Tus circunstancias actuales no determinan dónde puedes llegar, simplemente determinan de dónde partes.

Nido Qubein

A veces parece que todo está condicionado ya y que hemos perdido ese tren en el que debimos subir años atrás. Las circunstancias que nos rodean y que no hemos elegido crean un círculo del que es complicado escapar, pero igual que un pintor crea una obra de arte desde un lienzo en blanco, también podemos crear nuevas capas de realidad sobre un lienzo ya usado.

Esta es una reflexión acerca de cómo el azar ha modelado nuestras vidas, y lo que todavía podemos cambiar para crear nuestra realidad.

Oscar estudió farmacia en Madrid, como muchos otros la situación del país le obligó a dar un paso más y necesitó pagar un Master para tener más opciones de encontrar empleo.

En el Master conoció a Ana, en poco tiempo encontraron trabajo en la única ciudad que podía dárselo. Allí se quedaron y pasaron (hasta el día de hoy) toda la vida. Sus obligaciones familiares y trabajo les limitan las opciones, pero son felices y allí se quedaron.

Conocí a Oscar cuando éramos pequeños en el colegio, he mantenido siempre el contacto con él y le considero un buen amigo. Sin embargo estoy seguro que si hoy día le viera por primera vez sería casi imposible  mantener una amistad. Somos demasiado distintos y ahora solo nos une la casualidad de habernos conocido en el pasado. El destino quiso que nos conociéramos en un momento lejano.

Igualmente me ocurre con otros círculos de amigos, simplemente surgieron y los he mantenido. Pero cuando vuelvo a verlos debo preguntarme de dónde han salido, porque ya no encuentro demasiada afinidad.

No estoy seguro si hoy en día Oscar y Ana son felices. Son esa clase de personas que sientes que hacen esfuerzos porque parezca que todo está bien. Y desde fuera lo parece.

Es común sentir que algo importante falta en nuestra vida, tener un vacío que se prolonga en el tiempo y que cuesta identificar. Es algo humano, y esa búsqueda debería ser una prioridad.

Escucho constantemente personas con problemas que les duran años y años, problemas tan largos que parecen formar parte de la misma persona, como si el problema se hubiera fundido con su identidad.

Cuando tratamos de enmarcar estos problemas en perspectiva, se puede hacer una clasificación que los engloba a casi todos.

La mayor parte de ellos ocurren por:

  • Falta de libertad personal (lo cual incluye problemas económicos, problemas vitales de familia)
  • Miedos y falta de confianza
  • Falta de autocontrol
  • Falta de conexión humana

Y ahí es donde quiero llegar: relacionar esos problemas con el azar de la vida y reflexionar si estamos condicionados… y cual es nuestro papel en el destino.

Imaginemos que queremos observar nuestra vida desde arriba y nos quedamos sólo con las variables que más describen nuestro día a día y que tienen la mayor influencia en nosotros: aquellas que son capaces de describirnos como personas.

Las variables más importantes serían las siguientes:

  • El lugar donde vivimos
  • Nuestra ocupación profesional
  • Aquello en lo que ocupamos nuestro tiempo fuera del trabajo
  • Las personas con las que pasamos la mayor parte del tiempo

Piensa qué ocurre cuando se modifica una sola de esas variables.

El cambio que ocurre es realmente grande. Nos impacta definitivamente.

Por supuesto ese impacto es más radical cuando cambian varios de esos factores a la vez.

Imagina que permaneces en el lugar donde vives, pero cambias las personas con las que te relacionas. Eso ya puede alterar tu vida completamente.

O supongamos que sigues en tu trabajo aunque no te llene, pero cambias de ciudad o incluso de país para seguir haciéndolo. La perspectiva ha girado 180º.

Estas cuatro variables pueden cambiar la vida de una forma o de otra, para bien o para mal. Lo cierto es que la mayor parte de nosotros nunca lo sabremos si no tomamos la decisión de cambiar ninguna de ellas. Esa incertidumbre se quedará siempre ahí sin saber qué pasaría si las modificamos.

