Sería bonito pensar que pudiéramos manejar el cerebro como a una computadora y puestos a pedir, que  también fuera posible además instalarle nuevo software a nuestra voluntad. Aquellos expertos en este tipo especial de “informática” serían claramente los beneficiados para hacer de su vida mejor y más satisfactoria, hasta llegar a crear la realidad. Pero…

¿Es posible crear la realidad a nuestro antojo?

¿Podemos acortar el tiempo de creación de los hábitos?

[Este artículo forma parte de una serie dedicada a la mente]

Este artículo trata acerca de estas cuestiones. Está basado principalmente en el Libro de Joe Dispenza “Deja de ser tú“, y si quieres una gran introducción de él te invito a leer este artículo que además contiene un video que debes ver sobre crear tu realidad. También he utilizado otras fuentes como el fascinante “La Biología De La Creencia de Bruce Lipton1 y “El cerebro de Buda : la neurociencia de la felicidad, el amor y la sadiduría” de Rick Hanson y Richard Mendius2

El sentido común me dice que si aprendemos más como funciona nuestro cerebro y cómo lo han utilizado otras personas de forma brillante antes que nosotros, seremos más capaces de crear un camino que nos conduzca a sentirnos mejor, evitar que la mente sea secuestrada por el estres, disfrutar de mayor calidad de vida interna en forma de felicidad y otras cualidades que todos deseamos. La mayor parte de los artículos de esta web están encaminados a recorrer este camino, y sobre todo a conectarlos y darles un sentido práctico para el estilo de vida que tenemos en estos días.

Yo pienso que existe una influencia trascendental en el funcionamiento de la mente, llámese Dios, Ser Superior, la Fuente, la Mente Universal o cualquiera de los nombres con los que lo etiqueta cada cultura. Este hecho es indemostrable, pero la física cuántica abrió la puerta a esta posibilidad y a fenómenos que no se pueden explicar de otra forma.

De forma similar Copérnico en su tiempo convenció que la tierra se movía en torno al sol… pero nadie sabía realmente cómo ocurría. 150 años más tarde Isaac Newton desarrolló las leyes de la gravedad, que explican cómo la tierra gira en torno al sol. 200 años después Einstein introdujo la Teoría de la Relatividad y descubrió algo que Newton había negado: la relación entre la materia y la energía (E=mc2). Quizás dentro de 400 años después lleguemos a comprender cómo se relaciona la mente, el cerebro y la materia.

Si te interesa abrir esta puerta te recomiendo leer los tres libros mencionados arriba, ya que son un puente de unión clave entre ciencia y espiritualidad.

Cuando las neuronas se activan juntas, se conectan juntas. La actividad mental crea nuevas estructuras neuronales. Hebb 1949. LeDoux 2003.

Este es el principio para la auto-transformación de la mente. Incluso leves pensamientos y sensaciones pueden dejar marcas profundas en nuestra mente, igual que un hilo de agua puede llegar a dejar marcas en una roca.

Cuando aprendimos a conducir un coche, tuvimos que utilizar los tres procesos de pensar, hacer y ser. Al principio agotábamos toda nuestra energía mental fijándonos en todos los detalles del coche, de la carretera, de lo que podría pasar, de nuestra posición, marchas, etc.

Después nos relajamos un poco, de forma que no era tan necesario pensar en todas las variables. Simplemente nos centramos en el conducir en si mismo (el hacer) y con eso bastaba para llevarnos a un sitio. 

Pero con más práctica y constancia llegamos a ser el conductor, un buen día sin darnos cuenta llegamos a conducir de forma inconsciente. Conducir se convirtió en una especie de segunda naturaleza. 

Casi todo lo que aprendemos en la vida sigue este patrón desde el pensar hasta el hacer, y más allá llegamos a ser. Existen tres áreas del cerebro que se encargan de este modo de aprendizaje. 

Numerosos científicos, neurólogos y con las pruebas de casos reales demuestran que todo cambio comienza con el pensamiento. Tenemos en nuestra mano la capacidad para crear nuevas conexiones y circuitos neuronales en nuestra mente, de forma que queden programados en el subconsciente en forma de hábitos. 

[¿Quieres cambiar tu vida? Te invito a echar un vistazo a toda la selección de artículos dedicada a los hábitos]

La mente además evoluciona constantemente y su habilidad para crear nuevos circuitos neuronales con el aprendizaje no disminuye con nuestra edad. Nuestro ambiente y nuestro enfoque consciente influyen para seguir creando nuevas habilidades, es la neuroplasticidad.

Aprender y desaprender están en nuestra mano para remontar nuestras limitaciones actuales y elevarnos por encima de las circunstancias. 

Durante la creación de un nuevo hábito, lo que estamos haciendo realmente es tomar el control consciente sobre lo que se había convertido de una forma inconsciente en nuestro ser. 

