El precio del éxito es el trabajo duro, la dedicación total a lo que tenemos, y la determinación de que ganemos o no, hayamos aplicado lo mejor de nosotros a la tarea que tenemos entre manos.

-Vince Lombardi

En tu trabajo seguramente te ha ocurrido haber realizado tu tarea lo mejor posible, incluso cuando tus compañeros o clientes te llegan a felicitar pero finalmente te llevas la mayor decepción del mundo cuando compruebas que tus superiores no han valorado lo que has hecho. La decepción puede partir desde un desinterés, pasando por una crítica severa, un rechazo, o incluso al caso más extremo: que te despidan.

Estas grandes decepcionas en el trabajo suceden constantemente. A mi me ocurrió la semana pasada. No fue la primera vez ni será la última. Todavía me dura el malestar pero sin embargo es posible utilizar una forma de interpretar la situación que ha dividido por diez los efectos negativos en mi. Aquí lo expongo y espero te ayude.

Superar una decepción en el trabajo

Roles y personas

Las organizaciones están hechas de personas, cada una de las cuales con su particular forma de interpretar lo que sucede, de reaccionar ante los hechos, y de gestionar a las personas. Todas ellas están agrupadas en un árbol jerárquico de roles, lo cual implica que la persona que ocupa el cargo X tiene un comportamiento distinto que si ocupara el cargo Y. Cuesta aceptarlo, porque desde fuera vemos a la misma persona, cuando en realidad dentro de la organización está adoptando un rol determinado. Las personas no son las mismas al ocupar distintas posiciones.

Los compañeros, la cultura de organización, el estilo de comunicación, los jefes que nos han asignado… nos han tocado sin elegirlos. Simplemente los hemos aceptado -o nos hemos resignado- al entrar al show corporativo. Este show es el que crea conflictos de intereses entre departamentos que finalmente se convierten en personales.

El azar

Es el azar el que hace que en un momento determinado tengamos a un superior del que aprendemos y llegamos a admirar. Será capaz de exigir de nosotros y al mismo tiempo sacar lo mejor de cada uno, respetando nuestra vida personal.

Es el mismo azar el que hace que al cabo de unos meses sea reemplazado por un personaje del que jamás entenderemos cómo pudo llegar allí. En estos casos la calidad de vida en el trabajo puede cambiar radicalmente. A mi me ha tocado vivir con ambos -algunos rematadamente malos, y otros muy buenos-. Y es preciso tener una estrategia, una forma de ver las cosas para evitar que nos afecte demasiado, o al menos lo haga durante el menor tiempo posible. Solo hay dos cosas que están en nuestra mano para hacerlo y que expondré en este artículo.

Además de ese azar, ocurre que vamos a recibir diversas formas de reconocer nuestro trabajo. Cada persona que tengamos por encima va a interpretar y analizar nuestros resultados de forma distinta, pero además el rol que le corresponde modificará totalmente su percepción.

Nos van a suceder multitud de hechos injustos. Muchos de los cuales vuelven a ser fruto del azar, porque dependen de esas personas que tenemos por encima y de sus roles.

Solo hay dos cosas imprescindibles que están en nuestra mano para sentirnos bien suceda lo que suceda y superar la barrera del azar momentáneo:

1. Dar el máximo en cada momento

Dar el máximo implica aceptar que lo que podemos dar varía constantemente:

• Aceptar que cada día estamos afectamos por emociones externas de familia, problemas económicos, frustraciones, etc. Todos ellos oscilan en un sube y baja y como consecuencia cambia nuestro estado de ánimo
• El estado físico altera radicalmente nuestra capacidad para enfrentarnos a una tarea. La capacidad mental, la resistencia al estrés, y el poder de voluntad está totalmente relacionado con nuestro estado físico del momento

Lo que pudiste dar ayer no tiene que ver con lo que puedas dar hoy. Pero siempre hay una máxima: dar lo máximo que puedas, con lo que tengas, en cada momento. Esta premisa es imprescindible para poder estar en estado de flujo creativo -condición ligada como vimos al disfrute y a la felicidad-

Suceda lo que suceda, en cada momento da lo mejor que puedas.

Por cierto, esta premisa coincide con uno de los Cuatro Acuerdos de Miguel Ruiz.

2. Buscar como única satisfacción, la nuestra. El trabajo bien hecho

  • Harás tu trabajo lo mejor que puedas, e igualmente sufrirás decepciones
  • Algunos te aplaudirán, pero siempre habrá alguien a quien sentirás que estás defraudando.
  • Incluso cuando todo vaya -externamente- increíblemente bien y tengas un éxito rotundo, tu mundo se puede caer abajo… si no fuera por algo que es lo más importante que debemos tener en cuenta:

Lo que permanece es la satisfacción interna de tu trabajo bien hecho.

Todo lo demás puede tambalear y venirse abajo, que te recriminen, que ocurran injusticias y que no se te valore como debes. Por encima de todo debes haber conquistado primero tu satisfacción interna, no existe nada equivalente y que lo pueda reemplazar.

Hace años permanecí en un trabajo en el que no me sentía a gusto, aún así llevaba tiempo haciéndolo y era bueno en ello. Me pudría en ese trabajo. Me oxidé hasta el punto de tener menos autoestima, no me sentía bien y llegaba a casa cada día sin energía. La paradoja es que era tan bueno en ello que recibí un premio.
Jamás recibí un regalo que me produjera tan poca satisfacción. Había dejado de dar lo mejor de mi, no trabajaba con entusiasmo ni invertía mi energía para aprender, mejorar y buscar formas más creativas y efectivas para llevarlo a cabo. Faltaba lo más importante: si no me sentía a gusto con cómo estaba haciendo mi trabajo, era imposible que tuviera satisfacción por él.

Y visto desde el otro extremo. He conocido una persona que se hacía cargo de una gran región de ventas, muchos países y un mercado complicado y emergente. Realizó su labor sin guías y muy pocos recursos por parte de la empresa para ayudar a arrancar. Pero dio lo máximo que podía, se movió, viajó, luchó y abrió muchos caminos. El destino quiso que topara con un superior que interpretó los resultados y el trabajo de forma contraria. Fue expulsado de la empresa. Hace poco hablé con él y en lugar de sentir o venirse abajo, se sentía satisfecho por su trabajo y por todo lo que había conseguido. Esa fuerza sirvió para sobreponer los momentos duros y la gran decepción del despido.

Conclusión

Es imprescindible conquistar estas dos premisas:

  1. Da lo máximo que puedas con lo que te ha tocado, en cada momento
  2. Busca la satisfacción por tu trabajo bien hecho, gánatela y disfruta de ella

Ambos están sólo están en tu mano y son decisivas para superar una decepción en el trabajo.