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En este artículo hablo desde mi experiencia a la que además he querido añadir las referencias de quienes me han proporcionado estas señales y también he intentado encuadrarlo en un contexto que permita indagar más en este tema a quien le pueda interesar. Para llegar a estas fuentes he tardado años. En este artículo y en general en toda la web estoy tratando de compilarlas para hacerlas accesibles y darles forma. Todos los artículos sobre no-dualidad están aquí, y he creado una página con los autores que más me han llegado y sus libros (varios de los libros son directamente descargables en pdf)

 

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Suele ocurrir que el usar hipótesis equivocadas puede arruinar un gran proyecto. Una nave tripulada consiguió llegar a la luna porque cientos de hipótesis en un modelo científico funcionaron finalmente en la realidad, más allá de cualquier teoría. Cualquier equivocación en una sola de ellas habría arruinado el viaje, la nave habría estallado o simplemente no habría llegado a su destino.

La realidad y la verdad siempre se corroboran gracias a las premisas que tarde o temprano deben ser verificadas con la experiencia. De otra forma se quedarían como anécdotas en un libro sin importancia. No basta con creer en ellas, hay que probarlas y estar seguros de que funcionan. Gracias a establecer posibilidades de partida y luego experimentarlas esta civilización ha llegado lejos.

Pero otras hipótesis que hacemos afectan al aspecto más interno de nosotros mismos, por ejemplo como alsumir que no valemos para hacer algo, o que somos inferiores por algún motivo.

Constantemente estamos suponiendo e imaginando cosas (creando hipótesis y después creyendo en ellas) que mediante la repetición se van reforzando y se convierten en hábitos. Posteriormente acaban siendo creencias profundas. Muchas de ellas las aceptamos sin más y sin examinarlas. El problema es que esos hábitos tienen una relación con el comportamiento y esas creencias nos traen sufrimiento y miserias.

Hay creencias con mucho más peso como la que describo a continuación y a la que llevo tiempo dando vueltas. Esta en particular lo abarca todo, absolutamente todo. Sus consecuencias son enormes. Es posiblemente la cuestión más importante que nos podemos hacer.

La creencia más brutal que he asumido sin examinar fue aquella que me enseñaron entre los dos y tres años de vida. Sucedió de forma silenciosa y sin que nadie me informara de las consecuencias (he tardado cuarenta años en tener claras las secuelas y los daños que implica). En algún momento alguien de mi entorno consiguió que me creyera que quien realmente soy, mi ‘yo’, mi verdadera naturaleza era precisamente la personilla de carne y hueso y de aspecto inocente que vi en el espejo y que por tanto ese cuerpo y mente era lo que me identificaba.

A partir de ese momento por un lado estaba el mundo exterior y por otro mi cuerpo y mis pensamientos.

Tu y yo.

Mi mundo y el tuyo.

Desde ese momento asumí que mi yo verdadero era esa figura frágil y limitadísima. También asumí que ese ruido inútil que llamamos pensamientos (y que ocupan el 95% del tiempo) eran míos, que representaban algo sustancial y con importancia, eran algo a lo que tenía que atender y proteger: los pensamientos me definían también como persona (además de mi cuerpo).

Esta hipótesis que todos hicimos puede pasar de largo, de hecho yo apenas he pensado en ella durante decenas de años. Además, si no tuviera consecuencias podría dejarla de lado hasta mi último día (¿para qué perder el tiempo con estas cuestiones metafísicas tan aparentemente ridículas?), pero es fácil darme cuenta que todos mis problemas actuales y también los del pasado tienen que ver con mi identificación con ese “yo”. Todas mis miserias giran en torno a mi identificación con este cuerpo-mente: proteger mi ego, defenderme contra las críticas, depender de las opiniones de los demás, la ansiedad por lo que pueda pasar, cuidar mi aspecto y ser como ese otro al que los demás admiran. La lista es interminable1.

¿Y si pudiera ser que quien yo soy realmente no tuviera nada que ver con este cuerpo ni con esta mente? Si fuera así… todos mis problemas desaparecerían, o al menos la mayor parte. Hasta el momento de comprobarlo sería otra hipótesis, por supuesto.

