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Dadme una palanca lo suficientemente larga y un punto de apoyo, y moveré el mundo. Arquímedes.

¿Cómo podemos reajustar nuestra mente -en lugar de las circunstancias- para tener más potencial y sobreponernos a lo que nos ocurra?

¿Existe alguna forma de crear tu realidad a nuestro antojo?

Una vez que hemos recorrido qué es la realidad, he encontrado un interesante artículo dentro del libro del psicólogo Shawn Anchor “The Happiness Advantage” sobre este tema. El planteamiento es similar en otras fuentes que he leído, así que es muy buena referencia.

separador hoymotivacion.com

Coloca a dos personas de igual peso en los dos extremos de un columpio como el que vemos en los parques. De forma sencilla el movimiento sube y baja se realiza sin esfuerzo.

Pero colocando a una persona con mucho más peso, puede ocurrir que el otro se quede bloqueado en lo alto del columpio sin poder moverse, incapaz de cambiar su estado.

Esa pequeña persona tiene dos opciones para equilibrarse con el más gordo:

1-Aumentar la longitud de la palanca. Da igual el desbalance de peso, siempre habrá una longitud de palanca a la que ambos se hagan equivalentes y puedan balancearse normalmente
2-La otra opción es cambiar el punto de apoyo. Cuando el punto de apoyo se mueve desde el centro hasta la posición del de más peso, ocurre de nuevo el balanceo. Siempre habrá una posición del punto de apoyo en la que ambos pueden moverse de nuevo

Anchor razona que en nuestra mente ocurre algo similar.

Nuestro poder para maximizar nuestro potencial se basa en dos cosas:

  1. La longitud de nuestra palanca: cuanto poder potencial y posibilidades creemos que tenemos
  2. La posición de nuestra palanca: el estado mental (mindset) con el cual generamos el poder para cambiar

Nuestro potencial no es fijo, cambia durante el día y constantemente.

Cuanto más movamos nuestro estado mental (el punto de apoyo) más poder tendremos para actuar.

Cambiando nuestro “mindset” y la palanca de nuestras posibilidades es lo que hace que nos acerquemos a nuestras máximas posibilidades.

No es el peso del mundo lo que determina lo que podemos lograr. Es nuestra palanca y nuestro punto de apoyo.

 

Mover el punto de apoyo, crear tu realidad

Einstein en su Teoría Especial de la Relatividad cambió totalmente la forma como vemos una de las variables más inviolables: el sentido del tiempo. Algo tan fijo e inmutable como el tiempo es relativo al observador y su velocidad.

Según Achor, la relatividad no acaba solamente en la física: cada segundo de nuestra experiencia debe ser medido desde una mente relativa y subjetiva.

dicho de otra forma:

comillasLa “realidad” es meramente la habilidad relativa de la comprensión del mundo basada en donde y cómo se está observando.

Añadiría que hay tantas realidades como personas que la observan.

Podemos cambiar la perspectiva en cualquier momento, y de esa forma cambiar nuestra experiencia del mundo que nos rodea.

Es esto lo que Achor llama “Cambiar el punto de apoyo”. Nuestro “mindset”, nuestra forma de ver el mundo está en constante evolución, no solo con el paso de los años sino dentro de un mismo día nuestro estado emocional puede hacer que percibamos la realidad de forma distinta.

La realidad externa -vuelve a afirmar Achor- es mucho más maleable de lo que nos imaginamos, y mucho más dependiente de los ojos desde donde se está mirando.

Con un correcto “mindset”, nuestro poder para dictar esta realidad aumenta exponencialmente.

Ese punto de vista sobre la realidad no solamente cambia cómo nos sentimos respecto a una experiencia, sino que cambia los resultados de esa experiencia.

La ciencia nos da miles de ejemplos de esto, uno de ellos es el efecto placebo que conocemos. Es el ejemplo de como la mente y nuestro punto de vista afecta directamente a los resultados de un producto inocuo hasta hacerlos iguales que la medicina real.

Incluso hay ejemplos del “efecto placebo inverso”. Achor cita un experimento realizado en Japón en el que a un grupo de personas con los ojos vendados se les hace creer que tienen en la mano una planta venenosa. Una parte de ellos reaccionaron con enrojecimiento y picor… exactamente igual que si hubieran estado con una planta venenosa de verdad. Es otro ejemplo de como la mente afecta a nuestra realidad.

