La semana pasada cayó en mis manos un fantástico libro de divulgación llamado “Una muy breve historia de casi todo“, del autor Bill Bryson. Aquí puedes comprar la versión en papel en español y también la versión Kindle en inglés. Está siendo una sorprendente experiencia leerlo y aprender desde la formación del universo pasando por el origen de la vida y muchos otros temas. El lenguaje es divulgativo y a pesar de lo complejo de la temática siempre acierta para conectar con el lector y mantener la atención sin perdernos en detalles ni adentrarse en alta ciencia.

Este artículo es un pequeño resumen y mi adaptación libre del primer capítulo de dicho libro, vinculándolo también a otros temas que he publicado antes en Hoy Motivación. Espero te guste y te haga pararte a pensar.
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Miles de millones de átomos se han agrupado de una forma deliberada para crearte. Esta es una entre otras trillones de posibilidades, pero sin embargo es la única combinación que ha funcionado para que existas y puedas leer estas líneas. Durante muchos años (espero) estas partículas seguirán unidas y harán todos los esfuerzos posibles para que permanezcas intacto y puedas experimentar lo que hemos llamado como “existencia”.

– Bill Bryson. Una muy breve historia de casi todo

El porqué los átomos han llegado a agruparse así sigue siendo un gran misterio. Lo que tu eres a un nivel microscópico -y por debajo- son simplemente átomos. Y los átomos no tienen absolutamente ningún interés por ti. De hecho no saben dónde estás. Estás hecho de partículas sin mente, y ni siquiera ellas tienen vida. Pero aún así esa caprichosa combinación de trillones de átomos es aquello de lo que estás hecho y además lleno de vida.

Una vida humana -pongamos una persona de 80 años- dura 700.000 horas. Al final de esas horas todos esos átomos dejarán de estar agrupados y se transformarán en otras cosas, dejándote totalmente de lado.

La vida es algo muy curioso, ya que los mismos átomos que se agrupan para formar los seres vivos de la Tierra, son los mismos que deciden hacerlo en otras partes. Los elementos químicos que dan lugar a la vida ser repiten igualmente en el mundo material inanimado.

Los elementos que conforman la vida son muy básicos : carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, y algunos en menos proporción: fósforo, calcio, azufre. Todos ellos pueden comprarse en la farmacia de tu barrio. Estás hecho de esos elementos, al igual que todo lo que te rodea y que puedes ver. Y también lo que no alcanzas a ver.

Lo único especial de los átomos que te han creado … es que te han creado. Ese es el gran milagro de la vida.

Y nos planteamos si hay vida en otras partes. Bien… esos mismos átomos componen mucho más, de hecho componen todo lo demás. Sin ellos no existiría el agua, ni las rocas, ni el cielo, ni las estrellas.

No hay ninguna ley que exija al universo que se llene de pequeñas partículas de materia para llegar a producir la luz y la gravedad y las otras propiedades físicas que conocemos. De hecho no haría falta que hubiera un universo! Y durante mucho tiempo no lo hubo. No habían átomos ni ningún universo en los que pudieran flotar. En un tiempo no había NADA. Nada en ninguna parte.

Es gracias a los átomos que estamos aquí. Pero el hecho que tengamos átomos y que se unan de una particularísima manera es solo una parte de lo que ha hecho que estemos aquí.

Estamos vivos en el siglo XXI y tenemos la suerte de ser conscientes de ello, también hemos sido agraciados con una enorme fortuna en la cadena biológica.

La supervivencia en la Tierra es algo extraordinariamente complejo, y afortunadamente hemos sido equipados con un extraordinario equipo de supervivencia que tenemos programado en nuestro cerebro.

Se puede decir que esos “programas de supervivencia” que tenemos incorporados y que nos sirvieron para la subsistencia, enfrentarnos a peligros y saber cuando huir o enfrentarnos a las amenazas, los tenemos intactos.

El problema es que las amenazas han cambiado pero no lo han hecho nuestros mecanismos de emergencia, todos ellos gobernados por neurotransmisores y rutas neuronales que conectan con sistemas del organismo y definen el comportamiento humano.

