Me pregunto porqué hay tantas ideas que se tiran a la basura, tantos proyectos que se abandonan a la mitad y los cambiamos por una situación personal segura y que creemos dominar, con el riesgo de convertirnos en alguien mediocre. ¿Porqué la gente arranca algo con tantas ganas, inteligencia y energía para abandonar después quedándose conformes en un nivel tan bajo?1

Cualquier gran obra comienza con un momento “eureka” en el que se nos enciende esa luz. En ese momento estamos convencidos de que algo grande va a suceder, y que no puede fallar.

En la medida que transcurre el tiempo aparecen otras “fuerzas” opuestas a aquel momento de creatividad e innovación y vencen la fuerza inicial que nos dio la energía para empezar.

Cuando estamos en esos primeros momentos de explosión de creatividad todo es excitante y apasionante, imaginamos con fuerza las posibilidades y los escenarios, nos sentimos capaces de verdad para llegar al final ya que vemos claramente el éxito. “No hay duda, está ahí, la idea es genial y voy a llevarla a cabo”.

El desafío de un nuevo proyecto tiene una doble cara, pero solo consideramos una de ellas. Con el paso del tiempo la moneda se voltea y nos muestra la otra cara: la de la costumbre y falta de novedad, la de la familiaridad. Una idea que inicialmente provocaba lo mejor de nosotros, se convierte en un reto a mantener debido al aburrimiento y a la falta de novedad.

El ciclo se repite a nivel profesional una y otra vez, e incluso a nivel personal. Algo similar ocurre con la vida en pareja. Simplemente la curiosidad y los desafíos desaparecen y con ellos aparece la falta de entusiasmo.

En el trabajo ocurre que dejamos de invertir tiempo en desarrollar nuestras habilidades, dejamos la formación de lado y nuestro sentido de la competencia personal – que es clave en la motivación- desciende peligrosamente poco a poco.

Yo he pasado por varias de esas fases, alguna llegando a sentirme en lo más profundo de mi mediocridad durante esa etapa. Se pasa mal ya que la motivación decrece peligrosamente a medida que nuestro sentido de valía y competencia baja. Realmente no es que descienda, sino que se queda estancada. Yo sabía que no estaba dando mi 100%, ni siquiera mi 60% a veces… pero en esos momentos me rendí a la más absoluta mediocridad. Y esa sensación de sentirme mediocre me afectó en muchas más parcelas de mi vida además del trabajo.

Esto es lo que ocurre en esos momentos en los que nos sentimos sin ganas, ni entusiasmo y nos ha vencido la mediocridad:

  • La tolerancia al estrés se hace mínima. Cosas que anteriormente podría perfectamente soportar, controlar y gestionar se convierten en caminos cuesta arriba muy complicados de remontar
  • La capacidad para aprender cosas nuevas se desvanece. Es como si una fuerza se apoderase de mi voluntad y me llevara a un pozo en el que no hay fuerzas para hacer nada nuevo, ni siquiera ligeramente distinto
  • La sensación de culpa aumenta
  • La inseguridad se apodera de mi, nacen miedos incluso irracionales, cosas que si contara a otro me avergonzaría
  • Desde fuera me pueden ver como perfectamente capaz y que estoy haciendo un buen trabajo, pero yo por dentro me siento podrido
  • Las críticas se sienten dañinas, cualquier comentario puede resultar más hiriente de lo normal
  • Sucumbo al qué dirán, me hago más sensible a ese tipo de rumores y de palabras acerca de mi
  • Dudo de mi trabajo, me pregunto si será el correcto (sin darme cuenta que el problema es mío y no del trabajo en si mismo)

Lo más importante fue darme cuenta que esta sensación de falta de entusiasmo, de mediocridad no tiene nada que ver con lo bien que te vaya en el trabajo, ni tu posición ni tu sueldo ni absolutamente nada relacionado con el status o bien otra señal externa. Esta sensación es totalmente personal, subjetiva.

Varias veces a lo largo de mi carrera me he sentido oxidado en el trabajo, y en todas ellas he echado la culpa a que aquello no era lo mío.

¿Conclusión?

Cambiar de trabajo.

Y el resultado es que al cabo de un tiempo todo vuelve al mismo lugar.

Ocurre lo mismo cuando nos enfrentamos a un problema que tiene que ver con nuestra apreciación o la forma de observar la realidad. Cuando no la entendemos, echamos la culpa a un factor externo. En este caso, culpamos al trabajo en si.

Nos guste o no, la realidad es que hace falta mantener las ganas de crecer constantemente y mantenerlas en el trabajo.

Dejar de crecer es morir poco a poco.