La primera vez que lei esta posibilidad fue a una persona que estaba totalmente convencida de ello y que además trataba de demostrarlo dando charlas por todo el mundo y también escribiéndolo en libros. Ocurrió hace varios años y se llamaba Douglas Harding. Me pareció una idea estúpida. ¿Quién es este loco que dice que no es ni su cuerpo ni su mente? ¿cómo voy a cuestionar eso? Este hombre decía que sus ideas no las inventó él, que no había nada que creer sino únicamente experimentar y probar por uno mismo. También me sorprendió descubrir que todo lo que el decía se  encuadra dentro de una filosofía que existe desde hace miles de años y que se llama Advaita, más adelante me enteré que hoy en día hay varias ramificaciones y que a todo esto se le llama no-dualidad.

Obviamente reconozco que he admitido esta hipótesis (identificarme con mi cuerpo-mente) desde la infancia sin examinarla a fondo: acepté que yo soy este pedazo de carne que va perdiendo pelo y que cada día se ve peor. También acepté que mis pensamientos surgen de mi y además me definen como persona. Incluso siempre he creído que el acto mismo de pensar es lo único que prueba mi existencia: “Pienso luego existo”, ¿no? … yo soy el que actúo… yo soy el dueño de mis acciones y de mi voluntad. ¿No es así? ¿no soy yo el dueño de mi voluntad? ¿Se puede cuestionar todo esto?

¿Y si la identificación con mi cuerpo nació como un acuerdo (una concesión sin examinar) que en la medida que todo mi entorno parecía tenerlo absolutamente claro yo lo acepté y lo convertí en una creencia? De esta forma sería un hábito tan increíblemente fuerte que jamás lo he cuestionado.

¿Y si me he llegado a identificar con los pensamientos igualmente como parte de ese hábito? ¿y si ocurre que he identificado mi ‘yo’ con una  herramienta (el cerebro) y también con sus contenidos (los pensamientos)?

Llevo más de cuarenta años identificándome con este cuerpo y también con lo que pienso. No me cabe duda que lo he convertido en un hábito consolidado gracias miles y miles de repeticiones hasta llegar a ser una creencia. Por si fuera poco, lo he reforzado mucho más al ver que todo mi entorno (toda la sociedad que me rodea) lo acepta sin más. Supongo que es la creencia más enraizada que alguien puede tener. Si fuera verdad esta creencia no habría ningún problema. Pero nunca la he llegado a examinar ni comprobar si es cierto y las consecuencias de haberlo aceptado son devastadoras.

Durante años he estado pensando en esto, y volviendo a esa pregunta: ¿y si yo no fuera este cuerpo? ¿y si mis pensamientos no me definieran, ni tuvieran que ver con lo que soy en realidad? Si no lo fuera, sería el mayor error de mi vida haberlo dejado de lado esta cuestión y por ello me merece la pena analizarlo. No solo merece la pena, es lo más importante que puedo hacer: más que mi trabajo, amigos, más que nada. Si no sé quien soy (y realmente no lo sé) debo dedicarme a investigarlo. Es esa separación de mi “yo” con respecto a todo lo demás lo que causa todos los sufrimientos que me ocurren. ¡Al menos esto lo tengo tan claro!

¿Y si lo dejo todo igual y realmente fuera una tontería cuestionarme todo esto?

Bueno, la pregunta más importante que me puedo hacer durante este recorrido que dura 80 años en los casos más favorables y que llamamos vida es saber quién o qué soy yo. Me anima enormemente saber que esto no es una cuestión que surge desde la curiosidad, sino que en el caso que me haya equivocado en esa hipótesis inicial realmente todo puede transformarse y todo podría pasar a tener una perspectiva totalmente diferente.

Siguiendo un método simple que otros me mostraron busqué en mi cuerpo para saber si mi “yo”, lo que verdaderamente me define y además es permanente está en mis piernas, o en mis brazos, o en mi pecho, o en mi cerebro.. o en cualquier otro lugar. Llegué a dudar si mi “yo” está en el cerebro, pero basta una pequeña búsqueda en internet para ver que incluso las personas a las que se les ha extirpado la mitad del cerebro no pierden el sentido del “yo”. Desde la perspectiva científica ningún neurólogo ha encontrado jamás una zona del cerebro donde esté el “yo”. Si mi verdadera naturaleza tampoco está en el cerebro. ¿Entonces dónde está? y si finalmente no está en el cuerpo … ¿entonces qué soy? ¿con qué me he quedado tras descartar lo que no soy? ¿hay algo que todavía me pueda definir?

