Estaba pensando en la cantidad de experiencias y posibilidades que perdemos en la vida cuando nos decimos a nosotros mismos “eso no es lo mío…”.

Hace años yo tenía una vida confortable como ingeniero en una empresa de España, los días pasaban sin más y realmente parecía una balsa en la que nada interesante sucedía. Desde fuera se me veía como afortunado y que tenía todos los factores para considerarme alguien con suerte.

Nota: Este texto forma parte de una serie de artículos acerca de Motivación laboral ]

Tenía claro que aquello no me llenaba, pero también tenía miedo a rechazar todo aquello a lo que me había conducido el sistema:

mi carrera, mis logros, todo lo que mi familia había contribuido para mi bien.

Las voces

La voz de mi “yo racional”, me decía:

¿Quién era yo para desafiar lo que había construido y me había ganado a pulso?

¿Porqué ser un insatisfecho?

¿Porqué no conformarme con lo que tengo?

¿Cómo iba a tirar por la borda la inversión en tiempo, dinero y trabajo de tantos años?

La voz de mi yo “no-racional” me decía:

No merece la pena sacrificar años de vida haciendo algo que realmente no quiero.

No solo me estoy engañando a mi mismo: mi insatisfacción crea efectos colaterales que se propagan a todo: mi relación con otras personas, y lo más importante: conmigo mismo, con mi autoestima.

Me estaba traicionando por demasiado tiempo.

Claridad

Existe una difusa línea entre perseguir aquello que deseamos, y por otro lado aceptar lo que tenemos.

Hay que tener mucha claridad para separar ambas.

El cuchillo que sirve para quebrar dicha línea es el silencio, meditar. Apagar la mente es lo único que me ha servido para actuar con claridad.

Parar.

Respirar.

Tomar consciencia. Aunque solo sea por un minuto.

La mejor forma para pensar con claridad es apagar la mente. Es una increíble paradoja. Pero así es.

¿Quién soy yo… hoy?

En aquel momento no pensaba como ahora.  No me daba cuenta que hay una variable que debe pesar tanto como las otras.

Esa variable es la adaptación al cambio.

Todo lo que hemos construido con nuestro esfuerzo está bien hecho, pero hay alta probabilidad que en el transcurso de la vida cambie nuestra forma de pensar.

Quizás las circunstancias de alrededor son distintas, quizás somos otro “yo”.

No eres tu cuerpo, no eres tus pensamientos. La persona que verdaderamente eres la debes descubrir, lee este artículo. Podrás descubrir mucho más en esta página con autores y libros.

Te has planteado si las decisiones que tomas están basadas en tus creencias de tu “yo pasado”?

Etiquetas

Nuestro yo del pasado se ha cargado de etiquetas: unas que nos hemos colocado y otras que nos han colgado otros:

“tu no vales para escribir”, “eres un inconstante”, “lo tuyo no es esto o aquello”

La lista es laaarga y pesada.

Igualmente la tradición y el “sistema” que nos rodea nos carga de etiquetas que se nos pegan a la piel de nuestro inconsciente.

Si ves la televisión, estás pagando un alto precio por hacerlo. Los medios de comunicación son fábricas de crear patrones de comportamiento al antojo de una industria que quiere que te identifiques un concepto que necesitas (seguridad, dinero, amistad) con un producto que nada tiene que ver con dicho concepto. Tu mente lo crea. Son muy buenos en conseguirlo. Si quieres cuidar tu mente igual que haces con tu cuerpo, apaga la televisión, huye de la publicidad.

Cientos de rutas

No por el hecho de haber invertido tiempo en algo, nos obliga a seguir atrapados él de por vida.

¿No ocurre igual con las personas que en un momento dado están a nuestro lado?

No estamos enjaulados en un camino determinado.

La vida es una ruta abierta de opciones. Las señales que apuntan a cada dirección no están ahí por siempre.

Unas direcciones aparecen y otras se borran.

Es como un cruce de caminos en los que las ciudades y los kilómetros cambian.

El cubículo “best performance”

Para mi fueron años en los que por una lado sabía que no me sentía a gusto, pero por otro lado no sabía exactamente lo que quería. Así pasaron los años literalmente pudriéndome en un cubículo.

