La forma es vacío y el vacío es forma;

el vacío no se diferencia de la forma, la forma no se diferencia del vacío;

todo lo que es forma, es vacío; todo lo que es vacío, es forma;

lo mismo es aplicable a los sentimientos, a las percepciones, a los impulsos y a la consciencia.

Fragmento del Sutra del Corazón. Gautama Buda.

Sabiduría es saber que no soy nada,

Amor es saber que lo soy todo,

y entre ambos transcurre mi vida.
Nisargadatta Maharaj

El tiempo y el espacio siempre cambian, pero hay algo que es eterno e inmutable. Durante el sueño nada existe, ni mundo ni tiempo, ni pasado ni futuro. Pero tu existes. Trata de buscar aquello que no puede cambiar y siempre ha existido.
Ramana Maharsi.

Los sentidos y nuestra mente son meramente herramientas, sensores que todos llevamos y con los que captamos una porción muy pequeña de la realidad. Lo que calificamos como “realidad” se reduce simplemente a lo que alcanzamos a percibir, pero como veremos a continuación se trata de una ilusión, un colosal error que trae consigo la fuente de todo nuestro sufrimiento, conflictos, guerras e insatisfacción. La identificación con el cuerpo y la identificación con nuestros pensamientos es el origen de ese error. Es por ello que desear conocer la realidad -la realidad de la vida, del mundo, del sufrimiento y de la felicidad, quién soy yo realmente- deba ser lo más importante que haga antes de abandonar este lugar y el más radical autodescubrimiento.

Este artículo es un experimento simple en el que trato de mostrar que hay una brecha inalcanzable entre percepción y realidad y no nos damos cuenta de ello en el día a día. La conclusión final de este pequeño ejercicio podría resultar anecdótica y sin mayor importancia, pero la consecuencia se extrapola en cada uno de nosotros a la identificación con el cuerpo y con los pensamientos (ver “Desmontando la creencia que más miserias me ha causado”) con un efecto radical. Si quieres profundizar en qué implica y cómo otros nos lo han contado sigue debajo la lista de lecturas recomendadas y enlaces sugeridos, muchas de ellas ya tratadas en esta web.

He elegido aquí el experimento de los colores, pero igualmente es posible hacerlo para cualquier otro sentido (colores, formas, tacto, pensamientos, sensaciones, sonidos, etc). Quizás dedicaré un artículo a presentarlo desde alguna más de estas diferentes alternativas.

Todos los seres humanos tenemos un diseño de sensores muy parecido y por eso creemos entender la realidad de una forma similar, al menos de forma aparente.

Observa esta foto y piensa qué te sugiere. Lo más normal es que veas un cuadrado en el centro. A los pocos segundos de observar te darás cuenta que hay cuatro porciones de círculo de color negro y que realmente no hay ningún cuadrado. Es la tendencia de nuestra mente a “autocompletar” los bordes la que nos hace creer que existe un cuadrado. Aún así todos identificamos la figura geométrica en el centro, pero se trata de una ilusión! Un simple análisis ha descartado su existencia.

No importa lo bonita que sea tu teoría ni lo listo que te creas. Si no pasa el experimento, es errónea.

Richard P. Feynmann.

¿Pero podemos hacer lo mismo con los colores?

Tu y yo percibimos por igual el color “rojo”. Yo no puedo entrar en tu percepción y compararla con la mía pero estoy aun así seguro que ambos podríamos llegar a coincidir en señalar ese mismo color en un objeto y estaríamos de acuerdo en que es de colo rojo (en oposición a verde y azul o cualquier otro color). El hecho que ambos señalemos por igual a un objeto de color rojo se debe a que tenemos los mismos sensores, no a que el color rojo tenga una identidad propia, ni siquiera a que exista realmente.

El color rojo no existe, ni ningún otro color. No es algo que tenga una existencia real, permanente y aplicable de forma universal. Es solo un concepto (una ‘etiqueta’) creada por nuestros sensores que dan lugar a nuestra percepción. Es ilusorio al igual que todo lo que vemos. No quiero decir que sea falso: con “ilusión” me refiero a que tan solo representa una pequeñísima fracción de la realidad. Pero no es la realidad, de hecho se trata tan solo de una interpretación limitada.

Aquello que se somete a un escrutinio riguroso y tras él se comprueba que tiene fallos, nunca podemos catalogarlo como real y verdadero. Lo veremos a continuación con un simple ejemplo.

La luz es realmente energía que se sitúa dentro de una zona concreta llamada el “espectro visible”. En otras palabras, solo una parte pequeñísima de la energía que existe es posible ser captada por nuestros ojos (y cada animal tiene un espectro visible distinto). Este es ya el primer gran filtro que distorsiona la realidad, nos quedamos con una pequeñísima parte de ella.

