Cuando pensamos acerca del trabajo, las primeras ideas que surgen son insatisfacción y estrés. Para la mayor parte de nosotros, el trabajo es el último lugar en el que esperamos encontrar satisfacción, crecimiento personal y mucho menos espiritual.

Hace unos días cayó en mis manos una referencia al libro Awake at Work: 35 Practical Buddhist Principles for Discovering Clarity and Balance in the Midst of Work’s Chaos. Después de leer bastantes comentarios en Amazon supuse que iba a ser interesante y no me equivoqué. He leído ya el 80% y nos ayudará a todos a equilibrar vida y trabajo.

En este libro, Michael Carroll (profesor de meditación, coach ejecutivo y director de una corporación [1] ) comparte la sabiduría Budista con nosotros y nos da las claves para convertir los desafíos del trabajo y el estrés diario del lugar de trabajo en oportunidades para ser mucho más efectivos. El autor nos muestra cómo el trabajo -independiente del que tengamos- puede llegar a convertirse en una de las actividades más enriquecedoras de nuestra vida.

El libro Awake at Work nos plantea 35 principios que pueden ser usados durante el día para comprendernos mejor en el trabajo y comprender a los demás. Estás máximas deben ser tenidas en cuenta en el ambiente laboral y en medio del caos. Proporcionan claridad, sabiduría e inspiración. Es una invitación a redescubrir nuestro sentido del goce en el trabajo, nuestra inteligencia natural y la confianza en nosotros.

Nota: En este artículo trato de extraer lo mejor del primer capítulo, en el que se presenta la primera de las 4 máximas principales para utilizar en el trabajo (de un total de 35). Te recomiendo comprarlo y leerlo entero.

Recuerdo cuando comenzaba a aprender a montar en bicicleta.
En aquel momento me dejé llevar completamente por primera vez. Abandoné mi miedo a caer, y dejé de pensar en la necesidad de llevar las ruedas laterales. Confié en mi mismo y me abandoné al instante al máximo[2].

Fue la primera vez que confié totalmente en mi mismo, permitiendo usar mis habilidades naturales como el sentido de alerta y la flexibilidad. Había aprendido a tener equilibrio.
Este ejemplo muestra perfectamente como podemos conseguir ese equilibrio en el trabajo y en nuestra vida.

Todo esfuerzo para llegar a estar en algún otro lugar, ya sea en nuestra carrera profesional, en nuestra vida o simplemente montando en bici, depende primero de estar en alguna parte, dejar a un lado nuestros miedos, deseos hábitos y rutinas, y confiar en nosotros en el momento presente.

Confía que puedes llegar a montar en bici sin llevar colocadas las dos ruedas laterales para ayudarte a mantener el equilibrio, confía que puedes construir una carrera sin miedo, confía que puedes llevar una vida sin resentimiento.

El equilibrio es fruto de estar presentes y alertas a lo que sucede, conscientes de nuestros recursos naturales, flexibles y relajados [3] .

Para llegar a estar en algún otro lado, primero debemos debemos estar aquí y ahora.

El trabajo tiene la particularidad de sacarnos de nuestro centro de equilibrio, nos hace enfocar en el futuro, preocupándonos por dónde deberemos ir, con el temor constante de si llegaremos o no a ese lugar sin hacer peligrar nuestra carrera y manteniendo nuestros ingresos intactos.

Perder el equilibrio de esa forma -enfocándonos a estar en otro lugar- nos hace sentir preocupados, con dudas y agota nuestra energía vital.

El deseo constante de triunfar, de medirnos, de responder a las emergencias, de llegar a ese otro lugar rápido, nos coloca en un estado de anticipación y nos limita el bienestar, convirtiendo al trabajo en algo desagradable y que nos roba nuestra vida.

Irónicamente, el enfocarnos demasiado en el futuro no va a hacer que consigamos nuestras metas como creemos.

No podemos depender del músculo únicamente para enfrentarnos a los desafíos del trabajo. El trabajo requiere sutileza y tacto para entender por debajo de la superficie de una situación, tambien precisa usar la creatividad e imaginación en momentos de espera, o construir puentes con nuestros compañeros. Estas habilidades solo se desarrollan dejando de lado la ansiedad por estar en otro lugar distinto del presente. Es el volver al aquí y ahora lo que nos va a permitir crecer.