Lo paradójico es que era bueno en lo que hacía, de hecho me llegaron a entregar un premio del departamento a “best performance”.

Me sentía ridículo, todo me parecía un sinsentido.

Mi autoestima seguía bajando, incluso con premios.

 

Fue una lección más: el hecho de hacer bien o no nuestro trabajo no es la variable que debemos considerar para determinar el camino a seguir.

Los únicos premios que merecen la pena llegan cuando nuestro esfuerzo está alineado con nuestros principios.

Dicho de otra forma: puedes ser el experto number one en un tema concreto porque te ha llevado años conseguirlo y ser una eminencia.

También puede que te llene cero. Esa es la realidad por la que mucha gente se siente vacía con lo que hace, y que todos hemos experimentado en repetidas veces.

Ser bueno en algo no es motivo para que no te debas replantear si es realmente lo que quieres, y cambies de ruta.

Y del otro lado: puedes ser inicialmente torpe en un tema, no es razón para que abandones si tienes claro que eso es lo que tu sana ambición y tu intuición te lo piden.

Tienes muchas probabilidades de triunfar en aquello que te propongas si lo tienes claro y actúas con pasión, independientemente que parezca que “eso no es lo tuyo “ inicialmente.

Eso no es lo mío

De hecho eso es lo que me ocurrió. La frase “eso no es lo mío” es una etiqueta lanzada con una flecha envenenada.

Yo lo veo como una forma cruel de limitar las posibilidades a una persona.

A mi me colocaron el sambenito que yo no valía para el mundo comercial, igualmente me colocaron muchas otras para las que “no valía”.

 

Mis padres ya tenían otra artista en la familia, otros eran abogados… para ellos yo era el técnico, el ingeniero.

Durante años me dediqué al mundo más técnico de la ingeniería a pesar de pudrirme, porque creía que eso era lo mío, y lo demás no encajaba.

 

Hasta que un día decidí salir de allí y pasar al mundo comercial.

Abrí los ojos y descubrí una puerta que se me abría llena de temas infinitamente más interesantes que lo que hacía antes, me parecía un mundo con luz y divertido, apasionante y cercano a la realidad y a las personas.

 

Por supuesto todo el mundo pensó que estaba loco y que cometía un error.

Ha sido sin duda la decisión profesional más importante que tomé y lo hice con todos en contra. La historia se repitió más veces con otras decisiones similares.

Decisiones

Cada vez que he tomado decisiones siendo indiferente a las críticas, en un alto porcentaje ha sido lo correcto.

Eso no quiere decir que haya que tomar decisiones para llevar la contraria. De hecho si lo haces así implica que sigues influenciado por ellos: estarás actuando igualmente a su merced.

10 motivos para creer que SI puedes

  1. Lo que importa es ser independiente. Escuchar a los demás, pero tomar decisiones sin permitir ser influenciados.
  2. Nunca dejes de tomar una decisión por que creas que “eso no es lo tuyo”. No importa quien te haya colocado la etiqueta, y bien puede que lo hiciera tu “yo pasado”.
  3. Mira bien y piensa si es un cartel que te has colocado y que otros te han colocado.
  4. Nunca es tarde para cambiar de ruta.
  5. Hagas lo que hagas e independientemente del esfuerzo que hayas hecho. Plantéate si eres feliz, si lo que hace te llena.
  6. No tomes una decisión de quedarte parado por ser bueno en lo que haces si realmente te estás pudriendo. Pero tampoco tires la toalla por sentirte torpe al principio, si es lo que realmente quieres de verdad.
  7. Busca el equilibrio. A veces no estás haciendo exactamente lo que más te gustaría, pero puedes ser una buena situación temporal para conseguir recursos y medios materiales para prepararte para tu siguiente etapa.
  8. Las personas cambian. Tu cambias, incluso radicalmente. Acepta que tu vida no debe girar en torno a decisiones laborales que hayas tomado años atrás.
  9. Debes reinventarte y perseguir tu sueño. Nadie más lo va a hacer por ti.
  10. No escuches más a tu “yo del pasado”. Es muy probable que él ya no te conozca de nada.