Hay dos tipos de personas que te van a decir que tú no puedes aportar una diferencia a este mundo: aquellos que tienen miedo de intentarlo y aquellos que tienen miedo que seas tú el que tenga éxito.

Ray Goforth

Al llegar a esta página es posible que te estés diciendo “todo esto que me dices está muy bien, pero en mi vida no hay posibilidad de cambio, mi trabajo me lo impide, tengo mis obligaciones, familia, hijos, no puedo ponerlo todo en riesgo”.

La clave está en cómo enfocar los cambios que vas a hacer con tu trabajo, para efectivamente no arriesgarlo sino exprimir las posibilidades que dispones al máximo. De esto trata esto que viene a continuación y que te va a orientar en varias perspectivas.

El lagarto dentro de la botella.

Introduces una pequeña lagartija de campo dentro de una botella de cristal. Pones un tapón dejando que pase el aire y todos los días vas alimentándola poco a poco. En seguida verás como crece y antes de lo que esperas será imposible que se escape… incluso sin tapón. La lagartija intentará salir invirtiendo mucho esfuerzo. Pero ya no podrá. La única forma de salvarla es romper la botella.

Yo jugué a este y a otros divertimentos salvajes de pequeño, como quemar insectos con una lupa y similares. Incluso alimentaba a la lagartija con moscas que previamente había torturado. No le dí mucha importancia en vista de que todos mis amigos hacían cosas peores. Muchos años más tarde – y con algunos invertebrados menos en el mundo- me di cuenta de algo: nuestra vida puede transcurrir de esa forma.

Estudias, trabajas, te amoldas al medio que te rodea, aprendes costumbres que otros te transmiten, aceptas reglas y tradiciones.

Después te casas, trabajas y tratas de tener una vida lo más apacible posible… aunque en las telenovelas parezca más complicado.

Todo consiste en aceptar acuerdos que otros te han dicho. No todos los has entendido de verdad, de hecho ni te has parado a pensar si debías seguirlos.

Simplemente los has aceptado porque -principalmente- observas que todos los demás a tu alrededor hacen lo mismo. No eres raro. Copiar a veces es bueno. Lo malo es cuando anula nuestro sentido crítico.

Pero un día te despiertas.

Y desde ese día comienzas a hacerte preguntas.

¿y si…?

y las preguntas continúan.

Y te das cuenta que gran parte de lo que te ha sucedido fue al azar.

Pero podías haber planeado las cosas de otra forma. Incluso haber observado a otros que ya han recorrido el camino.

Elegimos entrar en la botella de la sociedad y engordar dentro de ella.

Allí no nos falta de nada, incluso a través del cristal vemos parte de algo que creemos que es la realidad. Ese recipiente de cristal crea un filtro a través del cual miramos sin pensar en la distorsión. Algunas personas sin embargo han conseguido ver a través del cristal y nos lo cuentan.

Descansamos y tenemos ratos en los que que disfrutamos del camino. La telenovela continua.

Pero un buen día… querrás salir de la botella.

Y no podrás.

Salvo que la rompas.

Érase una vez

Aquel chaval con una ausencia total de sentido crítico y sin experiencia, que se acercó a la recepción de una Escuela de Ingeniería sin tener la más mínima idea de las posibilidades y salidas profesionales que le esperaban.

Nuestro entorno nos supone perfectamente capaces de saber tomar una buena decisión. Es algo así como si a un inversor se le pide que invierta dinero en una empresa sobre la que no dispone ninguna información.

Todos lo aceptamos como algo normal.

La paradoja es que aún nos sentimos culpables cuando muchos años después empezamos a pensar que nos hemos equivocado.

Date cuenta: has confiado en un chaval de 16 años y sin criterio para que decida tu vida… ¿y aún no quieres cuestionarte si la inversión fue correcta?

¿Vas a sentirte culpable si años después decides cambiar?

Desde luego que no debes. Pero lo cierto es que es necesario plantearse el camino. Y antes de eso es preciso romper las limitaciones acerca de tu situación laboral.

No solo porque puede que las circunstancias no sean como pensaste… sino porque tu eres el que ha cambiado totalmente! y eso es lo normal. Todos tenemos la manía de inventar cada capítulo de la telenovela antes de verla.

No solo vas a tener que enfrentarte a tus inseguridades, sino a los supuestos guardianes de una puerta que es tuya: tus padres. Uno de los mayores retos en ese momento de incertidumbre serán paradójicamente las personas que más queremos – nuestros familiares y amigos… y especialmente los padres.