Claves para nunca ser mediocres ni acomodarnos

No dejar de examinarnos

Cuando dejamos de observar en perspectiva cómo estamos haciendo las cosas y el porqué, tenemos mucha más probabilidad de sucumbir ante el poder del confort y de lo fácil.
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Durante los últimos 33 años, me he mirado en el espejo todas las mañanas y me he preguntado: si hoy fuera el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que tenía planeado para hoy? Y siempre que la respuesta era ‘No’ por varios días consecutivos… sé que hay algo que tendría que cambiar. Steve Jobs

Fijar objetivos

Aparte de los efectos obvios, los objetivos tienen un efecto positivo que a veces no pensamos. Nos proporcionan puntos a sumar y una fuerza interna cada vez que podemos alinear nuestro progreso con dichos objetivos. La vida adquiere un color especial y nuestra autoestima crece en la medida que podemos medir nuestro progreso y darnos cuenta cómo nos acercamos a esas metas.

Es curioso darse cuenta, pero si logras la meta de forma casual y sin haberte orientado a un objetivo -de repente sucede-, verás como te va a dar poca satisfacción personal.

La falta de objetivos también tiene un efecto personal en lo más profundo: vivir sin establecer metas hace que no exista una coherencia entre nuestros logros y lo que de verdad queremos en nuestra vida.

Puedes ser la persona más ocupada del mundo y que trabajes mil horas, pero si no tienes objetivos claros, tu progreso no apuntará a la dirección adecuada.

La única forma de salir de la mediocridad en este aspecto es definir aquello en lo que quieres invertir tu tiempo, tu vida, tanto a corto como a medio plazo y enfocarnos a ello por delante de todo lo demás.

No acomodarnos en nuestro confort

Uno de los mayores enemigos del éxito es precisamente convertir el confort en nuestra forma de vida. Cuando lo hacemos, estamos canibalizando el progreso para tener una estabilidad temporal.

La única forma de contrarrestar la tendencia a acomodarnos es comprometernos a nuestro desarrollo y aprendizaje constante. Incluso cuando llegues a un nivel de éxito, si no continuas desarrollando habilidades y creciendo, te estancarás y entrarás en una fase de bajada brusca de motivación debido a que tu sensación de competencia personal ha disminuido. Este es un factor de motivación en el trabajo muy potente como ya hemos visto.

Es necesario por tanto desarrollar habilidades y tener una gran curiosidad para identificar lo que nos hace falta y tener deseo de aportar, de contribuir con nuestro potencial.

Combatir al Ego

Nuestro ego es el mayor enemigo para dejar salir lo mejor que llevamos dentro. [Pulsa aquí si quieres ver un vídeo increíble acerca de una una persona que temporalmente perdió la noción del ego debido a un accidente… y las consecuencias que cambiaron su vida a partir de ese momento]

El ego es el que hace que nuestro Yo 1 domine al subconsciente Yo 2 y neguemos nuestros fracasos e incluso los disfracemos de éxitos. El ego impide ver con claridad la realidad porque reside en nuestra mente consciente como un filtro sucio y lleno de ruido.

Para evitar efecto negativo del ego debemos permanecer constantemente abiertos a admitir los errores y desear aprender para corregirlos y crecer.

Combatir el miedo

El miedo es paralizante y nos contamina el impulso inicial que tuvimos para conseguir algo. El miedo se conquista gracias a la suma de pequeños pasos, no de hazañas.

En la medida que veas tu progreso entre tus metas parciales y los pequeños éxitos, la confianza crece.

Sé auténtico con aquello en lo que crees y te identifica. Es la única forma para llegar a sentirte satisfecho y tener una felicidad más constante.

Mantener estrechas relaciones

Cualquier gran trabajo realizado es el fruto de un trabajo en equipo. Sea lo que sea lo que te dedicas, necesitarás de otros para lograr lo que quieres.

Por desgracia, en situaciones de estrés en la vida lo primero que dejamos de lado son las relaciones, nos metemos en nuestra pequeña cueva personal y dejamos de contar con los demás.

Precisamente en el momento que más necesidad tenemos de conexión es cuando nos retraemos y nos aislamos voluntariamente. Lo hacemos en las relaciones personales y también en el trabajo.

La única forma de vencer este aislamiento es por voluntad, conscientemente. Admite que necesitas de los demás y que no puedes ni debes aislarte en esos momentos en los que otros pueden ayudarte. Permite que te tiendan una mano y comparte con los demás.

 

Notas
  1. Estaba leyendo el libro de Todd Henri Die Empty: Unleash Your Best Work Every Day -brillante de verdad- y este artículo sobre la mediocridad y como salir de ella resonó en mi. He pasado demasiadas veces por sentirme así. Lo que no dice Todd es que hay gente más propensa a caer en este estado porque simplemente son más inquietos y tienen menos tolerancia a pasar fases planas. He resumido el artículo de Todd y lo iré ampliando y enlazando con los que tenemos en la web para ir completando el puzzle. []