Tras hacer algo muy parecido durante casi diez años uno llega a sentirse cómodo y capaz, sabedor de los secretos y posibilidades incluso llegando a anticipar acontecimientos antes de que ocurran. Al llegar a esa etapa en la que dominamos el trabajo podemos llegar ver el paisaje con vista de águila, pero llega un momento en el que esto se acaba de repente.

En estos días estoy en medio de un gran cambio de funciones en el trabajo. Representa un cambio significativo que hay que encajar de la mejor forma posible, con estrategia.

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Tras un cambio así de drástico uno deja de ver el panorama desde las alturas y pasamos a observar a ras de suelo. Los pequeños obstáculos que antes se sobrepasaban desde arriba ahora nos impiden ver más allá y llegan a bloquearnos temporalmente.

Estos cambios generan tensión y ansiedad, porque como hemos visto en este artículo y también en este otro estamos aferrados a la seguridad, que está programada en nuestra mente como una adicción desde que somos pequeños.

Por otro lado uno de los mayores factores motivadores, la sensación de control, se pone en pausa durante los primeros meses tras el cambio. Tardaremos un tiempo en recuperarla de nuevo.

Durante los últimos diez años me he desenvuelto en un mundo comercial que no creí que estuviera hecho para mi. Lo hice siempre con una sensación curiosa: no tuve la confianza y arrogancia que se supone a los vendedores sino que me disfracé de funambulista avanzando a trompicones por la cuerda y salvando el precipicio una y otra vez. A veces no sé ni como lo hice, pero siempre llegué al otro lado. Esto muestra que casi siempre podemos llegar a hacer algo de lo que no nos creemos capaces inicialmente, y mientras tanto tratar de hacer lo que uno ama.

Cuando me comparaba con algunos de mis compañeros de hace años siempre me sentía pequeño, incapaz de hacer algo medianamente bien en el mundo comercial. Ahora pienso que estoy dejando de lado este ámbito con la sensación de haber dado un buen paso y dejando un atrás un trabajo bien hecho.

He sufrido muchos tropiezos como este que conté ( y cientos más) y tambien muchas cosas buenas que no pensé que pudieran sucederme. No tuve padrinos (aunque para qué engañarme, no me hubiera importado) y por eso creo que fue la suerte la que me sonrió durante todos estos años. Otros dicen que no hay suerte, sino que me lo merezco. Cuando lo escucho suelo sonreír con la sensación de no creer merecerlo.

Como compensación de mis transacciones con la diosa fortuna quiero compartir una pequeña parte de lo que he aprendido en mi vida personal y profesional a través de esta web. No es por aquello del karma, sino por que me apetece. Aquí conté algo más personal sobre la idea de esta web. Supongo que una de mis motivaciones principales es justo compartir algo que me hubiera gustado que hicieran conmigo, tener una especie de mentor que me de consejos y me oriente. Orientación… ojalá la tuviéramos cuando más la necesitamos.

Volviendo al cambio de funciones. ¿Qué ocurre con lo que dejamos atrás?

Durante todos estos años y mientras uno se va haciendo con las responsabilidades se suceden las personas, los contactos y personajes colaterales que suponen una ayuda considerable porque proporcionan información valiosa y también porque son el puente entre la parte humana y la frialdad inhumana de las obligaciones del día a día. Es un “tu me ayudas y yo te ayudo” pero sin necesidad de pedirlo. Parece sencillo, pero lleva años desarrollar estas relaciones y conocer a fondo el mercado y la industria en la que nos movemos. Cuando cambiamos de trabajo esa parte se pierde, dejándonos con una extraña sensación de estar perdidos… temporalmente.

Cuando llega el momento del cambio te quedas sin nada. Uno sale de esa zona de confort que ha construido durante años de alegrías y pesares laborales. Sigo en la misma empresa, lo cual significa que una cierta parte de los “recursos” (no me gusta usar esta palabra para referirme a las personas de dentro) son conocidos, pero otra gran parte serán nuevos. También esa es otra gran batalla, ya que las herramientas de trabajo las proporcionan otros y sin ellas es imposible hacer las cosas bien.

¿Lo que más me importa ahora con este cambio? me gustaría llegar a creer que lo que me motiva son las puertas que abriré, las oportunidades que estoy haciendo que lleguen. Las posibilidades de prosperar con este cambio aumentarán sin duda… en definitiva parece que lo que quiero es conseguir un futuro aún mejor.

Pero no es así.

Lo que más me gustaría es disfrutar de verdad de lo que hago.

Creo que nunca lo he conseguido de verdad, salvo de forma esporádica y breve. Siempre he estado más pendiente de conseguir más y mejor, y también de compararme con otros.

Es obvio como uno acaba bajando el nivel del disfrute así, pero no por eso hay que dejar de tenerlo en cuenta una y otra vez: el entorno nos lleva irremediablemente a otra dirección, y parece que para prosperar y crecer un poco debemos remar siempre contra corriente.

Por desgracia así es. Más vale aceptarlo y tenerlo en cuenta.

Llegar a sentirme realizado y valioso en el trabajo y estar contento de hacerlo es algo que pocas veces he conseguido.

Es un buen motivo para luchar.

Implica hacerlo por mi, no por otros.

No depende de los demás sino únicamente de mi.

Está en mi mano si quiero.

Y mientras avanzamos por la cuerda entre las responsabilidades de vida y trabajo hay que seguir peleando por hacer lo que uno ama.

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Este artículo ha sido escrito en dos sesiones. Justo ahora estoy en el bar Londoner en Panamá, escuchando un heavy metal corrosivo y con una cerveza artesanal a mi lado. Como conté en este artículo, e iPad y el iPhone 6 Plus son definitivamente las mejores herramientas para escribir. Permiten movilidad total y también publicar directamente en internet desde cualquier parte escribiendo en Byword. Aquí tienes también un artículo con las mejores herramientas para escribir.