De todos los billones y billones de especies de seres vivos que han existido desde el origen de los tiempos, el 99.99% ya no existe. La vida es extraordinariamente breve. Es curioso que hemos llegado a vivir en un planeta que es muy bueno para promover la vida, pero incluso más eficaz para quitarla.

Hay dos formas de vivir:
Una es pensar que nada es un milagro.
La otra es pensar que todo es un milagro.
― Albert Einstein

No solo has tenido una suerte extraordinaria para haber llegado aquí unido a una línea inmemorial de evolución favorable, sino que has sido agraciado con esa increíble fortuna aplicada a tus ancestros personales.

Piensa que otro milagro más a considerar es que todos tus ancestros -uno tras otro- durante miles y miles de años consiguieron evitar ser heridos, devorados, aniquilados por enfermedades, por la falta de agua y alimento, etc, etc. Es una fortuna que se une a otra, y después a otra más.

Toda esa sucesión de milagros -unida a la caprichosa unión de trillones de átomos y muchos hechos más- han hecho que estés aquí.
Esta es una primera forma de ver este milagro. Pero hay muchas más.

¿En qué momento esos mismos átomos hacen para que llegues a ser consciente de ti, que puedas identificarte como un ser individual? El nacimiento de esa identificación -el que puedas señalarte con el dedo índice y decir “soy yo”- es fruto también del nacimiento del ego. No hemos nacido con él. Esa identificación llegó tiempo después de nacer. En un principio todo está conectado, somos átomos al igual que todo lo que nos rodea. No existe un principio y un final, la separación que hacemos entre nosotros y lo demás es simplemente una ilusión.

Nuestros mecanismos de supervivencia que tenemos incorporados son los que llevan a hacernos creer que estamos separados del Todo. Las personas que han sufrido accidentes en un lado particular del cerebro -que es donde nace esa identificación- nos muestran cual sería el estado en el que viviríamos conectados con todo lo demás. No creo que ese estado sea el deseable para una vida en la que debemos cumplir con retos, obligaciones y llevar a cabo las actividades diarias.

PERO

La realidad es que estamos en el polo opuesto, y el sentido común nos dice que los estados más útiles se suelen encontrar a medio camino de los extremos. Nuestro ego es el que nos domina al 100%, ni siquiera somos capaces de controlar la voz de nuestra cabeza -que es la voz del ego- y ese sentido de desconexión del resto es el que genera los problemas de mundo en forma de guerras, envidias y odio. El ego es también el que genera toda nuestra infelicidad, paranoias y limitaciones.

¿Cómo sería nuestra vida si consiguiéramos al menos disolver una parte de esas capas que nos impiden ver la realidad?

Imagina que pudieras derrotar a un 5% de tu ego… y si llegaras a un 20%?

Aunque suene complicado, hay civilizaciones enteras que desde hace más de 2000 años nos han enseñado como hacerlo. Y está escrito.

Volviendo a la suerte: somos el único animal que puede elegir hacerlo, nuestra voluntad consciente es otro regalo con el que podemos moldear la mente y enfocar nuestras acciones para conseguir metas. Si queremos, podemos disolver esas capas. Es lo que nos enseñan los maestros de la no-dualidad y la filosofía Advaita como Ramana Maharsi, Nisargadatta Maharaj, David Hawkins, Douglas Harding, Michael Singer, y manuales de comportamiento humano al completo traídos del oriente como el Budismo.  Es relativamente sencillo llegar a entenderlo y acumular ese conocimiento, pero algo muy distinto es llevarlo a la práctica del día a día.

Personalmente me considero lejos de alcanzar cualquiera de esas metas, pero espero este esfuerzo de compilar y conectar sirva en un momento dado. El conocimiento es precursor de la comprensión, así que aunque estemos en una fase previa, podemos estar seguros que nos estamos acercando.

Solo se vive una vez. Pero si lo haces correctamente, con una basta.
― Mae West