El éxito consiste en tropezar de fracaso en fracaso sin pérdida de entusiasmo.
-Winston Churchill

Corro desesperadamente tras el último vagón del tren, siento el sudor empapándome la camisa y el bombeo del corazón retumba en mi cabeza. Desde la pequeña plataforma de la cola me animan con su voz muchas personas y me tienden la mano para subir. Consigo acercarme poco a poco hasta ellos, tan solo me separan ya dos metros de distancia. Lo voy a conseguir. Mientras tanto se unen más y más hombres y mujeres: “Vamos, tu puedes, corre, más rápido…” Me falta muy poco para alcanzarlos y gritan mi nombre más alto, como si a través de su voz pudieran entregarme su energía. Ya casi lo tengo, estoy tan cerca que incluso puedo tocar una de sus manos. Pero en el último instante esos centímetros que me separan se convierten en una brecha inalcanzable, no consigo agarrarme a ninguno de ellos. Exhausto y jadeando freno el ritmo bruscamente mientras observo alejarse al tren cada vez más y el ruido del motor se convierte finalmente en un murmullo en el horizonte. De nuevo la misma sensación de impotencia. Lo intenté, hice todo lo que pude pero me quedé en tierra una vez más. ¿Porqué yo no? ¿Porqué ellos lo consiguen? Confuso, desolado. Me quedo a solas con mi aliento y ahora sólo me queda esperar a que pase otro tren.

Durante años me despertaba con el mismo sueño. Un despertar agridulce que se repetía con frecuencia, diría que una vez por semana.

Aquella mujer que me dejó en tierra aún sabiendo que no era para mi, aquella beca en la universidad con la que mi vida podría haber cambiado, aquel ascenso en el trabajo que podría haberme dado tantas alegrías. Según en qué año me asome al calendario puedo recordar una larga lista de trenes a los que nunca llegué a subir.

A veces parece que todo está condicionado, como si el instante en el que ya estoy tocando la gloria siempre se truncara y el éxito quedara finalmente relegado a otros. Las circunstancias que nos rodean -y que con frecuencia no hemos elegido- crean un círculo del que es complicado escapar.

Cuando pintaba y preparaba los materiales nunca utilizaba un lienzo en blanco, aplicaba varias pasadas de tonos neutros que ayudaban a valorar mejor el tono. Las capas se construyen una sobre otra, a veces son totalmente opacas pero con frecuencia dejan entrever parte de la anterior, como si el perfil difuso sirviera como una guía que permite mejorar la siguiente pincelada. Una y otra vez es posible afinar más, cuidar más el detalle y llegar a añadir matices que serían imposibles de conseguir desde un inicio. La forma, el tono, el ritmo, el equilibrio… es posible construir en iteraciones sucesivas capa a capa.

Me gusta pensar que lo que me ocurre en la vida es similar, que solo he errado una capa y que mi atención y la experiencia me van a ayudar para la siguiente ocasión.

Hay que intentarlo. Más vale equivocarse que no hacer nada. Solo me importa conservar mi curiosidad y mis ganas. Cada tren que pasa es una nueva oportunidad y cada nueva capa permite acercarnos al éxito.

Actúa. Sé curioso. No te quedes esperando a que asome la inspiración o que la sociedad te bese en la frente. Presta atención. Todo consiste en prestar atención. La atención es vitalidad. Te conecta con los otros. Te mantiene hambriento.
-Susan Sontag