Algún día encontraré las palabras adecuadas, y serán simples.

– Jack Kerouac. The Dharma Bums

Desde hace unos meses estoy librando una cruzada contra todo lo que recomiendan los marketers de Internet, y también con todo lo que he aprendido sobre la red en los últimos años.

Sin tenerlo planeado cada vez estoy reduciendo esta web a lo esencial, buscando eliminar en lugar de añadir. No tengo ninguna intención de hacer algo “minimal” como parte de una estrategia, pero cada vez parece que me acerco a ello de forma natural. Por supuesto en todos los aspectos de la vida simplificar es una estrategia necesaria como hemos visto en este artículo y en muchos otros, y ahora estoy comprobando los positivos efectos de hacerlo también en internet.

En contra de lo que dicen los expertos me doy cuenta que con cada distracción que elimino, la web se hace mejor y los lectores lo aprecian.

El tráfico desde las redes sociales puede llegar a ser el más importante, y a nadie le gusta tener una web sin audiencia. Yo he experimentado con mis páginas de Facebook, Google+, y un poco Twitter. Me he suscrito a grupos en los que durante más de un año he posteado y he tratado de encontrar aquellos más afines a esta web. Es sencillo por ejemplo tener una web de fotografía digital y encontrar grupos desde las redes con la audiencia perfecta, la que nos interesa. Pero no sucede así en una temática como la de esta web: he sudado para poder definir quien es mi audiencia hasta que por fin lo tuve claro.

Durante ese tiempo entraba una y otra vez para chequear los “likes”, las veces que se había compartido cada post en Facebook y el número de fans. Ese pequeño icono con un contador indicando a quién le ha gustado se puede convertir en adictivo. Es una gratificación inmediata, un regalo a la vanidad. Y también es una descarga de dopamina que llega a hacerse adictiva.

Acabo de eliminar en todos los artículos de esta web los símbolos para compartir en las redes sociales. No quiero perder más el tiempo en ello, ni estar pendiente de a cuántas personas llego con ellas. Por otro lado me interesa mucho el diseño y esos malditos iconos de colores rompen cualquier regla de estética y coherencia visual, son una distracción innecesaria siendo creados para destacar por encima de las letras del contenido.

Aún así mantendré varias de mis páginas sociales porque casi no implica tiempo volcar contenido en ellas. Un paso aún más radical sería borrar todos mis perfiles sociales, pero de momento no lo voy a hacer.

A día de hoy son varios miles de personas las que entran cada día a la web, un 70% llegan desde búsquedas en Google y otro 20% es tráfico directo. El 10% restante es la suma de tráfico que llega desde enlaces en otras webs y tráfico social. Razón de más para no temer bajar la actividad en las redes sociales.

Si el que llega a esta web le gusta y encuentra valor en lo que escribo, lo compartirá sin necesidad de nada más.

Es el valor del contenido lo único que debo tener en cuenta. Si todos actuáramos así, Internet sería un mejor lugar. Sería un espacio para divertirse, aprender y compartir en vez de lo que es ahora: el 99% de lo que encontramos es basura, relleno, ruido que no aporta absolutamente nada.

Es un reto llegar a formar parte de ese 1%. Creo que lo podemos conseguir.
¿Te apuntas?