Somos los escultores de nuestra vida. Podemos moldearla creativamente en una gran obra maestra. Controlamos la cantidad de humedad con la que mezclamos la arcilla. Le damos forma, la acariciamos, la golpeamos, la amamos. Otros nos dan sus opiniones y ganamos nuevas perspectivas desde su consejo, pero finalmente será nuestra propia creación. Nuestro cuchillo puede resbalarse momentáneamente, o la mezcla con la arcilla puede ser demasiado dura. Todo artista sufre contratiempos. Pero hay que recordar que las imperfecciones en el arte a menudo lo convierten en algo mucho más interesante. Desconocido

Siempre es posible romper una parte de las limitaciones del ambiente, del cuerpo, de lo que nos ha tocado. Al menos parcialmente. Tenemos elecciones múltiples incluso en medio de nuestras miserias momentáneas.

¿Porqué no tomar la vida como un campo de entrenamiento, como si todo lo que sucede fuera una posibilidad de crear y moldearla a nuestra voluntad?

Es curioso, pero creo que lo que más hace la diferencia es la atención, el ser conscientes de la experiencia en lugar de perdernos en ella. Yo he pasado la mayor parte de mi vida en piloto automático, repitiendo patrones y acciones aprendidas, dando respuestas a situaciones que venían de experiencias anteriores, y con limitaciones que también me había creado anteriormente como respuesta emocional a sucesos del pasado. Mi mente consciente en su incesante maquinar me limita mucho más que ayuda. Tenemos una herramienta increíble que en lugar de utilizarla a nuestro antojo, ella nos controla.

Dedicamos muy tiempo a modelar esa mezcla de arcilla que podemos transformar y en lugar de ello nos dejamos llevar por autolimitaciones y patrones de respuesta que el entorno nos ha enseñado. Para colmo el 90% de lo que pensamos es una charla inútil y sin sentido que hace gastar una cantidad enorme de energía.

Durante el día yo me dejo absorber por pensamientos que me dominan una y otra vez. Me asaltan las dudas, la preocupación, el estrés. Y sin embargo parece que puede tener cierto sentido llegar a preocuparnos cuando realmente nos enfrentamos a dificultades y desafíos, ¿verdad? Pero también te das cuenta que la mente crea problemas y situaciones imaginarias donde no las hay: anticipamos problemas que no existen, situaciones que podrían ser, creamos monstruos que nos afectan igualmente.

La repetición de esos miedos crea un patrón que se activa y nos atrapa. Si se llega a convertir algo habitual se hace dañino y la mente lo vive exactamente igual que si estuviera sucediendo realmente. El cuerpo también reacciona y responde a esa carga de miedo y estrés.

Es un total secuestro de la mente en lugar de utilizarla poniéndola a mi servicio. Es difícil dominarla y evitar que nos atrape, pero se puede. Al menos así lo afirman tantas personas que lo han conseguido ya. Una de las vías que aparecen una y otra vez mencionadas por esos maestros es la meditación como el arma para entrenar la atención y silenciar esa voz que tanto nos limita.

Durante el día de hoy me voy a poner como meta salir del aferramiento a pensamientos, miedos y limitaciones en medio de mi trabajo, integrándolo con mis obligaciones. Lo voy a hacer al menos cuatro veces en forma de mini-meditaciones, siendo consciente para salir de ese aferramiento momentáneo. Me situaré como observador sentándome en mi consciencia y tratando de afinar la herramienta con la que moldeamos la vida. Da igual que sean momentos breves y que lo haga interrumpiendo mi trabajo en la oficina. Esto es justo la meditación mindfulness o Vipassana.

El objetivo es repetirlos una y otra vez para que se creen grabados esos circuitos neuronales que llamamos hábitos, esa será la gran conquista. Pero todo comienza con pequeños retos como este que me he propuesto.

¿Te apuntas?