Acepta que ese camino de cambios no sea sencillo. Pero también acepta llevarte sorpresas respecto a quién y cómo estarán de tu lado.

Prestigio

El prestigio es uno de las mayores trampas en las que podemos caer fácilmente.

El prestigio es el excremento del proceso digestivo del ego de muchas personas a través de la historia, y aceptado sin esfuerzo por cada uno de nosotros -esta frase no es de Aristóteles-

El prestigio es el éxito banalizado.

Si ya es poco común que sepamos realmente cual es nuestra definición de éxito, el prestigio nos desubica, nos atrapa y nos impide acercarnos a cualquier meta.

El prestigio es el serial-killer de tus sueños. Es el que va a hacer que dejes de perseguir una meta a cambio de recibir una satisfacción inmediata.

Es muy fácil caer en él ya que todo lo que nos rodea – programas en televisión, cantantes, actores, y otros grandes maestros del triunfo rápido- nos llevan a creer que lo más importante de la vida es el “éxito fast food“.

Deja que ese sea el reto de otros, no el tuyo.

Una vez más los padres fallan aquí debido a su inclinación por el lado material más que por la felicidad de la persona -desafortunadamente creen que ambos están relacionados- así que el consejo paterno está poco equilibrado. Y no digamos el de la abuela.

Un buen indicador para hacer aquello que amas es pensar en los trabajos y en las personas que admiras. Ten cuidado al juzgar, ya que tendemos a hacer relacionar peligrosamente la admiración con el prestigio alcanzado.

Plantéate lo que de verdad quieres, como te gustaría llegar a hacer lo que amas. Huye del prestigio como un indicador a elegir.

Las personas jóvenes son las que más fácilmente pueden caer en la trampa de la ambición mezclada con el prestigio: una peligrosa combinación, podrías acabar como Justin Bieber.

Si quieres saber si una persona trabaja sin amar lo que hace, es muy sencillo: basta preguntarle si haría esa tarea sin ganar dinero.

Pregunta a un abogado corporativo si haría ese trabajo que detesta sin ser pagado, o a un cirujano de los que implantan silicona.

Ni el prestigio ni el dinero van a hacer que seas más feliz. Incluso hay organizaciones que se han dedicado a estudiar el nivel de felicidad de las naciones para saber si existe relación con su nivel de desarrollo. El resultado de este estudio es un “No” rotundo.

Una forma segura de acercarte a ser más feliz es disfrutar con lo que haces, entrar en estado de flujo con lo que has elegido entregar tu potencial -sobre ello puedes encontrar mucha más información en Hoy Motivación-.

La aprobación

Imagina que la energía que posees fuera agua en un recipiente. Puedes rellenarla, aumentar la cantidad e incluso transportarla. La aprobación se asemeja a las termitas que fabrican agujeros y hacen que el agua se te escape.

Tu energía, tu enfoque y tu capacidad para conseguir cualquier cosa se va perdiendo cada vez que buscas la aprobación de otros.

Una vez más la aprobación es un acuerdo que aceptamos de este juego tan complicado. Nuestros padres nos inculcaron la necesidad de recibir su aprobación a cambio recibir protección.

Azar y sueños

Quizás seas uno de los grandes afortunados que sabía lo que querías hacer con tu vida profesional cuando tenías 15 años.

La mayoría nos tenemos que contentar con descubrirlo -y equivocarnos- poco a poco, como si fuéramos corrigiendo la trayectoria de una carretera con muchas curvas y en cualquier momento pudiéramos caer en terreno equivocado.

Como hemos visto en otro artículo, la mayor parte de tu vida está creada al azar.

La única forma de crear tu realidad es vencer la corriente de forma consciente y embarcarte en un camino en el que nada es fijo. Es aceptar el cambio y caminar junto a él.

Pregunta a las personas que te rodean si están a gusto con lo que hacen. Pongamos que la respuesta es que no. Si tratas de ir más allá y seguir indagando el porqué y además te atreves a preguntarles qué es lo que les gustaría exactamente hacer, te darás cuenta que vas a incomodarles.

El motivo es que muy pocas personas que no están a gusto son capaces de saber exactamente a dónde quieren ir.. ni mucho menos el cómo van a llegar allí.

Son dos preguntas distintas.

Por un lado es necesario saber lo que quieres y por otro cómo hacerlo posible.

Cuando no sabemos el cómo (o los medios para conseguir algo) te puede anular la posibilidad de conseguirlo.

Ver las cosas “difíciles” pertenece al campo del “como llegar allí”.

Mientras que “quiero dejar de ser abogado para ser profesor de universidad” pertenece a “eso es lo que quiero”.