Y esa misma incertidumbre es la que nos hace quedarnos inmutables, sin cambiar absolutamente nada. Preferimos quedarnos con lo que conocemos desde hace años que tomar el riesgo de alterar uno solo de esos posibles cambios de vida.

La realidad es que tendríamos que hacer lo contrario: arriesgarnos a cambiar.

Incluso si nos equivocamos, habremos añadido a la vida una nueva variable con la que podemos comparar, es algo que no teníamos antes. Pero la mayor parte de las veces acertaremos, es nuestra decisión consciente frente una vida al azar.

Piénsalo por un momento:

Si lo que tienes lo recibiste al azar, ¿no te parece que hay muchas probabilidades que si te arriesgas a un gran cambio elegido por ti, esta vez sea para bien?

No me he equivocado, ya he descubierto 1000 formas por las que no funciona.

Edison

No es preciso que te equivoques mil veces, simplemente con cada gran cambio que tomes, estarás un paso más cerca de tu bienestar, de aquello que te puede hacer feliz.

Para la mayor parte de nosotros esos cuatro factores no fueron conscientemente elegidos.

Veamos uno por uno:

La elección de la carrera y trabajo actual

Yo elegí mi carrera profesional dentro de una lista en la que descarté otras opciones.  En aquellos años que quería ser piloto de avión y elegí aquella opción que posiblemente me iba a ayudar más.

El destino quiso que yo evolucionara y mi “yo del pasado” dejó de parecerse a mi “yo actual”, de una forma drástica. En un instante del camino simplemente dejó de tener sentido lo que había elegido tantos años atrás.

No es algo ni bueno ni malo, simplemente es.

Otras personas tienen peor suerte y su familia y circunstancias exteriores les fuerzan (incluso sin que se den cuenta) hacia una elección.

Un buen amigo sufrió durante años la presión familiar que le obligó a opositar para Notaría tras acabar la carrera de Derecho. La oposición se prolongó durante demasiado tiempo. Probablemente desaprovechó los mejores años de su vida. Aún así creía en ello y era su ilusión, pero ¿qué habría pasado sin la presión que recibió? ¿Habría elegido igual? ¿Hasta que punto fue libre para elegir?

Seguro conocerás a personas en tu entorno las cuales no han elegido por si mismas su futuro profesional y tiempo después sufren las consecuencias.

La mayor parte de nosotros hemos elegido la carrera con un horizonte muy estrecho de elección, fue fruto del azar de las circunstancias de aquel momento, o de la influencia de otros.

La elección del lugar donde vivimos

Es probablemente el factor que más influye de los cuatro. El lugar donde vivimos afecta a las otras tres variables. De alguna forma acerca enormemente o aleja a todos los demás factores  que crean nuestra realidad.

El lugar donde vives hace que conozcas a unos amigos o a otros, incluso influye en que una carrera tenga más probabilidades de elección que las otras por el hecho de estar en esa ciudad particular. Tu lugar de residencia estrecha o expande las ofertas de trabajo a las que puedes acceder, lo cual te llevará a tomar un trabajo que te encamine tus siguientes pasos.

La mayor parte de nosotros nos quedaremos en el mismo lugar por unos cuantos años y muchos lo hacen de por vida.

El lugar donde vivimos por tanto está alejado de tu elección. Se determinó incluso antes de que nacieras.

Cuando cambiamos de lugar de vida, rara vez lo hacemos porque queramos ser felices en otro sitio, casi siempre será por motivos de trabajo o (quizás) por una relación.

Los amigos

Recuerda cómo has conocido a tus amigos, te darás cuenta que la mayor parte llegaron a ti debido al azar. Un buen día ocurrió que estabas en ese bar y conociste a Ana, y en la cola del supermercado te encontraste con Jose y comenzasteis a hablar.

¿ A cuántos de tus amigos has conocido porque querías encontrar personas cercanas a tus gustos y tomaste alguna acción deliberada para llegar a ellos? Seguramente a pocos.

Además ocurre que cuando ya tenemos un círculo de amistad desde hace años,  nos hacemos perezosos para expandir el horizonte y tratar de elegir conscientemente.

