El lenguaje y la traducción matiza mucho y frecuentemente limita la comprensión. Existen multitud de autores cada uno con un background diferente y muchos de ellos provienen de otra cultura, lo que hace aún más difícil la traducción porque se pierde el trasfondo y el contexto. Entre el enfoque “occidental” y el de la cultura hindú de la que proceden muchos de estos textos importantes hay una separación que el lenguaje no logra disipar.
Pongo un ejemplo, el libro “I am That” de Nissargadatta proviene de las grabaciones de las conversaciones que mantuvo con las personas que acudían a su pequeño apartamento en la India. Él hablaba en Marati, su traductor (que estaba presente para traducir a los oyentes, la mayor parte de habla inglesa) hacía lo que podía para traducir lo que Nissargadatta decía, sus gestos y entonación se pierden totalmente, y quién sabe lo fiel que estaba siendo el traductor. Después otra persona recopiló esas grabaciones y las escribió en inglés. Tiempo después se ha traducido a multitud de idiomas, entre ellos el español. Como se puede ver desde la transmisión original del lenguaje han sucedido dos o tres grandes “alteraciones” en cadena, que hacen imposible que se mantenga el efecto inicial.
Lo mismo ocurre con cualquier otro maestro. Ramana Maharsi no tuvo grabaciones de audio y todos los libros que existen sobre él provienen de los apuntes de las charlas que varias personas realizaron, muy pocas de ellas fueron supervisadas por Ramana.
No todos tenemos la fortuna de escuchar a alguien así en directo y menos aún en nuestro idioma, por lo que solo podemos conformarnos con intentar usar siempre la mejor traducción y siempre en lo posible que haya pasado por el menor número de cadena de traducciones. Las traducciones al español no se hacen directamente desde el idioma original sino desde el inglés, por eso para evitar un eslabón más es siempre mejor usar la versión en inglés.