Si no las separas, nunca sabras realmente porqué estás descontento. Debes hacerte la primera pregunta sin contaminarte por la segunda.

Cuando comencé a pintar tenía tal energía y ganas que nunca me paré a pensar si lo hacía bien o no. Al principio tampoco pensé como iba a aprender y progresar. Nunca fue a clases ni mucho menos estudié Bellas Artes. El camino que recorrí fue tan increíble que todos los medios aparecieron a mi paso, uno a uno. Fue un proceso largo, una tarea de años. Cuando una actividad se convierte en estado de flujo y disfrute, nuestra capacidad se multiplica y hace que los medios aparezcan sin esfuerzo. En las galerías de arte me preguntaban en qué escuela aprendí. No creían que fuera autodidacta. Y yo no lo hubiera cambiado por nada.

Los medios vendrán luego, pero en primer lugar hazte las preguntas acerca de lo que quieres hacer en tu vida… como si fueras capaz de conseguirlo todo.

Y ahora pongamos que un buen día comienzas a hacerte esas preguntas. Quieres cambiar de ruta pero no sabes cómo, ni las alternativas ni como planearlo.

Encontrar el trabajo que amas no es sencillo, pero existen varias formas de acercarnos a él. Y lo único seguro es que deberemos crear nuestra realidad pasando a la acción.

Los enfoques del cambio

Pasarán los años y un día te plantearás si tomaste las decisiones correctas en cuanto a tu vida, y si has dedicado tu tiempo a hacer aquello te hace sentir vivo de verdad.

Hay dos tipos de enfoques para explicar esto. Quizás te resulte sencillo clasificarte en alguno de ellos como leerás a continuación.

Yo he usado desde hace más de veinte años el enfoque de las dos puertas que te presento aquí más abajo. Sinceramente no lo he planificado ni lo he elegido conscientemente. De hecho nunca me había planteado deliberadamente lo que escribo a continuación y por ello nunca tuvo sentido para mi pensar si mi enfoque era el bueno, ni siquiera si debía seguir algún tipo de plan.

Las cosas se ven claras cuando el tiempo ha transcurrido y tenemos la oportunidad de mirar hacia atrás. Que sencillo sería poder adelantarnos en el tiempo para mirar las consecuencias y entonces tomar una decisión… pero no es así.

No tenemos acceso a esa máquina del tiempo, pero siempre nos queda aprender de otros y de su camino recorrido.

El sentido común dice que si dedicamos un tiempo a entender lo que han hecho los demás, el porqué, y a qué resultados ha conducido, quizás nos ayudaría para tomar decisiones.

La carretera

Si trabajas con esfuerzo puedes llegar a ser muy bueno en lo que haces. Es posible disfrutar de una parte de las cosas que haces y aún aguantar temporalmente otras que no te gustan.

Si perseveras y aprendes, te harás más capaz y tendrás más oportunidades para elegir. Tomarás giros y curvas pero seguirás en el camino, progresando poco a poco.

Tu objetivo será sacar todos los puntos positivos de tu trabajo y alejarte de los negativos, y seguir avanzando buscando sentirte lo mejor posible con lo que haces.

Puede llegar un momento -gracias a tus decisiones- que cada vez te guste más lo que hagas y la carretera por la que transcurre tu ruta profesional sea agradable y la disfrutes.

También te lloverán oportunidades, no siempre serán obstáculos.

Este es un camino largo, a veces tortuoso. Habrán momentos malos y deberás poner tu empeño en no salirte de la carretera.

Al cabo de los años puede que seas feliz y que hayas ido acercándote a lugares que te llenan y con los que te sientes satisfecho.

Tu no planeaste el camino, se fue trazando poco a poco con decisiones -elegir y rechazar- y avanzaste hasta lugares que incluso no podrías haber imaginado.

Casi todas las personas siguen este enfoque: una vez se ponen en marcha siguen la ruta de esa carretera y tratan de convertir el trabajo en algo con lo que se sienten satisfechos.

Algunas lo consiguen, pero la mayor parte no.

Éste es un camino incierto y donde necesitas la ayuda de la fortuna para llegar a poder amar el trabajo en el que te has embarcado. Si lo has conseguido, eres un afortunado y te doy la enhorabuena. Chapeau.

Pero pongamos que eres más normal y no estás en el montoncito de los grandes afortunados de este camino.

El enfoque de las dos puertas.

Consiste en trabajar en cosas que realmente no te gustan para dedicarte a aquellas que realmente quieres.