Para ese proceso de creación de hábitos debemos lo primero cambiar nuestros pensamientos y  emociones,y hacer algo para tener una nueva experiencia, la cual produce un nueva emoción, después debemos memorizar esa sensación nueva hasta que la convertimos en un nuevo “estado de nuestro ser”. 

Los tres cerebros

Nuestra máquina cerebral se puede dividir en tres partes que son las que gestionan el proceso de la creación de hábitos:

  • El “primer cerebro” es el neocortex o la mente pensante. Es la superficie periférica exterior del cerebro. Es el asiento de la mente consciente
  • El “segundo cerebro” es el sistema límbico, o mente emocional. Es el centro de control de todos los productos químicos que se segregan en el cuerpo. Está localizada en el interior del cerebro, aproximadamente en el centrol . 
  • El “tercer cerebro” es el cerebelo, situado en la parte de atrás y es el asiento de nuestra mente subconsciente

Ya hora veamos cada uno de ellos:

Desde pensar hasta el hacer: El primer cerebro. El neocórtex procesa el conocimiento y nos impulsa a vivir lo que hemos aprendido

La mente pensante es el neocórtex, es la superficie exterior con forma de nuez. Es la parte cerebral que más tarde se ha desarrollado, la más avanzada de toda nuestra maquinaria neuronal. 

El neocórtex es el asiento de la mente consciente, de nuestra identidad, y de otras funciones superiores. 

El córtex prefrontal es una de las cuatro partes del neocórtex.

Es el arquitecto de la mente, el diseñador. Es el que nos permite aprender, recordar, razonar, analizar, planear, crear, especular posibilidades, inventar y comunicarnos. 

Es la zona donde se guarda la información sensorial como lo que escuchamos y lo que vemos. Por ello es como el enchufe a la realidad. 

Es la parte que procesa el conocimiento y la experiencia:

Primero: acumulamos conocimiento en forma de hechos semánticos (conceptos teóricos o ideas aprendidas intelectualmente), y esto impulsa al neocortex a añadir nuevas conexiones neuronales y crear nuevos circuitos. 

Segundo: ese conocimiento se convierte en una nueva experiencia. Para ello se crean nuevos patrones llamadas redes neuronales que se forman en el neocórtex. Estas redes refuerzan el  circuito de conexiones creadas anteriormente durante la fase de adquisición de conocimiento. 

Para resumir, el neocórtex es el responsable de procesar ideas que todavía no hemos experimentado, son ideas que potencialmente pueden formar parte de nuestra experiencia en un momento futuro. 

Desde los nuevos sucesos hasta las nuevas emociones. El segundo cerebro: el sistema límbico produce sustancias químicas que son las que nos ayudan a recordar experiencias. 

Esta parte del cerebro se sitúa en el interior del neocórtex, y la tienen además del ser humano también otros mamíferos como delfines y primates. 

El sistema límbico es la mente emocional, y también la fábrica química del cerebro. 

En el momento en que se disparan las redes de neuronas en el neocórtex, la mente emocional fabrica y segrega las sustancias químicas en forma de péptidos. Este cocktail químico es el que contiene la clave para reflejar con emociones la experiencia del momento. 

Las emociones son las que señalan al cuerpo para que experimente lo que estamos aprendiendo. 

El sistema límbico ayuda de forma indirecta para formar la memoria a largo plazo: podemos recordar la experiencia mejor porque podemos recordar cómo nos sentimos cuando ocurrió el suceso. 

Tanto el neocórtex como el sistema límbico son los que permiten formar memorias declarativas (aquellas en las que podemos declarar lo que hemos aprendido o experimentado). 

El que estemos marcados emocionalmente por una experiencia es la obra del sistema límbico. 

Podemos decir que “el conocimiento es para el cerebro, y la experiencia es para el cuerpo” : usamos el conocimiento para crear una nueva experiencia, y enseñamos al cuerpo lo que la mente ha aprendido de forma intelectual. 

El conocimiento sin experiencia es mera filosofía; la experiencia sin conocimiento es ignorancia.

Los pasos para generar un nuevo hábito son:

  • Adquirir el conocimiento
  • Pasar a la acción para tener una nueva experiencia, la cual produce una nueva sensacion/emocion
  • Memorizar esta sensación
  • Trasladar esta suma de experiencia+ emoción desde la mente consciente a la mente inconsciente

Desde el pensar y el hacer, hasta el ser: El cerebelo guarda nuestros pensameintos habituales, actitudes y comportamientos

Cuando somos capaces de repetir una experiencia sin esfuerzo consciente entonces hemos memorizado la acción, el comportamiento y la reacción emocional y ésta ha llegado a convertirse en un hábito, en una nueva habilidad personal. 