Ese “soltar la cuerda” no requiere que seamos medidos frente a expectativas externas. Requiere que nos relajemos en la situación presente, sea la que sea, sin ideas fijas ni expectativas. Nos pide que confiemos en nosotros dejando de lado lo que es familiar y confortable y utilizando nuestros recursos naturales para recuperar el equilibrio. Este soltar la cuerda demanda flexibilidad y alerta.

Ese soltar la cuerda no tiene nada que ver con relajarnos para oler las rosas, al contrario, implica utilizar al máximo la alerta y atención en el momento presente. La habilidad de un doctor para estar totalmente alerta en el momento de realizar un diagnóstico y dejar de lado cualquier otro ruido mental es lo que marca la diferencia entre salvar una vida y el desastre.

En el Budismo se cultiva esta habilidad natural para “dejar ir” mediante la atención plena (mindfulness), y la meditación sentado.
La meditación es un momento singular en el que se descubre el equilibrio entre irnos a alguna parte y estar/ser en un lugar, como el momento de montar en bicicleta.

La meditación regular es la piedra angular para equilibrar el esfuerzo y hacerlo extensible a nuestro trabajo.

Cada día nos preocupamos por el día después, quizás por una reunión importante, por completar un informe, o por una charla con nuestro jefe. De repente y mientras lo pensamos, nos damos cuenta de la persona que tenemos delante en el tren y que de casualidad ya la conocíamos. Percibimos las personas alrededor leyendo el periódico y esa señora con un niño a la que no le cedieron el puesto. Por un simple momento, nuestro mundo se abre más allá de nuestras preocupaciones.

Debemos desarrollar esta habilidad de soltar la cuerda y estar en el aquí y ahora completamente.

Cuando aprendemos a aplicarlo cada día, las molestias que normalmente dejamos de lado -ese estudio que presentamos con retraso, la recepcionista que no saluda, el cliente que no da respuesta- se convierten en avisos para que prestemos atención. Los momentos rutinarios como rellenar los gastos de viaje, nos invitan a renovar la atención al detalle.

De esta forma, el trabajo se convierte en “nuestro paciente”, al que debemos observar y con el que estamos totalmente alerta a los signos del cuerpo y del estrés.

En ese soltar la cuerda no tenemos que añadir nada más a nuestra lista de tareas, simplemente nos enfocamos en el momento presente con lo que toque, abriéndonos a una perspectiva mucho más amplia en el trabajo y más allá de nuestras expectativas.

Este cambio de enfoque nos recolectará con nuestra inteligencia natural y multiplicará nuestra confianza de forma significativa. Hay que soltar la cuerda una y otra vez.

Esto nos recuerda que debemos ser capaces de dejar de defender nuestros puntos de vista aunque sea tan solo por un momento y escuchar a nuestro mundo alrededor, sea como sea de tedioso o amenazante.

Nuestra ambición por el éxito, nuestra lista de tareas con fechas, nuestra autoridad, nuestra rígida corrección, todo puede posponerse por un momento.

Cuando nos demos permiso a practicar este gesto regularmente aprenderemos a tener equilibrio -podremos estar en un lugar y llegar a estar en otro más adelante-.

En este equilibrio reside la autenticidad y es la competencia principal para estar despiertos en el trabajo (Awake at Work).

Aquí puedes comprar en Amazon y descargar el libro Awake at Work: 35 Practical Buddhist Principles for Discovering Clarity and Balance in the Midst of Work’s Chaos.

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Crédito foto: Flickr

  1. Michael Carroll ha trabajado dos décadas como directivo en Wall Street y también en la industria de los medios de publicación. Es maestro de meditación y en su web AwakeAtWork.net muestra bastantes más cosas.  ↩
  2. Es el estado de Flujo y clave del máximo potencial humano, del cual he hablado en varios artículos como aquí.  ↩
  3. Esta sensación mezcla de alerta, relajación y maestría está explicado de forma brillante en El Juego Interior del Tenis.  ↩