El color rojo se traduce en una longitud de onda de 650nm y nuestra “antena de fábrica” (el ojo con sus sensores) lo capta y posteriormente la mente hace traducir ese valor en lo que entendemos por “el color rojo”. Es únicamente nuestra herramienta y la forma como está compuesta (una combinación concreta de química y fluidos en el cerebro) lo que nos hace percibir el color rojo como tal. Hasta aquí hemos tamizado la realidad a través de una cadena de filtros:

REALIDAD (material) > LUZ > ESPECTRO VISIBLE > CAPTURA POR LOS SENTIDOS > PROCESAMIENTO EN EL CEREBRO > MEMORIA > ESTADO ANIMICO.

Otra persona con esa “máquina” alterada (daltonismo, etc) percibe los colores de forma distinta. Igualmente podríamos alterar esa parte específica y local del cerebro y cambiaría la percepción de los colores (para más información todos los libros del neurólogo Oliver Sacks son fascinantes y nos muestra de forma imborrable las historias de los “mundos” creados por alteraciones en el cerebro de sus pacientes, como “El hombre que confundió a su mujer por un sombrero”, “Despertares” del que surgió la película con Robert de Niro, y muchos más).

Otros seres vivos perciben el color rojo de forma totalmente distinta (cada especie tiene un receptor-antena distinto), por eso aquello que vemos e interpretamos son únicamente conceptos pasados por una serie de filtros en cadena, y los confundimos con la realidad.

Además quedan más filtros en la cadena de distorsión, quedan dos parámetros que dibujan de forma totalmente distinta la realidad, uno de ellos es la memoria. Todo lo que conocemos, nuestras reacciones hacia lo que percibimos, nuestros juicios, nuestra atracción y repulsión depende de la información previa que hemos ido almacenando en la memoria. La memoria ha generado hábitos de respuesta en nuestra mente (caminos neuronales de activación preferente) que colorean de forma radical lo que percibimos y cómo reaccionamos a ello.

Otro filtro es nuestro estado de ánimo actual. Un suceso inesperado o negativo afecta distinto si nuestro estado previo era de sosiego y relajación o bien ya estábamos en una actitud de alerta o de estrés.

Son seis filtros que han sido activados en la cadena de la percepción. La existencia del color rojo está por tanto cuestionada ya que depende (entre otros filtros) de la “herramienta” del observador lo que da lugar a su percepción ( e incluso la percepción está distorsionada por la interpretación en la mente de aquello que vemos en base a nuestros condicionamientos del pasado: la memoria y nuestras experiencias previas). Pero no podemos aceptar como “realidad” algo que depende del observador y de su percepción particular, porque entonces no sería la realidad sino únicamente una suma de causalidades encadenadas. El color rojo existe tan solo como una pequeña parcela de la realidad que solo aplica bajo unas determinadas circunstancias. No podemos afirmar que el color rojo tenga una existencia real.

¿Entonces qué es la realidad de aquello que vemos y percibimos?

La máquina con la que percibimos la realidad no puede ser la realidad en si misma, es solo una herramienta que filtra. Nuestros ojos, y nuestra mente son tan solo eslabones en la antena de la percepción, pero lo que percibimos no coincide con la realidad.

La realidad es meramente una ilusión, pero es muy persistente.

– Albert Einstein

Se puede hacer un experimento similar y aplicarlo a cualquier tipo de percepción. Este texto se trata de un pequeño ‘apuntador’ que te puede guiar hacia algo que es mucho más complejo: romper la ilusión de que yo soy mi cuerpo y mis pensamientos y que en pequeños instantes he tenido claro (como he compartido en este artículo). Solo han sido instantes, pero me han servido para mucho más y me han roto los esquemas. Esta “auto indagación” alejada de cualquier dogma o creencia cuando se aplica a nuestro cuerpo y pensamientos es el pilar de la filosofía de Ramana Maharsi y es una de las aventuras más fascinantes en las que me he embarcado, porque tumba todo lo que me han enseñado hasta ahora.

Lo más importante no es este experimento, sino a donde lleva con el tiempo. La pregunta clave verás que no es “qué es el color rojo”… sino “¿a quién se presenta el color rojo?”.

Se muestra en ‘la pantalla’ de la Consciencia, que es el testigo del mundo físico (manifestado) y también de lo no-manifestado. Esta pantalla es indestructible, perenne y accesible. Todo esto está contenido en el mensaje de los grandes sabios del siglo XX (Ramana Maharsi, Nisargadatta, Merrell Wolf) y otros del siglo XXI como Douglas Harding, Rupert Spira, etc. Si queremos ir hacia atrás, está todo escrito desde hace miles de años en los increíbles Upanishads, la Bhagavad Gita, Ashtavakra Gita, etc. Este mensaje es el núcleo de todas las religiones en su esencia: Cristianismo (San Juan de la Cruz, Maestro Eckhart, etc.) , los Sufis (ver Rumi), Budismo, Zen, Advaita Vedanta.

Esa pantalla es nuestro YO real, que no puede morir y de hecho nunca ha nacido.

Yo, un universo de átomos. Un átomo en el Universo.
– Richard P. Feynman

Recomendado:

Ver Autores, libros y enseñanzas sobre la no-dualidad.