Estoy en un hotel de Bogotá, ayer noche tuve la suerte de estar en un brutal concierto de jazz con unos amigos. Uno de ellos es músico y tuvimos varias conversaciones interesantes haciendo un repaso desde los discos de Davies en Blue Note pasando por Michel Camilo y llegando a Dee Dee Bridgewater.

Admiro a los músicos, suelen ser gente con un nivel de entrega y autenticidad brutal entre lo que hacen y cómo viven dentro y fuera de su trabajo. Es gente apasionada y que ama lo que hace, se transmite igualmente en cada palabra y en los hechos.

Me contó lo complicado que es para ella mantener un alto nivel de energía en todas las funciones, porque al igual que a todos la energía fluctúa y no siempre se puede manejar. La exigencia que tienen es brutal, y deben dar lo mejor en el escenario pase lo que pase.

Desde luego que es complicado y también admirable porque casi siempre lo consiguen. Se transforman milagrosamente al salir en público y nadie nota si cargaban tres toneladas de problemas a sus espaldas.
Esas dos horas se convierten en un paréntesis en el que dan hasta la última gota de sudor y al acabar terminan exhaustos, volviendo al estado anterior en el que bien podrían tener un low mood.

Pero de todo lo que hablamos me llegó algo particularmente interesante, que tiene que ver con la fuente de satisfacción de lo que hace y porqué lo hace.
El motivo por el que se siente feliz con su trabajo no está relacionado con la reacción del público, ni tampoco realmente en como lo haga, sino en el nivel de satisfacción personal que ha acumulado en todo el proceso de preparación, en la energía que ha invertido en el camino.

Lo que busca día a día es sentirse bien con lo que ha hecho con su trabajo con su nivel de entrega en cada paso. Es a ella a quien rinde cuentas, a nadie más. Eso es lo que le anima a salir ahí fuera y dar lo mejor. Es independiente de la reacción de la gente, del dinero y de los resultados, solo depende de uno mismo y está siempre en nuestra mano.

Me pregunto cómo sería si lo aplicamos en nuestro trabajo en una empresa.

¿Qué cambiaría si cada tarea que tenemos que hacer dejáramos de verla con el objetivo de ser aceptada, alabada e incluso recompensada, y en su lugar buscamos dar lo mejor, buscar caminos inexplorados, conectar personas e ideas que antes no se habían ocurrido?

¿No sería la forma de evitar la necesidad de aprobación y bajar el nivel de ansiedad y malestar en el trabajo de una forma palpable?

¿No sería una forma de sentirnos bastante mejor en el trabajo?

¿No sería la forma para acabar con la mediocridad en una organización?

¿No sería la forma de convertirnos en personas que aportan más valor y que llegan a convertirse en imprescindibles?

¿No mejorarían así las personas, las corporaciones y nuestro nivel de vida?

¿No sería este el camino para encontrar por fin una realización personal en el trabajo y dejar de sentirnos como un pequeño engranaje más?

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