Cómo es posible que nuestra expectativa de lo que está ocurriendo -o va a ocurrir/ o lo que creemos que ocurrirá-, pueda afectar de verdad a lo que ocurre?

Los psicólogos dan la respuesta. El cerebro está organizado para actuar de acuerdo con lo que creemos que va a ocurrir después, es lo que los psicólogos llaman la “teoría de las expectativas”.

Los neurocientíficos como Dr. Marcel Kinsbourne explican que nuestras expectativas crean patrones en el cerebro que llegan a ser tan reales como los que ocurrirían si el suceso fuera real.

Dicho de otra forma por Achor:

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La expectativa de un suceso causa que los mismos grupos de neuronas se activen como si el suceso real estuviera ocurriendo, disparando una cascada de eventos que el sistema nervioso que lleva a las consecuencias físicas reales.

 

Esto aplicado al trabajo significa que aquello en lo que creemos puede cambiar los resultados reales de nuestros esfuerzos y de nuestro trabajo.

Por todas las referencias que cita Achor, se trata de un hecho totalmente probado a nivel científico.

La consecuencia de todo esto es que:

La construcción mental de las actividades diarias -más que la actividad en sí misma- es la que define nuestra realidad.

 

Más de 24 horas al día

Viendo cómo podemos influir en la experiencia de la realidad, podríamos hacerlo con el tiempo?

Observando a la gente de más éxito, podemos percibir que todos tienen una forma de ver las cosas particular, y entre ellas adoptan una actitud que les hace trabajar por más horas y de una forma más llevadera… y más duro y con más rapidez que otros.

Aquí Achor da un ejemplo en el que estamos en una interminable reunión, y en la que de forma natural pensamos en la enorme pérdida de tiempo que supone, un gasto de energía y de motivación. Porqué no ver el meeting como una forma de acercarnos a un objetivo que nos hayamos fijado? por ejemplo: fijarnos la meta de aprender al menos tres cosas durante esa reunión. Y como por desgracia muchas veces no aprendemos nada en muchas reuniones…

Porqué no buscar otro objetivo como por ejemplo:

cómo haría yo mejor esta presentación?

qué temas podría introducir yo, cambiar, retocar?

como presentaría yo la idea de una forma totalmente diferente?

Suena complicado, pero quizás podría hacer lo mismo en otras actividades rutinarias de cada día.

No te ocurre algo similar cuando cambias de ver algo como divertido, creativo a convertirlo en “trabajo”?

Hace años yo vendía cuadros de pintura a una galería de Madrid de forma puntual, solo varios al mes. Al cabo de un tiempo me propusieron realizar una exposición grande con una fecha de entrega y un número de cuadros. Ese mismo día pasó de convertirse en una pasión y una diversión infinita, en un simple trabajo. Bastó perder el control sobre lo que hacía y pasé a verlos como una “producción en serie” más que arte.

La solución fue cambiar el punto de apoyo, renunciar al número de cuadros asignados y negarme rotundamente a aceptar los temas que ellos proponían para los cuadros. Perdí la exposición, pero gané en sentirme bien y disfrutar.

Bastó con retomar el disfrute del camino para volver a sentirme bien.

Cuando nos enfocamos en el camino a recorrer en lugar de a los resultados, nuestro punto de vista hace que disfrutemos más, pero además consigamos mejores resultados.

La forma de ver el ocio también puede ser cambiada.

Si nuestro “mindset” consiste en ver el tiempo de ocio/familiar como improductivo, lo que haremos será convertirlo en una auténtica pérdida de tiempo.

Los “workaholics” ven el tiempo de ocio como improductivo, como una forma inútil de aprovechar el tiempo.

Si aprovecháramos e tiempo de ocio para conectar con otros o hacer actividades que nos llenan, de esa forma recargaríamos las baterías para volver más fuertes que antes.

 

La palanca de las posibilidades

Como hemos visto, la forma de ver nuestro trabajo afecta a nuestro potencial y resultados, lo mismo sucede con nuestras habilidades.

Cuanto más creas en tus propias habilidades para tener éxito, más probable es que lo consigas. Esto no es una sencilla frase de autoayuda, sino una realidad.

Simplemente pensando que podemos introducir un cambio positivo en nuestras vidas incrementa nuestra motivación y el rendimiento en el trabajo.