Podría haber tirado la toalla al no encontrar nada, pero queda algo más que es bastante sutil pero cierto: cuando pienso si existo o no, me llega una especie de sensación que creo que no viene de la mente. Tiene una claridad cristalina y surge sin ningún tipo de duda: lo que ‘siento’ es que estoy aquí, sé que existo. Percibo mi existencia y soy consciente de ello, pero no puedo pensarlo. Simplemente lo sé. Sin más.

He descartado todo lo demás para identificar mi ‘yo’, mi verdadera naturaleza y ya solo me queda esto. Esta es la verdad al desnudo que puedo comprobar por mi mismo, sé que es completamente cierta. Eso es todo lo que me queda. No sé qué hacer con ello ni interpretarlo por mi mismo.

Sé que existo, que estoy presente y también soy consciente de ello. Es lo único que permanece tras descartar todo lo demás. Puedo ver que no está localizado en la mente, ni tampoco en ninguna parte del cuerpo.

Algunos autores han tratado de darle algún nombre: desde la perspectiva de darme cuenta de ello o intuirlo lo llaman “presencia” porque es algo que está ahí. Y desde el lado de sentirlo de alguna forma es “consciencia”, porque puedo ser consciente de ello, de mi existencia. Es difícil decirlo con palabras porque parece estar más allá de ellas. Muchos autores han tratado de darle nombre, pero quizás lo que más claro lo describe es presencia-consciencia.

¿Cómo voy a entender lo que soy si todo parece indicar que está más allá de la mente? Es como una contradicción: intuitivamente creo que lo que soy verdaderamente no está en la mente ni en el cuerpo, pero lo único que tengo para saberlo es la mente… ¡pero no puedo usar la misma herramienta para saber qué hay más allá de ella!

Llegué a encontrar a alguien que me mostró este camino de auto conocimiento de forma clara, directa, sin creencias ni concesiones: pura experiencia desprovista de cualquier concepto o doctrina. Hay unos cuantos maestros que mostraron una forma de llegar a saber qué somos realmente y desmontan todas las hipótesis sobre lo que no somos. Tan solo dieron pistas (señales, apuntadores como ellos las llamaban), y desde varias culturas y con separación de miles de años parece que todos decían lo mismo. Incluso las grandes religiones en lo más básico y fundamental creo que dicen la misma idea central.

Para resolver ese dilema Nisargadatta dijo que con la mente lo único que podemos llegar a saber es lo que no somos, es decir con la mente solo podemos descartar. Podemos usarla para examinar paso a paso si hay algo que nos identifica, y si no es así pasar a otra cosa, y así sucesivamente… y ver con qué nos quedamos. Aquello con lo que nos quedemos tras este análisis debe ser permanente y nos identificará como aquello que realmente somos. Esta técnica de autoconocimiento la mostraron al resto del mundo Ramana Maharsi y Nisargadatta Maharaj. Otros lo hicieron incluso con experimentos sencillos pero sorprendentes como Douglas Harding. Estos son algunos de los que lo han mostrado a los demás, pero supongo que hay otros muchos que también se dieron cuenta y no lo enseñaron.

Somos afortunados porque unas pocas personas que han llegado a comprenderlo también lo han enseñado. He tratado de leer sobre ellas y he tratado de resumir en este enlace los autores y libros que me han parecido más útiles. Hoy en día lo llaman no-dualidad y en su origen se llamó Advaita. Pero los nombres no importan.

Siguiendo el camino que marcaron estos maestros hice por mi mismo la auto-indagación hasta quedarme con lo que queda. Esta presencia-consciencia como expliqué anteriormente es lo único que me quedó tras el análisis. Todo lo demás lo he descartado. Coincide con lo que describen Ramana y Nisargadatta pero ya no me quedé en un conocimiento intelectual: lo he comprobado por mi mismo.

No tengo que pensar nada para llegar a ello: sé/intuyo/siento que existo, es algo que va más allá de la mente. De hecho cuando me hago la pregunta. ¿existo? ¿estoy consciente? ¿qué soy? los pensamientos desaparecen: es como si abriera un sumidero por el que se esfuma cualquier sensación. Es lo más parecido a un vacío, una sensación extraña, pacífica, agradable. Pero esa presencia-consciente además es permanente: es algo que tengo igualmente hace decenas de años, de niño al igual que ahora. No ha cambiado, sigue estando ahí.