En ese momento hemos pasado al estado del hacer al ser. Para ello ha sido necesario activar el “tercer cerebro” que juega un papel importante para cambiar nuestra vida, es el cerebelo, el asiento del subconsciente

El cerebelo es la parte más activa del cerebro y está situado en la parte trasera de la cabeza. Puede ser considerado como el microprocesador y el centro de la memoria. 

Cada neurona del cerebelo puede conectarse con hasta un millón de otras células, coordinar, darnos el sentido espacial de las partes del cuerpo, ejecutar y controlar movimientos, etc etc. 

El cerebelo guarda ciertos tipos de acciones simples, de habilidades y actitudes, las respuestas emocionales, las acciones repetitivas, los hábitos y los comportamientos condicionados, también los reflejos y los las habilidades que hemos memorizado y llegado a dominar. 

Es capaz de acceder a una gigantesca biblioteca de información y la convierte en programas establecidos de nuestro estado mental y corporal. 

El cerebelo es el que manda cuando hemos llegado a convertir una experiencia en nuestro estado de ser, conviertiendo esa nueva experiencia en una parte implícita de nuestra programación en el subconsciente. También guarda la memoria no declarativa, aquella que viene de algo que hemos aprendido mediante la repetición y ya no podemos declararla o describirla, simplemente forma parte de nuestras acciones y reacciones de tipo “piloto automático”.

Resumiendo: 

  • El cerebro pensante (neocortex) es el que usa el conocimiento para activar nuevos circuitos y nuevas vías para hacer una nueva mente. 
  • Luego nuestro pensamiento crea una nueva experiencia.
  • Gracias al sistema límbico aparece una emoción asociada a la experiencia. 
  • Nuestro pensamiento y emoción asociadas condicionan al cuerpo a una nueva mente, a una nueva realidad. 
  • Cuando la mente y cuerpo están funcionando en sintonía como si fueran uno, entonces el cerebelo nos permite memorizar un nuevo estado de ser, y ese estado se convierte en un programa más de nuestro subconsciente. 

Muchos autores han aplicado este concepto a un tipo de experiencias, por ejemplo en el artículo que dediqué al  El Juego Interior del Tenis, y otro artículo en creando hábitos un recorrido por el desarrollo del máximo potencial en el deporte y en la vida. También el clásico de Mihaly Csikszentmihalyi “Flujo” para alcanzar las experiencias pico de máximo potencial nos muestran cómo el acceso al subconsciente es la clave para multiplicar nuestra capacidad.

No cabe duda que apagar la voz de la mente es el primer paso hacia esa comunicación directa con la mente subconsciente que es la que nos permitirá dejar huella y programar nuevas formas de actuar y de pensar, en definitiva de crear nuestra realidad tal y como deseamos.

Cuando estamos visualizando un suceso o experiencia sin que ocurra en la realidad, estamos comenzando a crear caminos neuronales como si esa situación hubiera tenido lugar realmente. Al comenzar a dispararse esas redes, la mente crea una imágen multidimensional, que también incorpora sensaciones. Se le podría llamar “sensaimágen”, y es la forma más efectiva para comunicar con el subconsciente. Otros autores llaman a este tipo de imágenes “hologramas”, y el cerebro los interpreta exactamente igual que si la acción hubiera tenido lugar en realidad. 

¿Cómo pasar de los pensamientos al Ser, y crear nuestra realidad?

Es posible dirigir a voluntad nuestro enfoque para crear nuevos circuitos neuronales -independientemente de nuestra edad- y directamente alterar la actividad de la mente de una forma que aumente nuestro bienestar.

Existen dos métodos para crear la realidad directamente desde el pensamiento, y son la meditación con visualizaciones, y la hipnosis (y autohipnosis). Con ellos es posible comunicarnos directamente con el subconsciente y programar nuevo software en la mente para reinventarnos. La meditación con visualización y autohipnosis los introduciré en otros artículos más adelante.

Notas

  1. “La biología de la creencia” me dejó en estado de shock durante días. Con un lenguaje científico, el autor se adentra en los mecanismos de comunicación de las células y nuestro ser más allá de la materia, y abre la puerta a la Inteligencia Universal, o a la Fuente en la que todos estamos conectados. Es un libro de los que se puede considerar como la más importante referencia a estos temas. []
  2. “El cerebro de Buda” es un puente entre la neurociencia, el funcionamiento del cerebro, y la filosofía oriental -en concreto el Budismo-. Absolutamente recomendable para entender cómo funciona nuestra mente, las emociones y los hábitos, y relacionarlos con el sufrimiento, la felicidad, el amor y la sabiduría. Nunca había encontrado algo similar. Se puede decir que es la intersección entre psicología, neurología y espiritualidad. Los autores son un neurólogo y un psicólogo. Es más que brillante. []