Son las 8:32am. Tras una fuerte tormenta tropical durante el día de ayer amanece un bonito día con sol y mucha calma, apenas se mueven las olas en la costa. Ayer fue sábado de comida con amigos y hoy me gustaría dedicarlo a escribir y hacer ejercicio. El resto ya se irá acoplando poco a poco, sin prisa. Nada parece que pueda ser mejor y todo apunta a que será un gran día de domingo.

Pero ocurre algo que me altera nada más levantarme. No es fuerte, pero sí cambia mi ánimo al instante y empaña a lo que sucederá después.

En el momento de despertarme, el tiempo que transcurre desde que vuelvo a ser consciente hasta que tengo el café entre las manos es uno de los más interesantes del día.

Durante esos 10 minutos la mente pasa del mundo del subconsciente en la que he estado expuesto a mis miedos, frustraciones, obsesiones, temores del pasado y de repente toma las riendas la mente consciente. Es un tiempo corto, pero suficiente para que podamos darnos cuenta de todo aquello que nos tormenta y produce malestar.

El informe que presenté el jueves con una fecha límite que debí cambiar, la llamada de ese cliente que pretendía amenazarme, la estrategia de mi empresa que puede llegar a hacer tambalear mis esfuerzos, aquella frase que no debí decir a mi padre, qué propósito tiene este trabajo en el que me estoy pudriendo, el ambiente tóxico que me rodea en la oficina y que tolero sin ver las consecuencias, porqué me quedo atrapado en esta relación en la que hace años que dejé de sentir nada… todo aparece de repente como si fuera el trailer de una película sin editar, sin censura, sin jueces.

Algunos de esos mensajes son simples, sin importancia y quizás no merecen la pena. Otros sin embargo nos marcan la dirección de un camino al que debemos de prestar atención, porque algo serio está ocurriendo.

En ese pequeño intervalo aparecen señales que quizás representan uno de los momentos más interesantes de observar durante el día. Nos ocurre a todos, y casi siempre lo dejamos de lado sin darles importancia, sabiendo que tras el desayuno ese diálogo se habrá apagado y usaremos nuestra actividad como una droga con la que ya no necesitaremos enfrentarnos a lo que de verdad importa.

Ese trailer interno coincide con la realidad de nuestro estado mental, de nuestra vida más allá de cómo nos gustaría controlarla.

Al despertar, obsérvate y deja que aparezca ese lenguaje interno. Préstale atención. Son señales que nos sirven para enfocarnos en temas que de verdad nos afectan y que a veces pasan desapercibidos.

Nada mejor que escribir en un diario y registrar esas señales sin pretender volver a leerlas ni pensando en el estilo ni en el orden, deja a un lado la forma e incluso la ortografía, deja que surjan a trompicones y anótalos. Hazlo como forma de descargar. Los beneficios de hacerlo de forma regular son muchos y se notan en un corto tiempo.