Esta es la forma “radical” de decirlo, porque bien puede suceder que no odies tanto aquello en lo que trabajas, sino que simplemente no te llene. O te llene poco, o bien que lo haga solo en determinadas ocasiones.

Este es un enfoque al que la mayoría de los mortales podemos aplicar. Personalmente es el mío.

No requiere que dejes tu trabajo, ni tampoco que dejes de hacer aquello que amas.

Es el “camino del medio”. Pero es siempre posible. Y funciona.

En este enfoque tienes dos puertas por donde entrar y salir.

Tienes la puerta de tu trabajo, a la que accedes casi todos los días, de una forma mecánica y rutinaria. Puedes incluso tener días en los que deseas acceder a esa puerta, aunque sea trabajo.

No solo recibes un salario a cambio de tu tiempo y trabajo, sino que enriqueces tu vida personal relacionándote con compañeros que hacen que tus obligaciones resulten más livianas. Pero esto no siempre es posible.

Sin embargo cuando lo deseas siempre puedes acceder a la puerta de lo que amas. Es una puerta que debe estar abierta o cerrada a tu antojo, y solo al tuyo.

Hay un riesgo: puede ocurrir que tus obligaciones del trabajo -sobre todo si tienes éxito- hagan que cada vez te olvides de la puerta de lo que amas, y solo dejes abierta la de tu trabajo.

Esto lo he visto muchas veces. El éxito nos hace engordar como el lagarto dentro de la botella… hasta que ya no podamos salir.

Y cuanto más dinero ganes, menos probabilidad tendrás de abrir la puerta de lo que amas.

La ventaja de las dos puertas es evidente: libertad.

De esta forma sacrificas una parte de tu vida para disfrutar de otra, pero lo haces conscientemente, diseñándolo con cuidado y progresando poco a poco.

Tu capacidad de elección será alta, con lo cual tu posibilidad de ser feliz será también mayor.

Jubilación

También hay una variante de las dos puertas: y es mantener cerrada la puerta de lo que amas pensando que debes acumular dinero hasta que un buen día ya has reunido lo suficiente como para hacer lo que de verdad quieres.

Esta es la opción mayoritaria de nuestra sociedad. En ella posponemos el hacer aquello que de verdad nos hace felices hasta cuando lleguemos a la jubilación, y entonces a partir de ahí podremos empezar a vivir.

No se puede posponer la felicidad para la jubilación.

Si te paras a pensar, resulta ridículo posponer todo aquello que nos puede hacer sentir bien de verdad, liberar nuestros sueños para cuando seamos viejos y quizás no tengamos ni salud para disfrutar.

Es uno de los sin sentidos de nuestra sociedad, y es tan habitual que lo vemos como algo normal sin plantearnos lo ridícula que es la idea. Estamos bien metidos dentro de la botella.

Además de esto, olvidamos que mientras estamos trabajando nuestra mente sigue evolucionando en una dirección distinta a la que sería en caso de dedicarnos a aquello que amamos.

En otras palabras: nos podemos oxidar en el camino si no hacemos lo que nos hace felices y que cuando finalmente queramos abrir esa puerta ya esté atascada.

Si algo he aprendido hasta ahora, es que este enfoque de las dos puertas funciona de verdad cuando esas puertas se abren y se cierran todos los días. Funciona cuando saboreamos realmente aquello que deseamos hacer en pequeñas dosis y mezclado con nuestro trabajo “estándar”. Es ahí cuando nos mantenemos en un estado mayor de bienestar y nuestra mente lo agradece.

Esas dos puertas no pueden permanecer cerradas por mucho tiempo, no deben.

Si en este momento quieres saber cual de las vías es la mejor, creo que no existe una respuesta definitiva.

Cada persona tiene una tolerancia distinta a aceptar el sistema que nos rodea, a aceptar un jefe, a fingir que eres productivo en el trabajo, etc. Cada cual se amolda al entorno de una forma distinta. No todos pueden encajar en el show.

Si eres de los afortunados que saben la ruta que desean y que vas a ser pagado por ella, entonces adelante, no hay duda cual es tu elección.

Pero si no lo tienes totalmente claro, siempre podrás explorar y usar la técnica de las dos puertas.

Hay carreras que son más abiertas y en las que las dos opciones son posibles: puedes ganar dinero pero también te permite descubrir muchas vías en las que tener puertas abiertas a tu elección.

Cuanta más flexibilidad dispongas te permitirá tener más opciones para elegir y por tanto más probabilidades de acercarte a aquello que amas.