Los amigos casi siempre son fruto del azar. No los elegimos de forma consciente.

Lo que hacemos fuera del trabajo

Los tres primeros encuadres -amigos, lugar y trabajo- determinan el cuarto: lo que haces fuera del trabajo.

Si te dedicas a la banca, probablemente tengas una estrecha elección de amistades, que estarán dedicadas al mismo trabajo. Tu ropa, estilo de vida, actividades del viernes por la noche y los lugares en los que te diviertes estarán condicionados por el trabajo.

El lugar de vida también limitará tu ocio, por ejemplo si vives en Panamá seguramente no te podrás dedicar a esquiar. Pero el esquí podría ser algo que te volviera loco de alegría. El lugar donde vives habrá limitado de forma drástica las opciones.

Una vez más, el ocio en gran medida es fruto del azar, y está muy influenciado por las otras tres opciones que a su vez dependen del azar.

Casi todos nosotros vivimos vidas que han sido construidas de forma aleatoria.

Incluso aunque tomes una elección consciente, dependerá de otra que ya tomaste hace tiempo, que a su vez tuvo que ver con uno de los cuatro encuadres de los que hemos hablado, que a su vez todos surgieron del azar.

Conclusión

La cuestión es:

¿Cuál es la probabilidad de que el azar que te ha tocado coincida con aquello que te podría hacer realmente feliz?

¿Cuántas veces has tomado grandes cambios conscientemente para crear tu realidad?

La mayor parte de nuestra vida está dibujada al azar y lo que vivimos responde a hechos que no son los que más felices nos podrían hacer. Simplemente nos tocaron.

Los problemas de larga duración -esos que no nos abandonan durante años- responden a una de esas situaciones que nos han tocado, y que en muchos casos podrías cambiar cuando está en tu mano, o estuvieron en tu mano hace tiempo.

Cuando sientes que algo importante falta en tu vida muy probablemente también responde a una de estas situaciones.

Si piensas en términos de probabilidad, no tiene sentido pensar que lo que te ha tocado por azar sea lo mejor para ti. Es casi seguro que ahí fuera haya algo que realmente te puede hacer inmensamente más feliz y que todavía no has explorado.

Tu felicidad depende estrechamente de dos puntos:

  1. Lo que sientes a través de tu voz interior
  2. Lo que estás viviendo en realidad de tu día a día

Cuando dejas de escuchar esa voz y apagas tu sueño es probable que el resto de tu vida sea gris y no te sientas realizado. Estarás dejándote llevar por el azar.

¿Crees que el azar va a hacer que ambos coincidan?

¿Eres de los que crees que debes de conformarte siempre con lo que tienes?

Son excusas para no salir de tu zona de confort y crecer.

¿Recuerdas a alguna de esas personas que han dando un cambio drástico?

Si es así entonces te sonará la frase… “No se como había podido vivir así antes”

  • La mayor parte de nosotros tenemos una vida en la que las variables más importantes (amigos, trabajo, ocio y lugar de vida) fueron fruto del azar.
  • Tomando cambios conscientes en una sola de esas variables vas a influenciar de forma drástica en tu calidad de vida
  • Muy pocas personas toman estos cambios drásticos en la vida. La mayor parte viviremos cuarenta años en la misma cuidad y nos quedaremos con lo que nos ha tocado. Pero está en nuestra mano cambiarlo
  • Es fácil confundir la frontera entre aceptar lo que tenemos en cada momento, y prosperar y por otro lado cambiar para lograr aquello que nos hará probablemente más felices
  • La opción de tomar un cambio de vida drástico nos parecerá fuera de lugar, ya que creemos que tenemos que aceptar lo que tenemos y eso es lo natural. No pensaremos que ahí fuera se encuentra algo que nos puede entregar la realización personal. Nos conformaremos.

Puedes elegir:

¿Quieres vivir una vida al azar, o prefieres construir tu realidad?

La vida es una partida de poker.

No puedes cambiar al que reparte, pero sí las cartas.