En este instante puedo decir que sé lo que no soy: no soy mi cuerpo, nada en él tiene que ver con mi “yo” verdadero. Ni mucho menos soy mis pensamientos, ni tampoco mis sensaciones, todas ellas son solo estados cambiantes. Nacen y se van, pero lo que no es permanente no puede ser mi “yo” real.

Todo esto me causa una sensación extraña y confusión, pero tan solo me ha quedado esa “sensación de presencia”. Es la realidad y eso es lo único que me sirve.

Me preocupa irme de aquí sin haber llegado a vivir teniendo claro qué soy y qué sentido tiene con el mundo y con todo lo que percibo. Sería el mayor de los sinsentidos vivir esta vida sin saber cual es el motivo, sin saber qué soy realmente ni cual es mi verdadera naturaleza. Al menos sé lo que no soy, el resto solo lo intuyo a base de desechar. Creo que he desmontado algo grande, el error de creer que soy este cuerpo y que los pensamientos me definen (incluso que debiera darles importancia). Por supuesto que sigo atrapado en la ilusión, una creencia que ha durado decenas de años no desaparece en un instante. No siempre se “ve” con la misma claridad y rotundidad.

Los maestros dicen que esa presencia-consciencia es lo que somos realmente, que no hay nada más y que todo lo que existe está dentro de ella: afirman que los pensamientos surgen de ella y también el mundo al completo aparece gracias a ella. Ya lo decían las Upanishads hace miles de años (Mandukya Upanishad, por ejemplo), y también todos los maestros de la no-dualidad desde cualquier perspectiva y cultura (advaita, zen, sufismo, etc).

Si realmente nuestra verdadera naturaleza coincide con esa presencia-consciencia (desprovista de toda parte material, ni ego, ni pensamientos), sería algo tan radical que cambiaría mi vida y la de cualquiera que se diera cuenta. Pero no me puedo quedar con ese conocimiento intelectual porque seria otro concepto más.

Lo he leído e incluso comprendido (ver las referencias principales aquí) esa ‘presencia’ pero no lo la he “visto” por mi mismo. Por ello sigue siendo otra hipótesis más a aceptar o descartar. Aún así ya he avanzado muchos pasos en este camino: ya sé lo que no soy y gracias a ello percibo cambios (a veces pequeños, a veces grandes) que se repiten en el día a día: algunos pensamientos ya no me afectan como antes, tengo menos ansiedad por el futuro, y percibo la muerte de forma distinta. Quizás esto es solo la punta del iceberg.

Si todo esto es así entonces no haría falta practicar meditación ni ninguna otra práctica para llegar a ese ‘estado’, de hecho siempre habría estado presente. La meditación solo serviría entonces para aprender a “vaciarme” y apagar el ruido mental que me cubre por completo (que desde luego es una gran ayuda, porque ese ruido impide todo lo demás). Es ese ruido de la mente junto con los condicionamientos y las creencias los que me han impedido ver. No habría ningún estado futuro que conseguir, ninguna meta, ninguna práctica, significaría que aquello que buscamos ya lo somos (y que simplemente todavía no nos damos cuenta).

Los libros de esos maestros solo apuntan con señales, y eso me vale porque solo me quedaré con lo que yo pueda experimentar y comprobar por mi mismo. Todo lo demás es descartable.

He empezado estas palabras diciendo que hace mucho tiempo durante mi infancia asumí algo muy importante sin pensarlo y que más adelante se convirtió en creencia. Comprobé por mi mismo que fue una hipótesis incorrecta, un enorme error. A veces no sé como digerirlo e incluso llego a querer obviarlo porque me perturba esta realidad tan radical. Debería seguir bebiendo en un espejismo cuando lo he identificado como tal. Todo esto me genera confusión, también asombro.

Ahora acabo diciendo que puedo hacer otra hipótesis muy distinta para (quizás) llegar a tener claro lo que soy. Solo me queda llegar a comprobarlo por mi mismo. Este es el camino. No puede haber otro porque he descartado todo lo demás.

 


  1. Este “sufrimiento” vital (no me refiero a temas como el dolor físico ni tampoco a la pena por la muerte de un ser querido) nos acompaña desde que surgió la identificación con nuestro cuerpo-mente (así nació el ego) y es la constante en la vida de todos -en el budismo precisamente la erradicación de ese sufrimiento es la idea central y lo llaman “dukkha” (el budismo es una de las filosofías dentro de la no-dualidad)- ↩︎