Unos mensajes para reflexionar sobre la vida y las dificultades. La espera nos regala oportunidades increíbles. Es una historia real.

Pedro era un chaval del montón, no destacaba por nada, ni era guapo ni feo, ni alto ni bajo, ni el peor de la clase ni el mejor, y seguramente no se preocupaba por ello… ni por casi nada. Los días transcurrían sin rumbo fijo y sin tener demasiados altibajos.

Los profesores le consideraban distraído y decidieron sentarlo en la penúltima fila, junto con los “casos perdidos”.

P. fue condenado por el sistema educativo público a recibir el mínimo estímulo.

Con 12 años de edad y al llegar Junio en aquel año llego la noticia de un suspenso en Matemáticas. Nada raro en principio, pero fue su primer suspenso. No le importaba nada qué le pasaría a él, sino únicamente la reacción de sus padres.

El caso es que ese suspenso hizo un primer cambio. P. estuvo obligado a pasar el verano con una profesora particular.

Ocurrió algo muy interesante:

hasta ese momento P. creía que estudiar significaba renunciar a todo y quedarse leyendo un libro, sin más. La profesora J. le enseñó que lo primero es aprender a aprender. Conocer cómo funciona la cabeza y cómo procesamos la información, cómo hacer mapas mentales para conectar conceptos y sacar el lado creativo de las cosas. Resumir y conectar.

P. aprobó en Septiembre su exámen, sin pena ni gloria. Al año siguiente siguió recibiendo clases de refuerzo.

Con 13 años, P. seguía siendo uno más del montón, pero ya se daba cuenta de que algunos despuntaban mientras que él era como un cero a la izquierda.

Día del examen de Matemáticas con Don JM.:  1.90m de altura, traje negro, corbata negra,  pocas palabras, quizás salido de una película con el papel de enterrador.

En el examen P. copió. Y le pillaron con las manos en la masa.

Mensajes para reflexionar sobre la vida con un gintonic

El examen transcurrió tranquilamente hasta que todos en fila lo entregamos en la mesa de Don JM mientras él apilaba las hojas como si se tratara de un ritual. Cuando le llegó el turno a él, Don JM sacó del cajón una regla y marcó una enorme cruz en el examen. Suspenso por copiar, a Septiembre directamente.

Lo que en realidad tachó no fue el examen, sino a un niño al completo, su vida, su propio ser.

Fue como si le volvieran a colocar en última fila: en la última fila de la vida.

No podía sentirse más miserable. Lo peor, no se lo dijo a nadie. Fue tan fuerte el impacto que P. se dedicó a estudiar más para no pasar nunca por algo parecido de nuevo.

Fue el estímulo que necesitaba. El haberse sentido como una cucaracha pasó a convertirse en el gran cambio de su vida. La transformación.

Acabó el año convertido el número uno de su curso. Nada volvió a ser igual, desde entonces se convirtió en el alumno de referencia.

Que irónico pocos años antes catalogado como un fracaso anunciado por el sistema educativo… y simplemente hizo falta un estímulo.

Años después P. pasó a la enseñanza privada y un colegio Marista lleno de hijos de snobs en su mayor parte. El impacto fue terrible y la integración complicada. Un año entero apartado de todo de todos.

La vida colocó a P. en la mirada de un entrenador de tenis de mesa. P. aprendió todo sobre la competición y la concentración. Tres campeonatos de España. Premios anuales de varias asignaturas.

P. estudió una de las carreras universitarias más complicadas (e inútiles) que pueden existir, Ingeniería Aeronáutica. Llegó el momento del trabajo y tardó siete años en darse cuenta que aquello no era lo suyo.

Mientras pasaban los años y la frustración no dejaba de aumentar descubrió una pasión: la pintura.

P. expuso en varias galerías en la calle de arte más importante de Madrid, Claudio Coello. En las galerías nadie creyó que nunca hubiera tenido un profesor de pintura ni hubiera estudiado bellas artes.

Pero la sensación de fracaso profesional era constante. P. abandonó la aeronáutica para dedicarse a algo mucho más interesante: las energías renovables. Por supuesto con el asombro y rechazo de todos por abandonar la zona de confort.

La sensación de seguir infeliz prosiguió en varios trabajos, justificando el rechazo que todos habían anunciado.

Una vez mas llegó otro regalo gracias a la frustración… Durante esa espera P. aprendió su 4º idioma: Chino.

Ya había aprendido la lección que si la vida no da lo que uno busca… uno mismo debe inventarlo. Conectar los puntos llegará luego.

P. trabaja hoy en una corporación como ejecutivo de ventas, factura más de 100 millones al año y ha viajado por casi todo el mundo.

La necesidad de crecer personalmente ha vuelto a surgir y P. ha decidido crear la web que estás leyendo, Hoy Motivación, para compartir con todos lo que he aprendido y sigo aprendiendo todos los días.

Ahora me estoy tomando un Gintonic y ha llegado el momento de dar gracias a la Vida por todo lo que me ha hecho esperar y todas las lecciones que me han hecho crecer.

 

Intentaré pensar que todo lo que está por llegar, sea lo difícil que sea, tendrá un sentido. Confiaré más en lo que depare el futuro sabiendo que todo servirá para un gran propósito. 

Y lo comprenderé años después, como siempre ha sido.

Salud!

Tenía pensado varios mensajes para reflexionar sobre la vida, pero me quedo solo con uno:

 

comillas
Exprime la vida como un limón… y con la cáscara hazte un Gintonic !

 

Este artículo está dedicado a Asun, con mucho cariño

exprime la vida como un limón

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