¿Porqué unas personas permanecen en un estado de felicidad estable e independiente de sus circunstancias, y hay otras que sin embargo poseen todos los médios y disfrutan de un aparente éxito, pero son infelices?

¿Porqué nos torturamos imaginando escenarios imposibles, fracasos que no han sucedido, y temores que no tienen sentido? ¿porqué tenemos tanta ansiedad por el futuro y llegamos a dejar de prestar atención en lo que nos rodea en el instante presente?

La relación entre la mente y la felicidad es objeto de estudio de civilizaciones enteras desde hace más de 2.000 años. El budismo es una de ellas. Su comprensión y práctica promenten liberarnos del yugo del sufrimiento, y toda su doctrina gira en torno a esa idea.

Muchos dicen que el budismo es justo eso: un manual de instrucciones de la mente. Personalmente pienso que lo más inteligente que cualquier persona podría hacer es extraer todas las lecciones posibles de cualquier religión o filosofía, y aplicarlas en nuestra vida. Incluso en forma de experimento. Simplemente sacar lo mejor y probarlo.

Hace unos días la magia de internet hizo que cayera en mis manos un artículo de Yuvi Zlakov, personaje y bloguero interesante. Además es escritor, y escribe de forma brillante y cómica hasta en los temas más delicados. El artículo en cuestión trata acerca de su fuerte depresión, y cómo afectó a su vida. También explica como cambió su percepción del mundo cuando los medicamentos le permitieron finalmente superarla. Aquí está el texto que recomiendo leer enormemente “My hilarious depression”, de Yuvi Zalkov.

Si aún quedaba duda si la mente es causante del sufrimiento, este artículo nos introduce en el tema hasta el fondo.

La vida posee una considerable cantidad de momentos de alegría, y otros de tristeza. Las estrategias de supervivencia que residen en nuestros genes y que sirven para proteger nuestra especie, también nos traen sufrimiento.

Las señales de alarma que se disparan en la mente en los momentos de un posible peligro, las llevamos incorporadas desde hace las primeras etapas de la evolución humana.

Como vimos en el capítulo del estrés y la mente secuestrada, estas señales de alarma son causantes de varios efectos en nuestra realidad:

  • Crean una barrera entre uno mismo y el entorno. Dejamos de sentirnos unidos y conectados a lo que nos rodea
  • Mantienen ciertos sistemas vitales de forma estable, cuando en otras circunstancias deberían estar en cambio y en evolución
  • Nos colocan en un estado de búsqueda de placer inmediata y de escapar al dolor. Es necesario para crear más oportunidades de supervivencia y evitar amenazas.

Los animales no poseen sistemas nerviosos lo suficientemente desarrollados como para que los retos diarios les causen problemas emocionales ni un estrés excesivo. Pero nuestro cerebro es enormemente más desarrollado y tiene todos los elementos para ser el caldo de cultivo de estrés y ansiedad.

Es curioso, pero son solo los seres humanos quienes se preocupan del futuro, se lamentan del pasado y se culpan a ellos mismos por el presente. Es algo que ningún otro animal hace.

Nos frustramos cuando no podemos poseer lo que queremos, y nos disgustamos cuando finaliza el placer que estábamos difrutando. Además sufrimos al sentir que sufrimos. Nos disgustamos por sentir dolor, nos enfadamos por hacernos viejos y acercarnos a la muerte, nos molesta salir de la cama en la mañana y nos entra un bajón por tener otro día más de trabajo.

Es curioso, pero este tipo de sufrimiento que nos ocurre a todos, y que causa toda nuestra infelicidad e insatisfacción está totalmente causado por la mente. Está fabricado por ella.

Por un lado es irónico, por otro lógico, ya que está enraizado en nuestros mecanismos de supervivencia -que por desgracia ya no son necesarios en el siglo XXI como en aquellos tiempos cuando teníamos que defendernos de un tigre en la selva-

Esto tiene otra lectura: el saber que ese sufrimiento viene de la mente exclusivamente y no de las circunstancias exteriores es algo esperanzador.

La mente es la causa del sufrimiento. Y también puede ser su cura.


Referencias: