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Hay dos sistemas que nos hacen seguir persiguiendo zanahorias. Son los mecanismos del deseo.

[Este artículo forma parte de una serie dedicada a la mente y comportamiento humano]

El primer mecanismo del deseo

Este primer sistema que nos lleva al deseo está basado en el neurotransmisor dopamina. Aquí tienes los neurotransmisores resumidos.

Las neuronas que segregan dopamina son más activas cuando nos encontramos con situaciones que están ligadas a una recompensa ligada al pasado (o que nos recuerdan a ella del pasado) y también cuando anticipan que puede haber una recompensa en el futuro. Por ejemplo cuando recibes una llamada de aquella amiga con la que tuviste un affair y hacía meses que no sabías de ella… ahora te llama y lo primero que piensas es en invitarla a cenar. Esta situación produce la sensación de deseo.

Una parte del cerebro llamada “Cortex del Cíngulo anterior” ( ver aquí el artículo dedicado a las partes del cerebro) está ligada a la anticipación de la recompensa. En ese momento esa parte chequea si la recompensa que deseamos (pasarlo bien con la amiga…) va a llegar realmente o no.

Si la respuesta de esa decisión es positiva, los niveles de dopamina se quedan estables. Si es negativa (por ejemplo notas a tu amiga triste y desconsolada por un problema que ha tenido, y es por eso que te llamaba) entonces envía una señal y hace bajar los niveles de dopamina.

Esa bajada de dopamina se registra a nivel subjetivo como un tono de experiencia desapacible -insatisfacción y descontento- y se activa otro mecanismo para estimular el deseo (en sentido amplio) de nuevo y volver a restaurar los niveles de dopamina.

El segundo mecanismo del deseo

Está basado en otros neuromoduladores, los “químicos del placer”, son sustancias opioides como las endorfinas, oxitocina y norepinefrina. Se segregan desde las sinapsis de las neuronas y refuerzan los circuitos en los que están activas, haciéndolos más probables para que se activen en el futuro.

Es la fuente bioquímica del tono de experiencia agradable que viene de la recompensa (ya sea real o anticipada).

Este sistema refuerza la acción que causó el placer, haciéndonos más propensos a que volvamos a ella en el futuro, por ello influye en nuestro comportamiento hacia el deseo.

Los dos sistemas trabajan juntos

Se pueden activar por separado o los dos a la vez.

Por ejemplo cuando si estamos sedientos y finalmente bebemos agua fría en un caluroso día: por una lado sienta bien porque teníamos un nivel bajo de dopamina debido al descontento, y por otro lado al segundo sistema se segregan los químicos del placer por la agradable sensación del agua fría.

Ambos sistemas son necesarios para la supervivencia.

El deseo puede llevar al sufrimiento

  • La propia sensación de deseo puede ser desagradable. Incluso tener un deseo de nivel medio genera una sensación que no es cómoda.
  • Cuando no llegamos a tener las cosas que deseamos, lo normal es sentirnos frustrados, disgustados, a veces incluso desesperados
  • Cuando satisfacemos finalmente un deseo, la recompensa que llega a menudo no es para nada lo que esperábamos.
  • Cuando la recompensa que llega es realmente buena, nos puede llegar con un alto coste… hemos pagado un precio demasiado alto por ella. ¿Cual es el coste/beneficio?
  • Incluso cuando hemos conseguido satisfacer el deseo y tener una buena recompensa, y a un buen coste… todo llega a su fin. A todos se nos separa finalmente de aquello que deseamos, tarde o temprano. Y algún día la separación será permanente. Todo lo que comienza debe cesar. Todo lo que se une debe separarse.

Las experiencias por si solas no pueden ser totalmente satisfactorias para la experiencia. No pueden ser la base para una felicidad verdadera.

Referencias

El cerebro de Buda : la neurociencia de la felicidad, el amor y la sadiduría” de Rick Hanson y Richard Mendius.