Finalmente te llegarás a dar cuenta que la felicidad se reduce a elegir entre el malestar de llega por ser consciente de tus adicciones mentales y el malestar de estar dominado por ellas.
– Yongey Mingyur Rinpoche

Dentro de la serie de artículos dedicada a la mente, hábitos y comportamiento humano, el budismo nos ofrece una visión corroborada por la neurociencia acerca de cómo reaccionamos y nos aclara porqué entramos en una escalada de malestar e infelicidad que nos afecta directamente y también a los que nos rodean[1] . Es una muestra más de la relación que hay entre mente y sufrimiento.

El primer dardo de la existencia

En el budismo se define el “Primer dardo de la existencia” como aquello que nos sucede en el día a día y nos causa malestar. En esta categoría está todo lo que vivimos y nos llega a afectar causando dolor: relaciones, pérdidas personales, enfermedad física, etc. Son inevitables y por el hecho de vivir siempre nos van a llegar.

El segundo dardo de la existencia

Una vez suceden los primeros dardos les cargamos de energía y les añadimos reacciones. Los segundos dardos son aquellos que nos lanzamos a nosotros mismos.

La mayor parte de nuestro sufrimiento llega de los segundos dardos.

Imagina que estás andando de noche en una habitación sin luz y tropiezas con la pata de una silla que te golpea en el dedo gordo del pie. El dolor que sientes es el primer dardo (es un dolor real, en este caso físico), pero después comienzas a fabricar los demás: “¿Quién movió esa silla?! Porqué nadie viene a ver que ha pasado?” exclamas enfadado.
Puede que experimentes esa reacción porque de pequeño tuviste una falta de atención de tus padres. Ahí es cuando surge el segundo dardo: el sentirte ignorado en tu infancia es algo que te cuesta soportar y reaccionas.

Los segundos dardos desencadenan aún más segundos dardos mediante la asociación de redes reuronales: te sientes culpable por tu reacción desproporcionada con tu enfado porque alguien movió la silla, o te pones triste porque al enfadarte has herido a una persona a la que quieres.

En las relaciones eso es justo lo que ocurre, los segundos dardos causan círculos viciosos: las reacciones de tus segundos dardos crean reacciones en la otra persona que a su vez desencadenan más segundos dardos en ti, y así se repite una y otra vez en una escalada de tensión.

Reaccionando desproporcionadamente sin motivo

Lo lamentable es que casi todos nuestros segundos dardos ocurren sin que se pueda encontrar ningún primer dardo, es decir cuando no hay ninguna relación entre lo que estamos experimentando y nuestra reacción. Les añadimos sufrimiento.

A veces llego de un viaje de trabajo cansado física y mentalmente. Entro en casa y me la encuentro hecha un desastre, platos sin lavar, plumas de mi querida cacatúa por todas partes y el frigorífico vacío. A veces reacciono normal, pensando que probablemente mi esposa ha estado muy ocupada en su trabajo y no ha tenido tiempo. Pero otras veces reacciono desproporcionadamente de forma ridícula. Aquí no hay un primer dardo, no hay nada que me haya causado daño como para reaccionar, nadie ha entrado a robar ni hubo un incendio en la casa.
Aquí han entrado los segundos dardos directamente.
Podría haber elegido no reaccionar, pasar del tema, o incluso hablarlo de forma tranquila.

Reaccionando mal en una situación positiva

Los segundos dardos a veces ocurren activados por un hecho positivo. Imagina que alguien te dice un piropo: “María, hoy estás guapísima”. Desde luego que es una situación positiva, pero podemos darle la vuelta a la tortilla y torturarnos: “Mmm, realmente al levantarme me sentí hecha un asco y por eso he tenido que arreglarme más de lo normal para aparentar estar bien. Soy un fraude, realmente de forma natural no gusto a nadie”. Justo aquí se activa un segundo dardo en ausencia de primer dardo ( sufrimiento por algo real) y para colmo surge en una situación positiva.

El segundo dardo surge alimentado por los tres venenos:

  • Las adicciones mentales me atrapan en aquello que deseo, en cómo quiero que el mundo sea conmigo.
  • El rencor me lleva al enfado y a estallar
  • La visión ilusoria de lo que experimento me hace tomarme la situación personalmente.

El ser conscientes de esta cascada de reacciones marca un antes y un después en nuestras reacciones. Sabemos que no se pueden controlar ciertas situaciones pero está en nuestra mano cambiar nuestra forma de reaccionar.

Suena fácil decirlo pero es bastante difícil hacerlo. Al ser conscientes de estos mecanismos nos coloca en un pequeño escalón por encima… siempre que las tengamos en cuenta en ese fatídico momento.

 


  1. Este artículo surge gracias al extraordinario libro Buddha’s Brain: the practical neuroscience of happiness, escrito por dos neurólogos. Puedes encontrar más recomendaciones en la sección de libros y recursos  ↩