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He pasado la mayor parte del tiempo de hacer “algo” productivo, empeñado en buscar el fin y propósito como regla para decidir si algo merece la pena o no. Esta forma de actuar me ha llevado a una interminable sucesión de experiencias, libros, y disfrutes momentáneos que ilusoriamente me hicieron creer que iba por buen camino. La sensación siempre fue invariablemente la misma: “quiero más”. Estamos programados para buscar más y más, es parte de la genética que llevamos implantada y que resultó ser necesaria para la supervivencia mucho tiempo atrás, como muestra el artículo sobre los mecanismos del deseo.

Tiempo después otros nos han enseñado que ese no puede ser el baremo para embarcanos en una actividad. El estado de flujo define perfectamente aquellas actividades que nos permiten entrar en un disfrute real, y aporta la verdadera clave (que sorprendentemente está alejada del resultado en si mismo).

Por supuesto ese descubrimiento no es nuevo, es únicamente la forma de verlo desde la perspectiva de un científico, parece que siempre necesitamos que lo que se conoce desde hace miles de años esté avalado por la ciencia. Hay una filosofía llamada “karma yoga” que trata justo de eso, y que Vivekananda la expuso brillantemente en su libro del mismo nombre. Es imprescindible leerlo, porque se aplica a partes iguales en el trabajo y en la vida personal (nota: no tiene absolutamente nada que ver con el “yoga” en el sentido de posturas físicas que nos han vendido en occidente). Otros lo han llevado a aplicarlo a la vida al completo, como el norteamericano Joseph Brenner en un clásico llamado “Impersonal Life”, y desde un lenguaje y modo de pensar occidental conceptos muy similares a Vivekananda. Es curioso, finalmente tras leerlos está claro que beben de la filosofía advaita, incluso por personas que nunca han oído de ella.

Todos tenemos alguna actividad que hemos dejado atrás “porque ya no es el momento”, quizás nos vemos mayores como para seguir con ello, o quizás nos hemos dejado de ver capaces por algún motivo. Yo dejé atrás mi pasión que es la pintura. Las obligaciones del trabajo, los viajes, los traslados de domicilio y muchas excusas más han hecho que tire la toalla y olvide que hay cosas que “no van a ninguna parte” pero que aportan un placer enorme, un estado de flujo total. En los últimos meses he estado quitando el polvo acumulado de mis materiales, caballete y pinturas y lanzando este sitio web para no olvidarme de lo que merece la pena.

Realmente es importante rescatar aquello que nos hizo sentirnos bien y que temporalmente dejamos de lado. Lo que de verdad importa no es el fin, sino disfrutar de ese momento en el que todo lo demás parece desaparecer. Hay que entrenar la voluntad para conseguirlo y romper hábitos, pero es posible.

Tomando prestado una frase de Rumi :

Aquello que buscas te está buscando a ti.