La meditación no es el medio para llegar a un fin. Es ambos, el medio y el fin.

– Jiddu Krishnamurti

Hay dos formas de crecer de forma significativa. Una de ellas llega cuando sucede a nuestro alrededor un hecho traumático: la muerte de un ser querido, una ruptura dolorosa, un fracaso en algo en lo que nos hemos jugado mucho.

Tras uno de estos sucesos siempre cambia nuestra perspectiva por dentro. En medio del dolor de ese golpe a bocajarro suceden cosas positivas.

Cuando paramos a pensar en ello, nos damos cuenta que no ha ocurrido nada que no estuviera ya antes delante de nosotros -a veces exactamente delante de nuestra cara- pero ese golpe de repente cambia la dirección en la que apunta del faro de nuestra consciencia.

Es una simple cuestión de enfocar esa luz que nos hace ver.

Cuando ese faro gira sin control, nos perdernos en problemas miserables, discusiones estúpidas para tratar de llevar la razón o problemas de pareja de los cuales nos avergonzaremos más adelante. Nuestro comportamiento parece caprichoso pero no lo es, es importante conocer más sobre cómo y porqué reaccionamos.

Tras ese golpe en la vida puede que nos despierte y nos permita ver ese brillo. Puede que sea momentáneo, una pequeña llama que llega y se apaga. O quizás dura unos días, incluso unos meses. Es una luz que se va consumiento pero que mientras exista dejaremos de hundirnos en el suelo que pisamos.
Otras veces sin embargo dura mucho más y nos hace cambiar la perspectiva de por vida. Si es así, tras el choque ya nunca seremos distintos.

Me he encontrado con amigos y familiares a los que les ha sucedido. Alguno fue algo tan drástico y al mismo tiempo positivo, que llegaban a parecerme cambios de personalidad.

No se tu, pero a mi me gustaría usar otra forma en la que no hiciera falta esperar a un choque para cambiar. Por varios motivos:
En primer lugar porque ese choque es fortuito. Puede que suceda, puede que no.
Pero puede ser también que el choque nos sumerja en una depresión y no nos lleve al camino adecuado.
Al fin y al cabo, sería estúpido que la estrategia fuera esperar un buen golpe con objeto de mejorar en nuestra vida.

Prefiero tratar de hacer algo voluntariamente que me conduzca a una mejora sin esperar a que un golpe me coloque en mi sitio. Y afortunadamente hay formas de conseguirlo.

Otra forma de crecer por encima de muchas miserias que nos atrapan en el día a día es el silencio. Unos también lo llaman meditación, otros mindfulness, pero el principio es el mismo. Apagar el ruido aunque sea por un rato coloca en una posición distinta.

No hay que engañarse: los problemas seguirán ahí y no desaparecen con esa práctica. Sin embargo el poder del silencio hace cambiar cómo interpreto lo que sucede a mi alrededor y cómo me afecta emocionalmente. A veces es mucho, a veces no, pero un 10% de resultado implicaría grandes cambios.

Hay gente que lleva años en esto y que dicen que hay que meditar sin esperar nada, porque no va a suceder nada mientras lo hacemos. Y así es. Pero por otro lado los cambios más grandes suceden ahí, en ese cambio de perspectiva en el que la luz del faro apunta justo a donde debería. A parte, influye de forma directa cortando los circuitos de la anatomía del estrés, que tanto nos hace falta.

Cuando ocurren estos momentos llegamos a dejar de identificarnos con nuestros problemas, con nuestro cuerpo e incluso con nuestra mente. Muchos han tratado de explicarlo: no somos ni lo que pensamos ni tampoco nuestro cuerpo y creo que es muy importante recordarlo. Es complicado dar a entenderlo con palabras, ya que no parece estar previsto para ser contado ni por escrito ni con la voz.

Yo no soy capaz de mantener el faro apuntando a ese lugar durante mucho tiempo. A veces lo consigo durante segundos, o minutos. Incluso a veces lo intento y no lo consigo. De hecho me cuesta muchísimo mantener una regularidad en la práctica. Por eso no dejo de aprender y de escribir sobre la ciencia de los hábitos, que es la única clave para incorporar cambios en realidades.

La buena noticia es que cada uno de esos instantes deja huella. Si sucedió en la mañana, el día de trabajo será distinto, o si sucede en la tarde veré las cosas con mucha menos negatividad.

¿Y cómo aplicarlo durante un día de trabajo? ¿cómo practicarlo con regularidad en una vida llena de prisas, obligaciones y situaciones que debemos soportar?
Amigo, ese es el reto. Te mentiría si te digo que yo tengo la solución. De hecho si la tuviera a lo mejor no estaría escribiendo en esta web. Solo sé que lo conseguiremos algún día y me gustaría seguir contando mi torpe camino aquí.

Hay muy pocos, poquísimos libros realmente buenos acerca de meditación[1] , porque igualmente todos ellos utilizan la palabra para explicar algo que quizás no se puede explicar con ella.

Para reducir al máximo la lista, recomiendo dos. Afortunadamente ambos en español. Si no quieres perder el tiempo (y después de que yo si lo he perdido) simplemente lee el de John Kabat-Zinn porque realmente no hace falta otro. Está escrito para lectores occidentales y está alejado de toda referencia a cualquier creencia. Es una mezcla perfecta destilando lo mejor de otras culturas de forma inteligente, amena y sencilla de leer.

Referencias

Merecen la pena.

  • Mindfulness para la vida cotidiana. De John Kabat-Zinn. Aquí tienes la edición en español y la versión original en inglés. Este autor es uno de los que más repercusión han tenido a nivel mundial trayendo la meditación mindfulness a una perspectiva occidental. Es profesor en medicina y un destacado investigador del estrés y problemas de ansiedad. Todos sus libros son de un nivel muy alto y además sencillos de entender.
  • La biografía del silencio. Pablo D’Ors. Original en español. Interesante recorrido en el que el autor narra su experiencia personal, de una forma muy honesta y dando una perspectiva realista de lo que sucede al meditar. He publicado un artículo acerca de este libro.

  1. Hay cientos de libros sobre meditación y mindfulness. En los últimos años se han disparado y parece una moda. Es como si algo cuyas instrucciones ya están escritas hace 2.500 años, de repente nos interesara porque lo ha dicho alguien en la televisión. La mayor parte de los libros que se venden son resumenes con más o menos fortuna adulcorados. No así con estos dos que cito en este artículo.  ↩