Una entrevista a Obama relata cómo son sus hábitos de toma de decisiones en el día a día. Sorprende cómo es plenamente consciente de la limitación del poder de la voluntad y cómo la protege simplificando decisiones en lo que come, en como viste y en otras muchas costumbres. Llegué a este artículo a través de otro mostrado en la web de John Saddington, aquí. Un genial ejemplo acerca de la fatiga de decisión y como nos puede afectar.

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Es preciso eliminar las decisiones que absorben a la mayor parte de las personas en los momentos más claves del día. Verás que yo solo llevo trajes de color simple gris o azul. Trato de limitar mis decisiones. No quiero tomar decisiones acerca de lo que voy a comer o lo que voy a llevar puesto. Simplemente tengo demasiadas otras decisiones que tomar.

Obama conoce la ciencia detrás del poder de la voluntad , sabe que el tomar decisiones degrada la posibilidad de tomar más decisiones después.

Necesito estar enfocado para tener energía suficiente en el momento de decidir. Es preciso llevar el máximo número de rutinas posibles. No puedo pasar el día preocupado por decisiones triviales, necesito automatizarlas para no ocuparme de ellas.

La auto disciplina que es necesaria para hacer bien un trabajo tiene un alto coste.

Si da la casualidad que eres presidente en este momento, a lo que te enfrentas es principalmente no son problemas de relaciones públicas sino a una sucesión interminable de decisiones. El presidente es un decisor. La mayoría de las decisiones recaen sobre el presidente. Llegan de repente decisiones que hay que tomar sobre temas que están fuera de su control: derrames de petróleo, pánico financiero, epidemias, terremotos, fuegos, invasiones, terroristas en un colegio, y más y más y más. No llegan paso a paso, sino en oleadas, cuando menos te lo esperas, una encima de la otra. Nada de lo que llega a mi mesa es perfectamente resoluble. Si fuera así, otro lo habría resuelto. La clave es en tener en cuenta las probabilidades. Cada decisión que tomo puede llegar a tener un 30–40% de probabilidad de que llegue a funcionar. Uno debe sentirse confortable con la decisión que ha tomado y con la forma de hacerlo. Además de todo esto, una vez que he tomado la decisión, debo aparentar tener una total seguridad sobre de ella.

Uno de las particularidades de la voluntad es su rápido decaimiento. La toma de decisiones frecuentes agota el depósito de voluntad de forma drástica.

Creemos que la voluntad es un recurso ilimitado, pero realmente es al contrario. Se agota, y muy rápido. Y es preciso dejarla únicamente para los momentos que de verdad hace falta.

Unas personas debemos por nuestro trabajo tomar decisiones frecuentes, otras sin embargo lo hacen en aspectos más personales. Ser conscientes del poder de nuestra voluntad y de sus límites es importante para dar lo máximo en cada momento. Y especialmente cuando más falta nos haga.

En resumen:

La voluntad es un recurso limitado. Se agota rápido.

Es importante:

  • Automatizar decisiones
  • Programarlas en un gestor de tareas
  • Dejarlas para otros, delegar cuando sea posible
  • Tratar de centrarnos en aquellas de verdad importantes

La “fatiga de decisión” es un fenómeno bien documentado y conocido, y es interesante tenerlo en cuenta porque nos afecta radicalmente en nuestro día a día. Lo dice un presidente probablemente más ocupado y con más responsabilidades que cualquiera de nosotros.