Pero es importante recordar que nuestras creencias sobre nuestras habilidades no son fijas, pueden cambiar de la misma forma que lo hace nuestra forma de ver la realidad.

Pregúntate:

¿Qué identidad has escogido para hoy?

 

En base a esta teoría soportada por decenas de experimentos durante años, lleva a una conclusión importante:

Cuando te enfrentes a una situación complicada, a un gran reto, regálate la “ventaja competitiva” enfocándote en todas las razones por las que vas a conseguirlo, en lugar de fracasar. Recuerda tus puntos fuertes y habilidades, en lugar de pensar en lo que te falta. Recuerda hace tiempo cuando te enfrentaste a algo similar en el que venciste.

Es una elección, podemos pensar y recordar enfocándonos a la duda, o escoger los mejores puntos que nos acercarán a conseguirlo.

En momentos de duda como en una presentación en la que debes de convencer a una audiencia, recuerda porqué estás ahí, como has llegado, tu preparación, tu esfuerzo y el tiempo invertido en investigar el tema.

Este planteamiento no consiste en ignorar las debilidades o recitar afirmaciones, sino enfocarte en aquello que eres bueno.

 

Expandiendo la inteligencia

Hay dos capacidades importantes que conquistar:

  1. Creer en tus habilidades
  2. Creer que puedes mejorar dichas habilidades

Una de las referencias que cita Anchor es la psicóloga de Stanford Carol Dweck. Ella descubrió que las personas pueden colocarse en dos categorías:

  • Enfoque mental fijo (fixed mindset). Son las personas que creen que las capacidades que tienen serán siempre así porque han nacido con ellas, y ya no crecen.
  • Enfoque mental expansivo (growth mindset). Son las personas que creen que todas las cualidades innatas se pueden expandir y mejorar mediante el esfuerzo.

Las creencias son poderosas porque dictan la dirección de nuestros esfuerzos y acciones.

Las personas con enfoque mental expansivo consiguen aumentar su potencial, mientras que las de enfoque fijo se estancan y se quedan atrás.

Una vez que nos damos cuenta que nuestra realidad depende de cómo la vemos, se hace menos sorprendente aceptar que las circunstancias externas predicen tan solo el 10% de nuestra felicidad.

 

Usar la palanca y el punto de apoyo para encontrar tu propósito

Estudios como el del psicólogo Amy Wrzesniewski prueban la relación entre nuestra concepción mental sobre el trabajo y cómo afecta a nuestros resultados.

Según Wrzesniewski las personas vemos el trabajo de tres formas:

  • Mi trabajo es una tarea, una obligación. Las personas que ven el trabajo como una tarea, simplemente están enfocado al pago mensual como motivación. Trabajan porque tienen que hacerlo, porque es una obligación y lo necesitan. Constantemente necesitan escapar del trabajo.
  • Mi trabajo es una profesión, una carrera. Estas personas no solo trabajan por necesidad, sino que ven una forma de progresar y avanzar hacia el éxito. Están comprometidos con su trabajo y desean hacerlo bien.
  • Mi trabajo es mi llamada, a lo que estoy destinado. Ellos ven el trabajo como un fin en si mismo. Su trabajo proporciona satisfacción no solo por los premios externos sino porque creen que contribuye a algo mayor, que está incluso por encima del trabajo. Trabajan más duro y más tiempo con menos esfuerzo y su nivel de compromiso es mayor.

Los estudios demostraron que cómo vemos el trabajo no depende del tipo de trabajo en si mismo. Hay médicos que ven su trabajo como una tarea, y conserjes de escuela que lo ven como una llamada.

Es el punto de apoyo el que define que sintamos el trabajo como una llamada.

Esto parece complicado de realizar, y quizás a veces lo es. Pero todos hemos visto personas que lo han conseguido. Cuando no podemos cambiar de trabajo, es la forma de redescubrir el propósito verdadero de lo que hacemos lo que nos puede sacar del tedio y la desesperación. Todas las tareas pueden aumentar de valor cuando se alinean con nuestros valores y metas personales.

Cuanto más podamos acercar nuestros valores y visión personal a nuestro trabajo, más probabilidad tendremos de sentirlo como nuestra llamada.

Cada tarea pequeña observála desde arriba en perspectiva y trata de conectarla con un propósito superior, con una meta que te da energía y te motiva.