Escribes primordialmente para darte gusto a ti mismo, si lo haces disfrutando entonces automáticamente lo apreciarán los lectores a quienes merece la pena dirigirte y escribir.
– William Zinsser

El llegar a tener mi voz es una de mis obsesiones. Cuando me dedicaba a la pintura me ocurrió lo mismo, durante más de cinco años estuve copiando, imitando y tratando de aprender. Pero durante ese camino no tuve voz propia. Tardé aproximadamente diez años para comenzar a crear con mi voz. Es importante imitar durante un tiempo, pero pronto hay que dejar de imitar a tus héroes.

Es indudable que incluso cuando llegamos a tener voz no es 100% “nuestra” sino que se ha curtido gracias a otros, incorporada y matizada de mil maneras a nuestro antojo.

Podemos aplicar este concepto en el trabajo.

¿Para quién trabajo?

Decir que trabajo para mi jefe es estúpido. No lo hago por él, ni tampoco por mi empresa. Vendo mi tiempo para otros y consigo un salario que me permite hacer lo que de verdad me gusta. Pero no trabajo para otros realmente.

Cuando de verdad he estado satisfecho con lo que he hecho siempre ha coincidido con haber dejado mi huella, mi yo, mi estilo, mi voz… es decir cuando he trabajado para mi.

A partir de ahora cuando tenga dudas creo que voy a formularme esta afirmación:

No preguntes quién es tu audiencia… tu eres la audiencia.