Cuando elegí mi carrera, yo no tenía ni idea de los caminos que se me podrían abrir. Recuerdo que en la escuela secundaria los lunes teníamos una clase de una hora acerca de “orientación profesional” -quizás la única buena idea que tuvieron los Hermanos Maristas- pero aún así la cantidad de información que tuve para tomar una decisión sobre mi carrera profesional fue ridícula, bajísima.

Ante la duda, el único camino correcto es buscar el más ancho. Siempre es posible re-orientarnos, y casi siempre es necesario hacerlo.

Recuerda que tu profesión la eligió un adolescente al que quizás ya no conoces. Por ello parece lógico replantearte todo lo que estás haciendo.

Encontrar el trabajo que amas y dedicarte a él es difícil, pocos he conocido que lo hayan conseguido.

Pero los que lo lograron son personas más felices que el promedio. Gracias a observar a muchos de ellos he aprendido estas lecciones.

Espera dificultades, espera elecciones complicadas. Pero debes seguir tu pasión pase lo que pase.

Haz lo que amas.

Una vez te has embarcado en ello, la primera que tienes que hacer es si quieres seguir en la carretera, o usar la estrategia de las dos puertas.

La gente que es feliz, ama lo que hace.

Por ello es algo al que hay que dedicar tiempo a pensar, y ponerlo encima de la mesa.

¿Lo tienes claro? Ahora queda mancharte las manos de aceite con lo que viene a continuación.

Los hábitos

Cada vez que veo la sección de tecnología del periódico me llama la atención los casos de éxito que presentan. A veces las ideas son tan simples y hasta infantiles que me choca que se hayan convertido en un gran éxito.

“Yo también podía haber tenido esa idea”, me digo a mi mismo. Los norteamericanos son especialistas en eso. Creo que yo no lo he conseguido porque me falta el garaje.

Más ejemplos: en mi carpeta de “favoritos” de internet tengo unas cuantas webs que me asombran en cuanto a la popularidad y alcance que han conseguido. Parece mentira cómo una idea simple se puede llegar a expandir de esa forma.

Lo que diferencia a unas ideas de otras es la disciplina y el esfuerzo que está detrás. Eso no siempre es visible y por ello no debemos compararnos ni frustrarnos si parece que no nos acercamos… porque no tenemos ni idea de la energía que hay detrás de sus proyectos.

Es como ver únicamente la punta del iceberg sobre la superficie del agua.

Desde hace un par de meses participo en un mastermind group -yo de broma lo explico diciendo que es como una reunion de alcohólicos anónimos pero sin alcohol y por Skype- orientado a hacer proyectos en Internet. Allí se asombran que en un año hoymotivacion.com tenga tanta audiencia. La clave es lo que no se muestra, el iceberg bajo el agua. Sin mis tres fracasos anteriores y mucho aprendizaje y esfuerzo lleno de dificultades esto no habría sido posible.

En ese mastermind group nos planteamos cual sería el proceso para admitir a una nueva persona al grupo. Queremos ser restrictivos para asegurar que todos podamos compartir experiencias sin que haya desigualdades.

La primera pregunta obvia para entrevistar a un candidato sería:

“Cuéntame lo que has conseguido, muéstrame tus logros actuales”

Pero finalmente decidimos unas preguntas totalmente distintas, del tipo:

“Dime en cuántos proyectos similares has fracasado”

De forma que no admitiríamos a nadie que no haya fracasado al menos dos veces. Nos deberían llamar “los Happy Losers”.

Los fracasos son una garantía de madurez y ayudan a saber si esa persona ha pasado a la fase de convertir acciones en hábitos y en perseguir una mejora continua.

Generalmente nos gusta centrarnos únicamente en los resultados, pero lo más importante son los engranajes, conocer lo que hace que todo se mueva.

Pregúntate siempre que puedas qué hay detrás, profundiza para llegar a darte cuenta más allá de las apariencias.

Esos engranajes siguen girando gracias a los hábitos. Y conocer cual es el mejor aceite para que rueden es la única forma de materializar una idea.

Una vez que tenemos todo más o menos claro y las ideas para pasar a la acción han sido definidas, aun quedan la ignición de la motivación, el combustible de la voluntad y el aceite de los hábitos.

Da igual lo brillante que sea tu idea, y está bien que hayas separado bien -como dijimos antes- la parte de creación de la parte de ejecución.

Pero ahora queda quizás lo más difícil, y es ejecutar y hacer girar la maquinaria. La aventura de verdad comienza aquí.

No dejes que tu vida la diseñe el azar.

Pasa a la acción y haz lo que amas.