubilación.

Mis padres me han transmitido la importancia de la seguridad de tener un trabajo estable, el prosperar sin cambios bruscos y subir lentamente por la escalera que otros han colocado estratégicamente para que los elegidos lleguen a lo alto.

Era lo normal y el modelo que correspondía para su época. En aquel entonces todavía no existía Internet ni los brutales cambios laborales que han ocurrido desde apenas el año 2004.

También era normal estudiar una carrera sin salir de mi país y tratar de obtener todos los títulos posibles para que aumenten las probabilidades de ser contratado. Pocos salían al extranjero a trabajar y los idiomas se consideraban solamente “un plus”.

La seguridad que nuestros nuestros padres persiguieron ya no existe. Estamos inmersos en otro modelo de vida y de trabajo en el que pocas personas pueden mantenerse seguras haciendo lo mismo durante años.

Este choque se podría quedar como uno más de los “cambios generacionales” que simplemente evolucionan y se acaban asimilando, pero en este caso particular no es así. En todo esto hay un elemento que hace mucho daño y que es muy difícil cambiar: ha quedado programado en mi cabeza desde niño afectando a un filtro que nos hace vivir al 5%: las ataduras a la seguridad.

El lavado de cerebro de la sociedad (padres, amigos, televisión, entorno, etc) me ha conducido a depender de la seguridad. No pudo ser de otra forma: al principio era demasiado joven como para poder elegir, después no tuve la suerte de conocer a personas con formas de pensar “no estándar” para la época, ni tampoco tuve acceso a leer los libros adecuados [1] con los que seguramente algo habría cambiado.[2]

El entorno que nos rodea nos ha inculcado ideas y patrones que ya no sirven. Ocurrieron en momentos en los que no teníamos ninguna capacidad para elegir entre aceptar o descartar -hasta los 10 años estamos prácticamente indefensos en ese tipo de elecciones- y debido a esto nos hemos contaminado con decenas y decenas de adicciones mentales en cuyo nivel más bajo están justo las relacionadas con la seguridad.[3]

Es ahora cuando tengo perspectiva y me doy cuenta de cuántos errores cometí por culpa de quedar atrapado en el sistema. Únicamente ahora puedo contarlo.  [Otra historia personal sobre este tema en Persiguiendo la seguridad]

Esta no es una lista exhaustiva, la he dejado salir rápidamente que las ideas no sean contaminadas por mi censor mental, por ello son espontáneas y sin orden. También por eso son más válidas. Son pequeñas cosas en las que se puede romper una parte de adicción a la seguridad y que me están sirviendo de verdad [4]. Quizás a ti no te resulten útiles todas, o quizás si. Pero alguna de ellas puede significar un cambio importante. Para mi lo han sido.

Pequeñas cosas que aumentan mi calidad de vida más allá de la seguridad

  • Deshacerme de cosas. Vender, regalar, dejar de acumular. Nunca más un “lo guardo por si acaso algún día me sirve”.
  • Simplificar mi vida.
  • Simplificar las elecciones.
  • Poner el mayor número de acciones repetitivas en piloto automático, incluso pagando
  • Dejar las redes sociales [5]
  • Ser independiente de las opiniones de otros.
  • Tener el valor de usar mi “yo raro” y dejar salir mi creatividad. Confiar que es la única forma de aportar algo valioso. Igualmente -y especialmente- en el trabajo.
  • Solo consigo aquello en lo que logro un alto enfoque. Eliminar distracciones. Apagar las notificaciones en el móvil -todas- incluido Whatsapp.
  • Cultivar la atención
  • Aumentar al máximo mi productividad y eficacia, con el objeto de ganar tiempo al día y usarlo para lo que yo quiera
  • Valorar más los momentos de ocio e incluirlos en la agenda, como una actividad más entre las importantes. La adicción a la seguridad me dirá que estoy quitando tiempo a las obligaciones. No escuchar.
  • Movilidad, buscar la capacidad para actuar desde cualquier lugar. Dejar de lado el temor a cambiar de lugar
  • Cambiar, reinventar. Romper el status-quo. Buscar nuevas formas de hacer las cosas.
  • Salir del cubículo [6], no temer a salir de la manada
  • Elegir los amigos. Aceptar que van y vienen, no temer perderlos
  • Decir NO muchas veces al día. No temer el rechazo ni quedar mal.
  • Cambiar de trabajo si no soy feliz, aceptar el miedo a equivocarme[7] pero nunca quedarme atrapado por seguridad
  • Meditar. Da visión y claridad. Acerca a lo real y quita filtros. Ayuda a alejarme de la necesidad de seguridad

  1. Ahora consulto entre miles y miles de libros en Amazon, comparo entre decenas de opiniones de compradores, leo críticas y después bajo el libro que quiero en el iPad en unos 10 segundos. Hace unos pocos años esto no existía.  ↩
  2. He creado una sección de libros y recursos que a mi me han servido.  ↩
  3. De nuevo aquí dejo el enlace para descargar gratis Handbook to Higher Consciousness, un libro que trata sobre estas adicciones mentales con las que vivimos al 5%. Se dejó de publicar hace años, espero el difunto autor me de su aprobación. No he encontrado otro libro tan bien estructurado y práctico para tratar un tema tan complejo.  ↩
  4. Los hábitos adquiridos hacia la seguridad son tan fuertes en mi que necesitaría miles de acciones para poner en marcha. Estoy lleno de mierda hasta el cuello. Lo interesante es que unos pequeños cambios llevan a otros, y mover ficha activa recursos que creía no relacionados entre sí. Pequeños cambios sumados son posibles y se notan enseguida.  ↩
  5. Además del lado personal, también estoy dejando al máximo las redes sociales en esta web limitándome ya a muy pocas. He borrado todos los “amigos” de Facebook.  ↩
  6. Ya salí del cubículo al menos en cuanto al lugar físico. Hoy sigo sin ser independiente y trabajo para una corporación, pero afortunadamente no tengo que estar en una oficina… al menos por ahora.  ↩
  7. Me he equivocado muchas veces, pero tiempo después las he podido ver como algo esencial para encontrar un camino. En ese momento no me daba cuenta, la perspectiva solo aparece años después!  ↩