comillasCualquier persona puede ser el escultor de su propia mente. Santiago Ramón y Cajal

 

Debían ser las 8 de la tarde y entré en aquel bar repleto de gente. A mi lado había dos chicas que debían tener unos 30 años, estaban una frente a la otra y juntas en la misma mesa. Las separaban un par de platos vacíos. En lugar de hablar entre ellas mientras llegaba la comida se entretenían con algo bien distinto. Hipnotizadas con su teléfono chateaban o miraban lo que hacían sus amigos en Facebook… Miré al cabo de un rato y ahí seguían. Me llamó la atención comprobar que ni se miraban entre ellas después de un largo rato. Tenían el teléfono agarrado una enfrente de la otra, de forma que propio aparato impedía su contacto visual.

¿Sería una moda? me pregunté

Luego miré en la barra del bar. Había un hombre solo, sentado al lado de una copa. Podría estar esperando a alguien, o puede que ahogara sus penas con aquel ron Zacapa. El caso es que estaba tan centrado mirando su iPhone que parecía no darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor. No levantó la cabeza ni al pasar a su lado una camarera a la que todo el bar persiguió con la mirada.

Alguien podría decir que el teléfono se ha convertido en un vicio. Lo hemos oído todos, ¿verdad?

No estoy de acuerdo.

Hay algo por debajo que va mucho más allá y que nada tiene que ver con el teléfono. Y las consecuencias de no tenerlo en cuenta son desastrosas.

Nuestra capacidad para dedicarnos de forma consciente a una tarea es una gran parte lo lo que nos define como seres humanos. A diferencia de otras especies, podemos aislarnos del exterior y viajar mentalmente hacia el pasado, el futuro, o simplemente sentir el momento presente.

También podemos inventar asombrosos mundos lejanos que nunca han existido, imaginar batallas épicas y llenar la mente de preocupación y limitaciones inventadas.

Y también podemos llenarla de pensamientos agradables y crear sensaciones increíbles. Es nuestra elección cuando nos quedamos a solas con la mente. Podemos dejarla vagar sin rumbo o dirigirla hacia un lugar.

Un estudio publicado en la revista Science muestra una conclusión sorprendente:

Al ser humano le es sorprendentemente difícil pensar a solas de una forma que produzca bienestar interno incluso en ausencia de factores externos que pudieran distraer. De hecho preferimos aplicarnos una descarga eléctrica desagradable únicamente para evitar quedarnos a solas con el pensamiento.

En vista de los experimentos que ya se han hecho y que demuestran lo difícil que resulta “quedarse pensando a solas”, en este estudio se les ocurrió is más allá: ¿qué pasaría si a los pacientes se les diera la oportunidad de aplicarse una estimulación desagradable como una descarga eléctrica para “tener algo que hacer” en lugar de quedarse a solas durante 15 min con sus pensamientos?.

Antes de empezar, a los pacientes se les administró inicialmente la descarga eléctrica y luego se les preguntó cuánto pagarían para evitar que se les aplicara otra vez. La mayoría aceptó pagar para evitar otra descarga similar.

Después se les pidió que se quedaran solos con sus pensamientos durante 15 minutos y si querían podrían pulsar un botón para sentir la misma descarga. Se les explicó que el objetivo era únicamente quedarse con sus pensamientos, sin más distracciones y la descarga era algo totalmente opcional.

La mayoría de los pacientes eligió aplicarse la descarga: 67% de los hombres se la aplicaron al menos una vez, frente a un 25% de las mujeres. Lo increible es que estos números solo cuentan a aquellas personas que habían declarado antes del experimento que pagarían para evitar la descarga.

Sorprende lo complicado que resulta quedarnos solos con nuestros pensamientos incluso durante un rato breve. Resulta ser algo tan difícil, que preferimos recibir una descarga eléctrica desagradable incluso habiendo decidido pagar para no sentirla nunca más.

Esta investigación demostró lo difícil que resulta controlar la mente, y particularmente el dirigirla a pensamientos placenteros y mantenerla en ellos.

Estudios similares muestran que la meditación ha demostrado ser la técnica que mejor funciona para aumentar el control sobre nuestros pensamientos.

Sin un entrenamiento y un hábito en meditación, las personas prefieren “hacer” a “pensar”. Incluso hacer algo que resulta desagradable antes que pensar, como demuestra este experimento.

Está claro que la mayoría no nos gusta quedarnos a solas con la mente.

Si usamos el sentido común -fuera de psicología, religión o cualquier creencia- todos tenemos claro que para resolver un problema lo mejor es ponerlo encima de la mesa. Dicho de otra forma: hay muy poca probabilidad mejorar en algo sobre lo que no nos queremos enfocar. Estámos de acuerdo?

Y aplicándolo a uno mismo:

¿cómo vamos a vencer nuestras limitaciones, nuestros miedos y falsas creencias si no somos capaces de pensar a solas? ¿No debería ser el primer paso? ¿No es necesario quedarnos a solas y pensar para ponerlos encima de la mesa y comenzar a cambiarlos?

Recuerda, es una elección. Podemos dejar a la mente vagar sin rumbo o dirigirla hacia un lugar provechoso.

Si no podemos… al menos siempre nos quedará el iPhone.

 

 

Photo Credit: Stephan Geyer via Compfight cc