Un efecto de la conexión brutal a la que estamos sometidos a través de las redes sociales y nuestro permanente enganche a Whatsapp, Facebook y todo tipo de aplicaciones via Internet es la constante comparación que hacemos con los demás.

La vida de los otros aparece como un escaparate delante de nosotros minuto a minuto y aunque tenemos elección para desconectar, la realidad es que estamos expuestos a los “éxitos” de los demás diez veces más que hace unos años. Es simple y rematadamente adictivo pulsar un botón para estar enterados de lo que ocurre con la persona X (aunque por dentro sabemos que no nos importe en absoluto que se haya comprado ese coche o que se haya ido con su pareja al Caribe). Nos gusta mirar por ese pequeño agujero que las redes abren a la vida de los demás. Lo llamé “disconnecting people” en aquel artículo.

Me he cegado por el brillo del éxito de otros, por las ganas que tengo de triunfar. He deseado tanto algo que no tengo, que he dejado de disfrutar realmente.

Esta frase resume la situación que todos hemos pasado y es el “Miedo de perderme algo” o FOMO (Fear of Missing Out) –los americanos inventan acrónimos para todo-.

Esto no tiene nada nuevo en si mismo: compararnos con los demás y la ansiedad que genera tiene tantos años como los que llevamos caminando. Sin embargo lo que es nuevo es la enorme exposición a FOMO que tenemos actualmente debido a los medios y a las redes sociales.

Una de las más brillantes explicaciones de cómo nos afecta la ansiedad social por reflejarnos en el éxito de los demás está contenida en este genial video TED de Alain de Botton.

En este año 2015 y en el anterior hemos asistido a un “boom” de libros, webs y videos de “mindfulness”, que son versiones azucaradas y comercializadas para vendernos algo que está a nuestra disposición desde hace 25 siglos. Cualquiera que invierta un mínimo tiempo a investigar se dará cuenta que “mindfulness” es uno de los 8 caminos que enseña el budismo para liberarnos de dukkha (insatisfacción, sufrimiento). El boom actual es una forma de sacar de contexto totalmente ( y por ello perder el sentido ) de lo que significa el término y vendernos un nuevo producto de la factoría “autoayuda para cambiar tu vida”.

Este producto comercial me recuerda a otro de los fenómenos de embotellar algo que ya existe para que lo compren millones de personas, un libro llamado El Secreto, igualmente sucedáneo edulcorado para las masas de otros textos que ya existían (ver aquí el origen real de El Secreto y aquí para conocer sobre el origen de la Ley de la Atracción).

Ojalá no perdiéramos nuestra mayor capacidad que nos separa del resto de animales del planeta: nuestro sentido crítico.

Quizás el repentino interés de los medios por el Miedo a Perdernos Algo está relacionado con este mismo boom comercial del “mindfulness”. Sin embargo me interesa porque pienso que realmente su efecto se ha multiplicado en todos los que hemos caído en la trampa del exceso de comunicación (por describirlo de alguna forma).

Efectos del Miedo a Perderme Algo

Dejar de apreciar los pequeños detalles del día a día es dejar de vivir. Esto incluye actividades tan simples como salir a la terraza y disfrutar mirando los diferentes tonos de la superficie del mar, es dejar de apreciar el silencio sin internet ni redes sociales, es dejar de hacer las cosas sin necesidad de demostrar nada a nadie.

Únicamente cuando mi yo se separa del ego es cuando mi Yo surge.

Y esos momentos solo pueden llegar cuando apreciamos lo que aparentemente es trivial.

Pero también se puede reformular al revés: es cuando apreciamos las pequeñas cosas conscientemente cuando reconectamos con lo que más importa, con lo único que importa… Y lo olvido constantemente.